Microrrelato
VUELAN LOS BUITRES, convertidos en mirlos y acentores; sopla el viento pegajoso, camuflado de brisa fresca; el cielo cautivo y turbio se disfraza de azul cobalto con pompas blancas; y los mosquitos imitan el aleteo de los colibríes.
La imaginación se imbuye de tierras anchas, sin límite impuesto por el mar insular; huye de chumberas autóctonas y de las jergas nativas que con su acento me enervan.
Contemplo los barcos, gentes que vienen y se van; pero yo no puedo moverme. Sueño con grandes urbes, sierras y mesetas, cuando de nuevo me despierto con el crepitar de las hojas, sustentadas por estas ramas que junto a mi tronco bailan. ¡Quién diablos mandó que me implantaran en este lugar!