Respetemos el Derecho a la Identidad de Carlos Gardel
Comentario de Luciano Londoño López
"GARDEL por González Ruano es una nota editorial escrita por el connotado periodista español CÉSAR GONZALEZ RUANO sobre GARDEL (ABC Madrid sábado 29 de junio de 1935), que se reproduce sin ánimo de lucro en esta página web y sólo con fines didácticos. El texto de González-Ruano es todo un documento y a la vez, una pieza periodística de altísima factura.
Yo recordaba haber leído en las memorias de González Ruano que éste menciona de pasada a Gardel. Por ello busqué en ABC un posible artículo que hubiera escrito el periodista a raíz de la muerte del cantor…, hasta que por fin encontré éste.
Lo interesante no es sólo que nombra a Gardel como nacido en Montevideo, sino que el ejemplo que pone acerca de su triunfo en Buenos Aires, al respecto dice: “Nacido en Montevideo, a Carlos Gardel le crece la patilla de cantador de tangos en Buenos Aires. Es un ejemplo elocuente de la estrella triunfal que le acompañaba, ésa de venir a la Babel del tango a triunfar sobre el tango mismo. (Imaginad a un francés que viniera a ser el primer torero de España)”.
Es un gran hallazgo porque pienso que para el mismo Gardel es un orgullo que un escritor de estos quilates le dedique una nota de opinión póstuma, en un diario de tanto prestigio como ABC, y ello indica también que Gardel no pasó desapercibido en España y que González Ruano debió obtener el dato de su nacionalidad en algún reportaje que le hicieran en esos días, de modo que también se desvanece el infundio francesista de que la teoría uruguaya comenzó a circular después de muerto Gardel.
CÉSAR GONZALEZ RUANO nació en Madrid el 22 de febrero de 1903 y falleció en la misma ciudad el 15 de diciembre de 1965. Fue escritor y periodista.
Los críticos estiman que él fue el Mariano José de Larra del siglo XX. González Ruano fue, ante todo, un gran dominador del género del artículo periodístico, de los cuales escribió más de treinta mil. Su columna de opinión en ABC fue considerada la mejor de España por décadas”.
Luciano Londoño López
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ABC Madrid, sábado 29 de junio de 1935 (página 11)
EL POBRE CARLOS - César González-Ruano
Desde ahora la voz de Carlitos Gardel, en conserva, se oirá en las gramolas del mundo con esa curiosidad compungida con que se mira el retrato del muerto, en que se está aún riendo de la vida, inocente de que se estaba tomando las últimas naranjadas de su existencia. ¡Esos retratos de verbena, en que el más vivo de todos parece ya un muerto!
Me imagino con qué emoción le mirarán ahora sus admiradoras moverse en la pantalla, con aquella sonrisa larga y aquellos ojos estrechos, dando besos póstumos a la mujer de la película, que debería cambiar su expresión sintiendo sobre su hombro desnudo el beso de celuloide de quien ya no puede besar. ¡Atroz documental de sonrisas y de cánticos, en los que el do de pecho empieza a ser ya un do de tórax próximo a mondarse!
La noticia de la trágica muerte de Carlos Gardel, a quien la muerte ha querido llevarse siendo aún Carlitos, es el último tango impresionado de una vida fácil, consagrada por el éxito amable que había coronado a Carlitos Gardel rey del tango.
Como esos capitanes que mueren al frente de su batallón y el batallón les sigue más allá de la vida, entrando en el cielo de la tragedia con mochila y todo, así Carlos Gardel ha muerto al frente de los seis guitarristas argentinos que, acompañándole en el tango del silencio, se han ido para siempre con él a la tournée sin nónima.
Nacido en Montevideo, a Carlos Gardel le crece la patilla de cantador de tangos en Buenos Aires. Es un ejemplo elocuente de la estrella triunfal que le acompañaba, ésa de venir a la Babel del tango a triunfar sobre el tango mismo. (Imaginad a un francés que viniera a ser el primer torero de España).
Tenía Gardel, sobre cualquier otro cantante del mismo género, un estilo personal y un buen gusto característico de aquellos que avanzan seguros por el camino de la intuición. Lo mismo que de las veladas familiares pasó al profesionalismo, sin acabar de tener ese encallecimiento de toda visión que suele acompañar a lo únicamente profesional, saltó del escenario a los estudios de cine, rodando en Joinville aquellas Luces de Buenos Aires, su primera película, donde destacaba sobre tanta vulgaridad, comenzando por la vulgaridad de la letra de sus canciones. Pero no ha de ser como actor de cine como “quede” Gardel. Él vivirá, siquiera en la memoria de nuestra generación, como el gran señorito de los tangos. Como el rey sin corona de ese imperio melancólico del tango, cuya principal grandeza acaso consista en que nunca existió.
En la iglesia de la Candelaria, de Medellín, se han celebrado sus funerales. Los telegramas de las Agencias dicen cómo el féretro de Gardel iba seguido por centenares de mujeres que lloraban desconsoladamente. Fuera ya de todo tango, lágrimas de mujer han sido siempre las que el hombre pensó para regar su sepultura.
Millares de mujeres lloran al hombre fundamental de su superficie, y aunque, efectivamente, todas ellas han ido al teatro—lo cortés no quita lo valiente--, parece que en todos los espectáculos de América del Sur se han guardado en señal de duelo unos minutos de silencio. ¿Puede llegar una asamblea femenina a más?
Al costado de las noticias, nos imaginamos a Carlos Gardel, al frente de seis guitarras rotas, subir mucho más alto que todos los aviones que puedan caer. Así: con la sonrisa larga y los ojos estrechos. “Se va la vida… Se va y no vuelve”.