"A La Orilla Del Agua"
En un periodo de más de mil años, entre los siglos V y XV, China lideró el avance de la civilización mundial e irradió sabiduría a diversos países del planeta.
La humanidad prosigue su avance, pero ¿Puede acaso ignorar a China? ¿Cómo podría dejar de estudiar meticulosamente su historia? La nación china es excelsa.
Históricamente, el país ha resplandecido por su magnífica cultura, orgullosa sabiduría y desarrollo pacífico y próspero, aunque también ha vivido tiempos sombríos y vicisitudes.
Sin embargo, no por eso dejó de avanzar en aras de sus ideales y de nuevos conocimientos, a la vez que procura la paz y la amistad con todos los pueblos.
Confucio, gran pensador antiguo chino, aseveró: “Cuando vamos los tres juntos, seguro que hay alguien que puede enseñarme. Aprenderé sus buenas cualidades y desecharé las defectuosas”.
Las palabras de Confucio instruyen a la gente a aprender de los demás y resumen el principio que el pueblo chino siempre ha mantenido en sus relaciones con el resto del mundo, no solamente en el aspecto individual, sino también en las relaciones entre los Estados.
Después de los conflictos internos durante generaciones, China fue unificada por primera vez por el emperador Qin Shi Huang en el año 221 a.n.e. Pero la dinastía Qin fue efímera y no tuvo tiempo para establecer vínculos con el exterior, lo cual sí desarrolló la posterior dinastía Han, de mayor poderío, para conocer sus entornos.
En el año 138 a.n.e., el emperador Han Wu Di envió a Zhang Qian a la región occidental, actual Asia Central. En su segundo viaje llevó como obsequios diez mil cabezas entre ovejas y reses y una fabulosa cantidad de oro y seda. El contingente llegó incluso más allá de Persia, actual Irán.
En el año 73 n.e., Ban Chao fue enviado también a la región occidental, con 36 subalternos, para entablar amistad con vecinos desconocidos. Una vez en tierras lejanas, Ban Chao mandó a un servidor llamado Gan Ying para continuar el viaje con rumbo al Imperio Romano.
De acuerdo con la crónica de la sección Regiones Occidentales del Libro de Han Posterior, Gan Ying y compañía atravesaron territorios que actualmente pertenecen a Irán, Iraq y Siria, llegando a las costas del Mar Mediterráneo, desde donde pudieron contemplar al otro lado el Gran Imperio Romano.
Fue una verdadera lástima en la historia que Gan Ying detuviese su avance ante la travesía marítima como le aconsejaron otros. Sin embargo, de todo ello se desprenden la inigualable valentía y el vehemente deseo de Zhang Qian, Ban Chao y Gan Ying de entablar vínculos amistosos con otros pueblos.
Más tarde, en la dinastía Tang (618-907), el monje Xuan Zang realizó la peregrinación al “Cielo Oeste”, la India, en busca de las sagradas Escrituras Búdicas.
Fue una expedición repleta de contratiempos y peligros, pero también fructífera, pues del sur de Asia trajo a la antigua China muchos elementos culturales de esa región.
Después de muchos años en la India, Xuan Zang, cargado de sutras budistas, retornó al país y organizó a los entendidos en la materia para traducirlas.
Años más tarde, cuando se perdieron muchas obras budistas en la India, China aún las tenía muy bien conservadas. De no haber sido por la obra de Xuan Zang Recuerdos del Viaje al Oeste en Tiempos de la Gran Dinastía Tang, resultaría difícil hoy para el pueblo indio reconstruir su propia historia de esa época.