"A La Orilla Del Agua"
Las centurias posteriores presenciaron un creciente incremento de registros en las crónicas históricas sobre la afluencia de occidentales a China.
El más destacado de ellos fue Marco Polo, famoso viajero italiano, quien dejó para la posteridad su obra Los Viajes de Marco Polo. Algunos relatos de dicho libro sobre China fueron incluso tomados por los hombres de Occidente igual que los cuentos de Las Mil y Una Noches.
En fin de cuentas, hablando de la historia de los intercambios culturales entre China y Occidente, los periodos anteriores a esos días fueron épocas de imaginación y conjeturas. Entre ambas partes prevalecía no más que la curiosidad y la fantasía.
Desde las postrimerías del siglo XVI, debido al avance de la navegación y la consiguiente apertura de la ruta marítima entre Oriente y Occidente, y a medida que llegaban a China cada vez más grupos de misioneros, se sucedieron intensos intercambios directos entre China y Occidente.
El misionero jesuita italiano Matteo Ricci fue un típico ejemplo en el cumplimiento de esta misión de intercomunicación entre China y Occidente. Vino a China en 1582 y falleció en Beijing en 1610.
Durante sus más de 20 años en territorio chino, con la ciencia como un instrumento para su misión evangélica, Ricci despertó gran interés hacia la ciencia en ciertos intelectuales chinos.
Aparte de su misión evangélica, él cumplió dos tareas de trascendencia histórica y simbólica: una fue la traducción con anotaciones en latín de Los Cuatro Libros alrededor del año 1594, y la otra fue la traducción al chino de Los Elementos de Geometría, en colaboración con un erudito chino llamado Xu Guanggi de la dinastía Ming.
La traducción a grandes rasgos de las obras clásicas chinas como Los Cuatro Libros por misioneros occidentales y la publicación de La Descripción Geográfica, Histórica, Cronológica, Política y Física del Imperio de China, escrita por Pere Du Halde's, a tiempo de presentar la imagen de China, divulgaron entre los lectores de Occidente una exótica cultura china, suscitando de este modo una cierta “fiebre china”.
Durante esa etapa no pocos pensadores célebres de Occidente dirigieron su mirada hacia la antigua China. Entre ellos, por ejemplo, el alemán Gottfried Leibniz, exhibió un alto aprecio por la civilización china. El sostenía que algunos aspectos de la cultura china eran parecidos a su concepto, y El Libro de los Cambios coincidía con su sistema binario.
Otros como Hegel mantenían una actitud crítica al respecto y creían que la antigua China no tenía filosofía en sentido propio y en este plano todavía se encontraba en la época de prehistoria filosófica.
Cabe destacar que sean cuales fueran sus actitudes, de admiración o de crítica, de aceptación o de rechazo, es innegable que los intercambios culturales entre Oriente y Occidente han producido influencias fenomenales.
Con la transmisión de las avanzadas ciencias y tecnologías chinas a Occidente, en especial los cuatro grandes inventos chinos, tales como la fabricación de papel, la pólvora, la imprenta y la brújula, cambiaron notablemente la fisonomía del mundo.
Karl Marx dijo: “La explosión de la pólvora china hizo añicos a la clase de caballería; la brújula expandió el mercado mundial y estableció las colonias; y la imprenta se convirtió en un instrumento del protestantismo y en una poderosa palanca destinada a fomentar las necesarias premisas del desarrollo espiritual”.
Roger Bacon, filósofo británico, sentenció que los cuatro inventos chinos modificaron la fisonomía del mundo entero y el estado de todas las cosas.
En el universo ilimitado son frecuentes los flujos y reflujos. Se aglomeran las nieblas y se disipan las nubes. Todos los fenómenos se renuevan.