Respetemos el Derecho a la Identidad de Carlos Gardel
Por Martina Iñiguez
Dos veces al año, el 24 de junio y el 11 de diciembre, gardelianos de diferentes rincones del mundo rinden homenaje a Carlos Gardel al pie del Mausoleo que guarda sus restos y los de Bertha Gardes, su madre de crianza.
Algunos gardelianos saben que Manuel de Llano fue el creador del “Bronce que sonríe”, la gloriosa estatua de Gardel que domina el mausoleo en Chacarita y prácticamente ha tomado vida propia. Lo que muy pocos saben es que en realidad Manuel de Llano estuvo encargado de diseñar el mausoleo entero, ya que era el hombre que representaba a la "Comisión de Homenaje a Gardel" frente a la empresa constructora contratada.
También es el autor de la otra estatua, la mujer con el arpa que representa a Euterpe, musa griega de la música, que yace en cuclillas, cabizbaja, apoyada sobre una lira rota, símbolo de la pérdida irreparable que significó la muerte de Gardel para el mundo del tango, y de dos de las placas más bonitas y emblemáticas, las que Doña Berta y Armando Defino le dedicaron al artista fallecido.
Podría afirmarse que el mausoleo de Carlos Gardel entero, inaugurado en diciembre de 1937, fue obra de Manuel de Llano. Lo sorprendente es que, a partir de ahí, el prestigioso escultor desaparece de la memoria gardeliana, a pesar de que en Mar del Plata llegó a ser muy conocido y siguió viviendo hasta 1994.
Cabe preguntarse entonces por qué se sabe tan poco del genial realizador de las dos piezas escultóricas que configuran, propiamente, el núcleo monumental del sepulcro.
En entrevista que le fuera realizada por Cesar Fratantoni, en Los Angeles, California, a su hijo Alberto de Llano, exitoso bailarín de tango retirado y quizás la única persona que puede dar detalles no solo sobre de la construcción del mausoleo, sino de todo lo que vino después, éste mencionó haber podido ingresar solo una vez a la bóveda, de niño, ya que un día, alrededor de 1953, su padre volvió muy enojado de una reunión de la Comisión y poco después se enteró de que había entregado la copia de la llave del Mausoleo que le había pertenecido hasta ese momento.
Oscar Andrés De Masi, autor del libro “La última esquina de Carlos Gardel", es el realizador del primer estudio enteramente dedicado al mausoleo en todos sus abordajes: histórico, estético, patrimonial y devocional y menciona su deseo de “reparar una injusta omisión, no sólo en la bibliografía gardeliana sino en los repertorios del arte argentino contemporáneo”. Lo sorprende “el escaso conocimiento acerca del autor de las dos piezas escultóricas que configuran, propiamente, el núcleo monumental del sepulcro”. Obras ejecutadas por un talentosísimo escultor marplatense, cuyo nombre apenas si se menciona (y, en todo caso, siempre asociado al mausoleo de Gardel). Esta virtual ausencia de De Llano en los anales de la plástica argentina merece, a su juicio, una pronta corrección.
Cabe preguntarse si el enojo con la Comisión del que habla su hijo no se debió a que los miembros de la misma se molestaron mucho al descubrir que la cinta o malla con una medalla que De Llano colocó entre los dedos de la mano derecha de Gardel era la revelación del verdadero origen del cantor y la exteriorización de su desacuerdo con el fraude que pretendía convertir al cantor en el hijo francés de Bertha Gardes.
Sabido es que la trágica y prematura muerte de Carlos Gardel ocurrió en Medellín, Colombia, el 24 de junio de 1935, cuando el artista se aprestaba a continuar una gira por países de Centroamérica y los Estados Unidos.
El jueves 27 de junio, un par de días después del suceso, el diario “El Debate” de Montevideo anunciaba: “Nuestro gobierno repatriará los restos”.
Ese mismo día, Armando Defino, a las 9.30 de la mañana, llegó a las oficinas de la All América Cables, acompañado por uno de los redactores del diario Crítica de Buenos Aires para comunicarse con la “madre” de Gardel y “expresarle la condolencia del pueblo porteño por la trágica muerte de su inolvidable y famoso hijo, y para hacerle saber la iniciativa de Crítica, referente a la repatriación de los restos del cantante fallecido”.
Allí mismo y delante del periodismo, Defino finge que la repatriación de los restos a Buenos Aires es propuesta por doña Bertha, a quien presenta como “madre biológica” del cantor desaparecido. Repatriación que fue encarada, de un lado, por el gobierno uruguayo, mientras que en Argentina, el astuto ex apoderado (sus atribuciones terminaron en el mismo momento en que Gardel murió) recurrió a una maniobra mediática para impedirlo.
Puesta ésta en marcha, descolocó al gobierno del Dr. Gabriel Terra.
Lo cierto es que, al telefonear a doña Bertha, él ya había decidido por sí mismo los pasos a seguir. Antes de que se enfriaran los restos del avión, ya estaba mandando telegramas a Bogotá diciéndolo francés para impedir que se difundiera su origen uruguayo y ya había reservado pasaje en el Masilia para viajar a Francia con la intención de instruir a Bertha Gardes, madre de crianza del cantor, sobre lo que ésta debería decir al llegar a Buenos Aires. Lo prueban las notas aparecidas en "La Depêche de Toulouse" de los días 26 y 27 de Junio de 1935, publicadas por Georges Galopa en su libro "Controversia y punto final", en el que comparte la autoría con Monique de Saint Blancat y Juan Carlos Esteban.
Bertha Gardes se hallaba en Toulouse, Francia, desde el año 1921. En esa comunicación, Defino le solicita el inmediato envío de un telegrama en el que exprese su deseo de que el lugar de la sepultura fuera Buenos Aires, orden que fue inmediatamente cumplida. El texto del mismo decía: "Estoy conforme que Ud. gestione en mi nombre que restos de mi hijo Carlos sean repatriados a Buenos Aires. Cariños, Bertha".
Defino cubrió entonces un penoso periplo que comenzó cuando trajo desde Francia a doña Bertha, para meses más tarde retirar los restos de Gardel en Colombia, llevarlos a Nueva York y de ahí a Buenos Aires, previas paradas en Río de Janeiro y Montevideo.
Estos trámites y sus costos fueron consignados en el libro de su autoría "Carlos Gardel, la verdad de una vida". Allí también aparece información relativa al "mausoleo", como se lo llama. Es de destacarse que, llegado el barco que traía a la madre de Gardel al puerto de Montevideo, Defino debió aclarar ante un grupo de periodistas uruguayos, las razones de la sepultura en Buenos Aires, poniendo de manifiesto la temprana discusión del asunto. Les dijo: "La madre de Carlos Gardel ha sabido que a raíz de la muerte de su hijo se suscitaron algunos movimientos de opinión acerca del país en que deberán descansar los restos, y desea hacerles saber a todos ustedes, representantes de la prensa de este país, que ha resuelto que sea en Buenos Aires. Sin dejar de reconocer el acendrado cariño que su hijo sentía por el Uruguay, cree que sus restos deben quedar allí donde vivieron juntos tantos años".
La caja especialmente acondicionada conteniendo los restos de Gardel es descendida del vapor "Pan América" en el puerto de Buenos Aires, el 5 de febrero de 1936. Y ello se debería a una cuestión de índole sentimental: Carlos vivió en Buenos Aires la mayor parte de su vida. Allí centralizó sus negocios, sus medios de vida, instaló en Buenos Aires su residencia fija.
Se percibe en la obra de Defino un insistente afán de exhibir transparencia en el manejo financiero de los asuntos de Gardel. Ello hace presumir que los comentarios insidiosos debieron haberse reiterado. Julián y Osvaldo Barsky concluyen que la construcción del mausoleo fue una de las pocas concreciones post-mortem de Gardel que las disputas por lucrar con su memoria no llegaron a frustrar.
Inmediatamente, se formó una Comisión de “Homenaje a Gardel” que se centraba en la repatriación de los restos del ídolo y la organización de sus funerales. De este modo, cumplido el propósito de esta última en febrero de 1936, los miembros más activos de la Comisión de Homenaje consideraron viable avanzar un paso más y trabajar sobre el mausoleo que, como señaló Simon Collier, "era inevitable erigir una tumba permanente y un monumento apropiado".
Con esta finalidad, la Comisión de Homenaje organizó una subcomisión de doce personas —Defino era nuevamente la figura clave— para adquirir el terreno y encargar el monumento. Uno de los colaboradores más asiduos de Defino era, en este momento, el siempre fiel chófer Antonio Sumaje, apodado Aviador; juntos acudieron a la Municipalidad de Buenos Aires, que el 15 de diciembre de 1936 otorgó a la comisión un terreno doble en el cementerio de la Chacarita.
Los esfuerzos para organizar una colecta pública quedaron frustrados por infundados pero alarmantes rumores de deshonestidad. Defino puso fin a la colecta y el mausoleo y el monumento se pagaron ante todo con los bienes de Gardel, es decir, de doña Berta. Se había construido, y pagado, un adecuado mausoleo.
Naturalmente, el operativo de repatriación de los restos no fue nada sencillo, dadas las circunstancias del accidente, las distancias y principalmente el hecho de que, cuando muere Gardel, Berta Gardes no tenía ningún vínculo jurídico con él, en consecuencia, ningún derecho legal a decidir qué hacer con el cuerpo del cantor.
Defino necesitaba tiempo para que el Juez Abella dictara una resolución que declarara heredera a Berta Gardes. A ese fin dejaron en sus manos los elementos indispensables para abrir la Sucesión, el 31 de marzo de 1936, Folio N° 3462, caratulado Carlos Romualdo Gardes, Carlos Gardes o Gardel.
El juicio estaba todavía en trámite en Noviembre de 1936, cuando Francia reconoce la filiación de Berta con Charles Romuald Gardes (no con el uruguayo-argentino Carlos Gardel).
Tenemos entonces que, a partir de diciembre de 1936 hasta que De Llano culminó la construcción del monumento, fue testigo involuntario, pero observador imparcial de la impaciencia de Defino por consolidar a Berta como madre de Carlos Gardel y su temor de que la causa fuera archivada por falta de mérito. No había elementos probatorios de peso, la historia era incongruente. Tampoco había posibilidad de cambiarse la identidad a través de un testamento. No es el instrumento legal para eso. Menos aún anular una declaración oficial certificada por otro país. Los testigos se contradecían y no eran imparciales, estaban complicados y se les venía la noche encima.
Defino opta entonces por presionar a la justicia a través de una muy activa campaña mediática llevada a cabo a través desde el diario Crítica y paralelamente en la revista La Canción Moderna de febrero, junio y julio de 1936, es decir, cuando Berta todavía no había sido declarada heredera. Difunden también un video guionado en el que Defino usa a la doliente madre y se lo escucha soplarle que debía decir que le llevaba “el matecito a la cama”.
El alivio para Defino llega recién el 14 de abril de 1937 cuando el Juez J. Abella se expide en estos términos: “Sin Perjuicio de la sección otorgada a favor del Sr. Máximo ARANA, DECLARASE HEREDERA DEL CAUSANTE CARLOS GARDES A SU MADRE BERTHA GARDES. (CARÁTULA No 2908)”.
Resolución posible gracias a que fue presentada el acta de nacimiento de Charles Romuald Gardes, pero ocultada la documentación jurídicamente legítima de Carlos Gardel.
Los miembros de la comisión entonces trasladaron el ataúd desde el Panteón de los Artistas, y el domingo 7 de noviembre de 1937 otra gran multitud se reunió en La Chacarita para la solemne inauguración del nuevo mausoleo. Doña Berta estaba allí, comprensiblemente incapaz de contener las lágrimas. Como era de esperar, hubo varios discursos del tipo habitual, uno de ellos por Francisco Canaro, quien descubrió la famosa estatua de bronce que desde entonces se yergue allí. Muestra a Carlos Gardel en smoking, en una pose airosa confiada y sonriente: es en verdad, como a veces dicen los porteños, "El bronce que sonríe”.
EL MONUMENTO A GARDEL
Sobre el plinto, en un pequeño escabel ortogonal escalonado de aire art-decó, se ubica una escultura de bronce negro, obra del escultor argentino Manuel Alejandro De Llano. Ella reproduce a Gardel de cuerpo entero en pose que los porteños llamarían "canchera", con la pierna izquierda levemente flexionada, vestido de smoking, la mano izquierda metida en un bolsillo del pantalón y la derecha*, que al sostener un pequeño objeto que se compone de una malla o cinta y remata en una medalla con una efigie de perfil deja un espacio entre sus dedos.
El objeto suele pasar inadvertido, pero es ya costumbre de los devotos gardelianos que visitan el lugar, colocar cigarrillos encendidos entre ellos, lo cual solapa aún más este elemento, del que durante casi 90 años no se analizó lo suficiente.
Si analizamos el dibujo de la malla, comprobaremos su similitud con las figuras geométricas que los indios charrúas a menudo utilizaban en textiles, cerámicas o arte corporal sirviendo como marcas de identidad o pertenencia, donde cada diseño podría identificar una familia, comunidad o región.
Este elemento solo puede significar que De Llano, testigo de las dudas generadas inmediatamente después de la muerte del cantor sobre su verdadera filiación, -inexistente con respecto a Bertha Gardes- que lo decía su hijo francés y en flagrante contradicción con la nacionalidad uruguaya expresada voluntariamente por el astro en toda su documentación obtenida bajo juramento de Ley, se dio cuenta de que se estaba realizando una suplantación de persona y se permitió burlarse de la maniobra fraudulenta indicando a través de una cinta que colocó en la mano derecha de Carlos Gardel, con un dibujo característico de los pueblos charrúas y una medalla en la que se distingue el perfil de un indio, que el cantor era originario del pueblo que en sus actuaciones deportivas internacionales se identificaba como charrúa.
Así conectó De Llano a Carlos Gardel con su tierra natal, Tacuarembó. Cabe suponer que el detalle de la medalla con un perfil que parece el de un charrúa fue un homenaje de De Llano a una figura que trasciende fronteras y que, en este caso, está particularmente vinculada con el pueblo uruguayo.
El dibujo del charrúa realizado por De Llano presenta un perfil muy similar, si no idéntico, al que aparece en la escultura en homenaje a los últimos charrúas, obra de los escultores Edmundo Prati, Gervasio Furest y Enrique Lussich. Esta escultura, ubicada en el Parque del Prado, Montevideo, Uruguay, fue inaugurada en 1938, coincidiendo con el periodo en el que se estaba elaborando la escultura de Gardel.
En el monumento a los charrúas, se representa al chamán Senaqué, sentado a la izquierda, sosteniendo un mate en su mano derecha. Detrás de él, de pie, se encuentra el cacique Vaimaca Pirúnota; a su lado, Guyunusa está sentada con un niño en su regazo, mientras que delante de ella se encuentra su pareja, Tacuabé.
El perfil del indígena representado en la escultura de Gardel podría corresponder al cacique Tacuabé, también conocido como Tacuare. El nombre de esta tribu dio origen al topónimo Tacuarembó, el cual se asocia al lugar de nacimiento de Gardel.
Estos cuatro charrúas fueron llevados a París el 11 de noviembre de 1833 por François Curel, donde fueron exhibidos como una atracción circense. Tacuabé, además, poseía un instrumento musical, lo que refuerza su vínculo con Gardel. Es probable que este detalle haya motivado al escultor a utilizarlo como modelo, estableciendo un paralelismo entre ambos: así como Tacuabé fue llevado a Francia, Gardel también ahora era “secuestrado” o “hecho prisionero” por Francia.
En Francia, Tacuabé fue rebautizado como Jean Soulassol. Según se dice, escapó junto a la hija de Guyunusa. Documentos hallados en 2012 indican que la niña, Caroline Tacouavé, murió de tuberculosis al igual que su madre, mientras que Tacuabé habría logrado integrarse en la sociedad francesa, viviendo hasta una avanzada edad.
Es probable que este trasfondo también impactara a Del Llano, dado que su obra parece dialogar con el homenaje a los charrúas y es muy posible que conociera este proyecto en detalle, e incluso hubiera colaborado en él.
Cabe mencionar que se conserva el molde preliminar de yeso de la escultura de Gardel, en el cual se confirma que el escultor había planificado desde el principio incluir la cinta distintiva. En esta obra, la mano derecha adquiere especial protagonismo, lo que explica por qué los devotos suelen colocar un cigarrillo entre sus dedos en los homenajes al cantante.
El simbolismo de la MANO DERECHA en el monumento a Gardel de Manuel De Llano.
La mano era simbólica en el mundo antiguo. Se creía que con ella se confería gracia o se pronunciaba castigo. Además, la mano derecha representaba la autoridad de un individuo, el instrumento para llevar a cabo las intenciones de una persona.
En el ámbito cristiano la mano “derecha” de Dios (Dextera Domini en latín) tiene iversas significaciones: indica protección divina, también legitimación de un poder o bien un testimonio cualquiera.
En las creencias populares, así como en la mayoría de las religiones, el lado derecho es considerado como el mejor y como aquel que trae la buena suerte.
Desde la antigüedad, el brazo derecho, que es el que porta las armas, se consideraba como símbolo de la fuerza, el poderío y del éxito.
En la Biblia, estar a la derecha “es ser identificado como estar en el lugar especial de honor”. Jesucristo se representa varias veces en la Biblia como sentado a la mano derecha de Dios el Padre por toda la eternidad. Así dijo el Señor a mi Señor: “Siéntate a mi derecha HASTA QUE PONGA A TUS ENEMIGOS POR ESTRADO DE TUS PIES”. Salmo 110:1
Al crear el monumento De Llano le dio a Gardel la posibilidad de mostrar al mundo, a través de su mano derecha, lo que quienes lo traicionaron querían esconder: SU ORIGEN URUGUAYO.
¡Genial mensaje subliminal del escultor que puso entre sus dedos un símbolo de la cultura CHARRÚA de la zona donde Carlos Gardel nació!