"A La Orilla Del Agua"
—No se preocupe, hermano. No necesita devolverla — Shi Jin sacó de su atado una barra de plata de diez onzas y la puso junto al dinero de Lu Da.
El mayor miró a Li Zhong.
—-Usted présteme también algo.
Li Zhong presentó dos onzas de plata.
La exigüidad del aporte molestó a Lu Da.
—Magnánimo ¿no? — resopló, y le alcanzó al anciano las quince onzas de plata —. Esto cubrirá sus gastos de viaje.
Vayan a la posada y empaquen sus cosas — ordenó —: Mañana al amanecer iré a despedirlos.
¡Ay de que el posadero intente detenerlos!
El anciano Jin y su hija le agradecieron, y se marcharon. Lu Da le devolvió a Li Zhong las dos onzas.
Tras acabar las dos nuevas medidas de vino, los tres hombres bajaron.
—Mesonero, te pagaré mañana — dijo Lu Da.
—Siga no más — dijo el dueño de la taberna —. Aquí puede beber al crédito, señor. Nuestro único temor es que no vuelva.
Los tres salieron de la Taberna de la Familia Pan y se separaron. Shi Jin y Li Zhong se dirigieron a sus respectivas posadas.
Lu Da regresó a su alojamiento, cerca de la guarnición, y en su furia se fue a dormir sin haber cenado. Su casero no se atrevió a preguntarle qué sucedía.
El anciano Jin regresó a su posada con las quince onzas de plata.
Dejó a su hija y se dirigió a un lugar distante de las afueras donde alquiló una carreta.
Luego volvió a la posada, empacó sus enseres y canceló las cuentas de alquiler, combustible y arroz.
Sólo quedaba esperar el día siguiente.
La noche transcurrió sin incidentes.
Padre e hija se levantaron al amanecer, encendieron el fuego y prepararon el desayuno.
Cuando terminaron de comer, recogieron sus utensilios. El cielo recién se estaba iluminando cuando Lu Da entró a la posada.
—Muchacho — dijo —, ¿en qué habitación está el anciano Jin?
— Tío Jin! — gritó el asistente —, el mayor Lu Da quiere verlo — el anciano abrió la puerta.
— Ah, mayor, por favor entre y siéntese un momento.
—¡Nada de sentarse! — replicó Lu Da —:
Si vas a partir, parte. ¿Qué estás esperando?