Respetemos el Derecho a la Identidad de Carlos Gardel
Por Martina Iñiguez, 14/07/2014
Desde que el diario "Página 12", 12/11/2012, diera a conocer, a través del periodista Raúl Kollman, que fue hallado un prontuario de Carlos Gardel de 1915, en una de cuyas fojas se menciona que "el causante es conocido con el apodo de “El Pive Carlitos” y está sindicado como estafador por medio del cuento del tío”, muchas otras publicaciones se han hecho eco de esta información con fines evidentemente sensacionalistas.
Prontuario cuya existencia siempre se mencionaba pero que del cual se decía que había sido destruído por orden del presidente Marcelo T. de Alvear. Felizmente, la orden no fue cumplida y pudimos acceder a él.
El diario "El País", del 13 de julio de 2014, en nota titulada "Qué lindo prontuario tenía Gardel", informa ahora que el documento fue adquirido por la Intendencia de Tacuarembó, pero tambien soslayando la verdadera significación de las siguientes palabras:
a) SINDICAR: "v. tr. Asociar a una persona con otras que tienen sus mismos intereses laborales para formar un sindicato"
b) PRONTUARIO: "Del latín promptuarĭum (“despensa”), prontuario es una anotación o resumen que se realiza de algo con el fin de tener ciertas cosas presentes cuando se necesiten. El prontuario puede ser un registro personal o una publicación que recoge los aspectos principales de un asunto, permitiendo una consulta rápida y sencilla" ,
c) y PIVE: escrito con uve, proveniente del genovés, significa "aprendiz", o "muchacho de los mandados" de un artesano o comerciante.
En la jerga policial, el término “pive” refiere específicamente a "aprendiz de un oficio” o "campana". Es decir que la Policía, al "SINDICAR" a Gardel con el alias “El pive Carlitos”, lo definía como compañero "novato" o "inexperto" en asuntos delictivos, porque no registraba “antecedentes judiciales”.
En consecuencia, el título correspondiente a "Gardel Carlos, El "Pive" Carlitos", que figura en la carátula del Prontuario Policial N° 25310 de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, Comisaría de Investigaciones, fechado en La Plata en agosto 14 de 1915, tenía su razón de ser:
Para analizar correctamente la importancia de este prontuario que fue incorporado al patrimonio del Museo Carlos Gardel de Tacuarembó, es indispensable también reproducir lo que dice la contratapa del mismo:
“La policía, para poder desempeñar con éxito su alta misión social, necesita indispensablemente conocer a las personas que constituyen el medio en que ha de ejercitar su acción. Las buenas y también las malas, para poner al servicio de sus derechos todo su esfuerzo y todo su celo, sin excepciones – como obra la verdadera justicia. Y a las malas, o simplemente mal inclinadas para observarlas e impedirles sus atentados y sus errores.
El prontuario está, en este concepto, destinado a establecer ante todo, la existencia de la persona, y luego, todas las generalidades que le son propias y que permiten hacer su distinción de las otras, en sus peculiaridades de carácter físico, psíquico, social, etc.
No es una inscripción infamante, porque, teniendo el propósito del bien, lleva aparejada la razón de su existencia.
Si toda la población se diese cuenta del beneficio que para ella significa, tanto colectiva como individualmente, su conocimiento por la autoridad que tiene el deber de custodiar y defender su vida y su bienestar – no habría hombre de bien que no acudiese espontáneo y presuroso a ofrecer su identidad.
El prontuario, en consecuencia, es para la policía, un documento oficial y reservado, sus noticias son sagradas y están amparadas por las leyes penales y por las sanciones morales que castigan la revelación de secreto y la difamación.
Está confiado a la honradez y a la conciencia del empleado que por la razón de su cargo debe manejarlo.
José G. Rossi
Autor del sistema de prontuario"
La Cédula de Identidad Policial fue una iniciativa del comisario José Gregorio Rossi quien la instrumentó a partir del 24 de abril de 1907, correspondiéndole a él la Cédula n°1. Este documento, aunque sólo acreditaba identidad se impuso rápidamente pues se le consideró también como testimonio de buena conducta. No se otorgaba a personas con malos antecedentes.
Para entender la situación vivida por el cantor, es indispensable situarse en la época de la ciudad que era llamada entonces la Reina del Plata, aunque no todo en ese “reinado” era prosperidad.
El volumen de la inmigración, constante desde mediados del siglo XIX hasta finalizado el primer cuarto del XX, significó en términos demográficos que la población argentina se duplicara cada veinte años. Esto provocó que la fisonomía de la ciudad comenzara a cambiar.
Las clases obreras no gozaban de beneficios sociales y vivían hacinadas en conventillos o pensiones deplorables.
En el conventillo se mezclaba gente de todos los idiomas y nacionalidades, principalmente españoles, italianos, judíos y árabes. De este modo, la inmigración fue produciendo una hibridez lingüística, cultural, social y política, que fue la cuna para la cultura popular, expresada en el tango y los sainetes, por escritores tales como Alberto Vaccarezza, Armando Discépolo o Roberto Arlt, entre otros, quienes representaron en sus textos las diferentes voces de los nuevos actores en la ciudad.
La inmigración francesa se repartió en la ciudad de Buenos Aires de acuerdo con la especialización profesional, concentrándose en algunos barrios como el Socorro, alrededor de la plaza San Martín, el puerto y las estaciones, donde existían hoteles, cafés y restaurantes que los empleaban como cocineros y mucamos. En los prostíbulos creció la fama de las mujeres francesas, mientras que otras se empleaban de vendedoras, modistas o de institutrices en las familias de clase alta. Las planchadoras eran muy requeridas, en especial en la zona cercana a los teatros y la ópera, donde los actores y cantantes solicitaban esos servicios.
Carlitos Gardel, además de haber crecido en un ambiente marginal, por su afición al canto frecuentaba comités, cafetines y bodegones en los que alternaba con punteros políticos, prostitutas, proxenetas y gente de avería. No es de sorprender entonces que pudiera verse mezclado en riñas de compadritos y situaciones comprometidas aún sin ser participante activo de actos delictivos. Casos en que la policía detenía a todos los presuntos involucrados en averiguación de antecedentes.
Las clases dominantes comenzaron a observar este fenómeno como “la mala inmigración” y ante este “caos” social se esforzaron para ejercer el control y la disciplina.
En 1884 se sancionó la Ley de Educación Común (ley 1420), donde se establecía la obligatoriedad de la enseñanza primaria.
La escuela a la que pudieron concurrir los hijos de los inmigrantes fue entonces una máquina cultural ciudadanizadora que produjo un proceso acelerado de alfabetización, lo cual significó la constitución de un nuevo público y la consecuente aparición de la cultura de masas.
A los pocos años de sancionada la Ley de Educación, se dictó la Ley de Registro Civil y Matrimonio Civil. A partir de estas leyes, el Estado tomó posesión del nacimiento, del matrimonio y de la muerte de todos los sujetos.
Paralelamente, aparecieron también las operaciones represivas especialmente ante la amenaza que representaban algunos trabajadores extranjeros que comenzaban a organizarse bajo ideales anarquistas o socialistas.
La Ley de Residencia o Ley Cané (1902) autorizaba al gobierno a expulsar a los extranjeros “cuya conducta comprometa la seguridad nacional o perturbe el orden público”.
La eventualidad de una deportación -en el caso de que Gardel fuese francés o uruguayo, debía encuadrarse, forzosamente, en alguno de los supuestos legales vigentes entonces. Desde el 30 de junio de 1910 regía en el país la ley 7029 de Residencia de Extranjeros llamada también ley de defensa social sustitutiva de la 4144. Ésta, conocida genéricamente como Ley de Residencia había sido promulgada el 23 de noviembre de 1902 con motivo de una huelga de estibadores. El 30 de junio de 1910 se la sustituyó por la 7029.
Ambas leyes, además de impedir que las personas comprendidas en sus disposiciones obtuvieran carta de ciudadanía argentina, ponían en manos del Poder Ejecutivo la expulsión de los extranjeros condenados o perseguidos por crímenes o delitos comunes y de aquellos que perturbaren el orden público o cuyas conductas alterasen el orden social. También prohibían la entrada al país de los condenados por delitos comunes, los anarquistas y los que propiciaren la utilización de la violencia.
Aquí cabe aclarar, que si Carlos Gardel hubiera sido Charles Romuald Gardes, el hijo francés de Berta Gardes, no hubiera tenido inconvenientes para documentarse legalmente ni obtener la ciudadanía argentina después del 11 de diciembre de 1911, porque no tenía antecedentes delictivos de ningún tipo. Con naturalizarse argentino en ese momento, hubiera quedado definitivamente libre de obligaciones militares para con Francia(*).
Diferente era el caso del cantor Carlos Gardel. Su condición de “indocumentado” le impedía adquirir la ciudadanía argentina.
Es por eso que, en 1902, el cantor en ciernes intenta una primera suplantación de identidad en Montevideo presentando el acta de bautismo de su medio hermano Carlos Escayola, hijo legítimo del Coronel Carlos Escayola y de la que fuera su segunda esposa Blanca Oliva, para obtener una valota que le permitiera trabajar un tiempo con esa identidad, como cochero de los Baldasarre en Buenos Aires.
En 1904, fue detenido en Florencio Varela, por “fuga del hogar”. En esa ocasión usurpó la identidad del hijo de Berta Gardes, pero algunas de las informaciones brindadas contradecían las que hubieran correspondido al francesito de Toulouse. Se dijo francés, nacido en Tolosa, le consignaron una edad "aparente" de 14 años (Charles Romuald Gardes tenía 13), dijo haber llegado a Buenos Aires en 1891 (el francesito llegó en 1893). Se dijo de oficio tipógrafo (De hecho trabajaba en la imprenta Cúneo donde se imprimía “El Heraldo” en tanto Charles Romuald, según la versión francesista, era estudiante pupilo en el Colegio San Estanislao). Lo retiró de la comisaría un presunto "padre", cuya firma es ilegible (Sabemos que no tenía padre conocido).
Existe un Primer Prontuario Oficial de la Policía de la Capital Federal de Carlos Gardel de 1913, cuya carátula lleva el Nº 35.
Actualmente es propiedad de Norberto I. Regueira, según información publicada por Juan Carlos Esteban en el Libro de Visitas de la página "Gomías y Gotán" de Héctor Patrignani, que fuera hackeada poco después de esta publicación.
La información que dice "está en resguardo en el Museo Policial, Caja de Hierro 09", es FALSA. Su director, Sr. Eugenio Zappietro, nos afirmó categóricamente que lo único existente desde que él asumió la dirección de ese Museo, hace más de 20 años, es una "copia" de la denuncia de Berta Gardes.
En el folio 2 del importante expediente, caratulado a nombre de Carlos Gardel en todas sus fojas, se observan su firma y huellas digitales.
Con fecha 31 de Enero de 1913, se registra una denuncia por “desaparición de su hijo” hecha por Bertha Gardes.
Vemos que figura en el expediente que “Carlos Gardes, francés: 22 años (el joven que requería Berta) no figura con captura recomendada “existiendo con el nombre de Garderes el prontuario a15861 CA.
En la carátula de este prontuario figura el nº de expediente 55.223.
En consecuencia, en este expediente se relacionaba al joven que vivía con Berta Gardes en Corrientes 1557, con quien en 1907, tenía también prontuario en Montevideo, registrado como Carlos Garderes, oriental, de 20 años de edad en 1907, es decir, nacido en 1887.
Enrique Espina Rawson informa en la revista Gente, que en ese prontuario “Figuran dos entradas por “averiguación de antecedentes y ningún delito”.
Sea como fuere, la falsedad documental se produjo mucho antes del estallido de la guerra de 1914, lo que invalida de plano la excusa esgrimida por la historia oficial de que Carlos Gardel temía ser declarado “desertor” por las autoridades francesas.
Finalmente, hemos podido acceder a otro prontuario de 1915, en la que el cantor aparece como “argentino, nacido en La Plata en 1887”.
La carátula dice: Gardel Carlos, “El Pive Carlitos".
La policía consignó los siguientes datos en la actuación:
“Carlos Gardel, natural de la R. Argentina, nacido en La Plata, Provincia de Buenos Aires, el 11 de diciembre de 1887, hijo de Carlos Gardel y de Berta Gardel, de estado civil S(soltero), de profesión empleado, quien si lee y escribe y domiciliado en La Plata calle 2 N° 1013 y que adjunta fe de bautismo y libreta de enrolamiento.”
El trámite fue iniciado el 14 de agosto de 1915. Declara entonces la misma fecha de nacimiento y los mismos padres que cuando concurrió, cinco años más tarde, en 1920, al Consulado General de la República Oriental del Uruguay en la Argentina para asentar en el Registro de Nacionalidad uruguaya página 902, No 10.052, que había nacido en Tacuarembó, Uruguay.
Logró este documento a través de contactos de comités políticos de la época relacionados con autoridades policiales, entre ellos Cristino Benavídez, jefe de la policía de la Plata quien le salió de testigo.
La Cédula de Identidad solicitada le fue entregada el 15 de agosto, según consta en el documento. Esta cédula, era legal pero no legítima, porque correspondía a un Carlos Gardel inexistente. Para su expedición se afirmaba que esta persona había presentado su Fe de Bautismo y su Libreta de Enrolamiento, documentos que no habían existido nunca.
Sin embargo, la Cédula le permite embarcarse sin inconvenientes a Brasil el 17 de agosto en el buque Infanta Isabel.
El prontuario de “El Pive Carlitos” constituye una prueba incontrastable de que Gardel, antes de obtener su documentación legal en 1920, no tuvo ninguna otra identidad jurídica oficial legítima, además de probar que cuando fue registrado en Montevideo como Carlos Garderes, en 1907, ya se decía nacido en 1887, lo que descalifica la presunción de que temía ser reclutado por Francia para pelear en la guerra de 1914.
Que en una de las fojas del prontuario figure que “El causante es conocido con el apodo de “El Pive Carlitos” y está sindicado como estafador por medio del cuento del tío”, sólo indica que podría haber sido encontrado en compañía de algún famoso “cuentero” como Andrés Cepeda, a quien llamaban "El divino poeta de la prisión", mote ganado por sus reiteradas estadías en cárceles y comisarías, donde escribió la mayoría de sus obras, varias con los seudónimos de Andrés Romero y Manuel Gonzáles, de quien Gardel grabó el estilo “El poncho del olvido” (Me dejaste), con música de Osmán Pérez Freire.
Desde que “El Pive Carlitos” fuera mencionado como tal en un prontuario, a comienzos del siglo XX, hasta que comenzó a ser conocido como cantor, mucha agua corrió bajo bajo los puentes.
Intentar recuperar la verdadera historia de quien creció pobre y sin contención familiar en un mundo en pleno cambio, no significa juzgarlo sino solamente devolverle al mito su verdadera identidad y hacer más admirable que haya transitado los oscuros caminos de la marginalidad sin contaminarse, mostrando siempre una fuerte dependencia a los distintos círculos de amigos o de barras, esparcidos en los cafés y confiterías de los barrios de Buenos Aires y Montevideo, además de Barcelona y París, sacando siempre una sonrisa a sus camaradas con su gran sentido del humor, desplegando una generosidad humanitaria con los más desposeídos e interpretando como nadie los infinitos matices del sentimiento humano.
Mostrando siempre una gran coherencia entre el personaje y la persona, se fue transformando a fuerza de trabajo, disciplina y talento, en el cantor popular más grande de todos los tiempos. Un hombre que se construyó a sí mismo, cuya voz y fuerza interpretativa, ya son parte de lo mejor de la historia de la música rioplatense.
NOTA:
(*) La explicación más clara, concisa y completa sobre las obligaciones militares de Charles Romuald Gardes para con su país de origen, la dio el Sr. François Lasserre -nieto de Paul Lasserre, presunto padre francés de Charles Romuald Gardes-, quien por haber trabajado en el Ministerio de Defensa de Francia, está muy bien informado con respecto a las leyes militares francesas.
"Como súbdito francés emigrado a Argentina, Charles Romuald GARDES hubiera debido ser censado al cumplir 21 años, el 11 de diciembre de 1911 en el Consulado francés de Buenos Aires.
A partir de ese momento pudo elegir entre dos posibilidades:
1) Presentarse en Francia para efectuar su servicio militar durante dos años.
2) Informar, por vía consular, a las autoridades francesas civiles y militares, de su elección definitiva de la nacionalidad argentina, quedando entonces liberado en forma permanente de sus obligaciones militares para con Francia."
Si Gardel hubiera sido el hijo francés de Berta Gardes, no hubiera necesitado esperar hasta tener más de 30 años para documentarse como argentino naturalizado.
Con sólo solicitar su naturalización en 1911, la hubiera obtenido legalmente.
Pensar que en 1912 Gardel prefirió solicitar documentación falsa como argentino nacido en Avellaneda porque temía a la guerra de 1914, es atribuirle sorprendentes dotes de adivinador del futuro, ilegalidad que repite al solicitar nuevamente documentación falsa en 1915, como argentino nacido en La Plata.