"A La Orilla Del Agua"
—Su humilde servidor se llama Zhang — dijo Wang Jin —. Vivimos
en la capital.
Por haber agotado nuestro dinero y no poder seguir conduciendo nuestro negocio, nos dirigimos donde nuestros parientes en la prefectura de Yan'an.
Hoy en el camino estábamos demasiado impacientes por avanzar y nos pasamos una posada. Si nos permite pasar la noche aquí, nos iremos en la mañana, y le pagaremos lo acostumbrado.
—Ciertamente. ¿Quién carga con su alojamiento cuando viaja?
¿Supongo que usted y su madre no han comido? — El señor ordenó a su
sirviente traer comida.
Poco después fue puesta una mesa en el zaguán y el sirviente entró con una bandeja que tenía cuatro platos de verdura y uno de carne de res. Los
puso en la mesa y calentó un vino, que fue servido primero.
—-En esta región, nuestro alimento no es muy condimentado — explicó
el anciano —. Espero que nos disculpen.
Wang Jin se levantó y le agradeció.
—Le estamos produciendo demasiados problemas. No sabemos cómo retribuirle.
—No hay necesidad de hablar así — protestó el anciano —. Bebamos.
En respuesta a su insistencia, Wang Jin y su madre apuraron seis o siete
copas de vino.
Luego fue servida la cena y comieron. Después de haber vaciado los tazones y los platos, el anciano se puso de pie y los condujo al
cuarto de huéspedes.
—«¿Puedo molestarlo para que haga ver si el caballo que montó mi madre está en el establo y ha sido alimentado? — dijo Wang Jin —. Por supuesto que pagaremos.
—Eso es fácil — respondió el anfitrión —. Tenemos aquí mulas y
caballos. Le diré al sirviente que ponga su caballo en nuestro establo y que
lo alimente junto con los otros animales.
Wang Jin se lo agradeció, levantó su pértiga y cargó sus pertenencias
hasta el cuarto de huéspedes.
Un criado prendió una lámpara y trajo agua caliente para que los viajeros pudieran lavarse los pies.
El anciano volvió a sus aposentos, Wang Jin y su madre agradecieron al criado, cerraron la puerta y se acostaron.
Durmieron toda la noche.