"A La Orilla Del Agua"
Al amanecer del día siguiente el anciano se aproximó a la puerta de su dormitorio y escuchó quejarse a la madre de Wang Jin.
—Huésped, ya amaneció — llamó el anciano —. Es mejor que se
levante.
Inmediatamente Wang Jin salió y saludó a su anfitrión.
—Estoy levantado desde hace un rato — dijo —. Le hemos causado
problemas anoche. Fue realmente incorrecto.
——¿Quién se quejó?
——Para decirle la verdad, mi madre está exhausta de cabalgar. Anoche
el corazón volvió a dolerle.
—-—¿En tal caso por qué no se quedan aquí unos días más? No se
preocupe. Sé de un buen remedio para los dolores de corazón.
Enviaré un sirviente a la capital del distrito y conseguiré un remedio para su madre.
Dígale que se relaje y que se dedique a descansar.
Wang Jin se lo agradeció.
Pero basta de detalles insignificantes.
Wang Jin y su madre permanecieron en la finca, y la anciana tomó su medicina.
Luego de seis o siete días, sintió que había sanado. Wang Jin empacó sus pertenencias y se preparó para continuar viaje.
Camino al establo para ver a su caballo, vió en un claro a un joven desnudo hasta la cintura, con todo el cuerpo tatuado con dragones azules. Su cara era redonda como una fuente de plata. Tenía más o menos diecinueve años, y estaba practicando con una vara.
Wang Jin lo observó un rato, y luego sin pensarlo dijo:
—No tiene mal estilo, pero le falta pericia. Eso no pararía a nadie que
fuera realmente bueno.
El joven le oyó por casualidad.
—¿Quién eres tú para reírte de mi destreza? — le preguntó enfurecido —. He tenido ocho maestros de los mejores. ¡No pienses que no te
puedo derribar!
¿Te atreves a probar conmigo?
Mientras hablaba, llegó el anciano.
—¡Nada de insolencias! — gritó.
——¿Qué derecho tiene este tipo de venir a burlarse de mi técnica? —
protestó el muchacho.
——¿Huésped, sabe manejar una vara? — preguntó el anciano, en tono
de duda.