"A La Orilla Del Agua"
—He estudiado con muchos instructores — dijo —, pero no me enseñaron prácticamente nada. Maestro, sólo me queda implorar su consejo.
—Mi madre y yo hemos abusado de su familia por muchos días, sin tener cómo mostrar nuestra gratitud.
Lo justo es que haga cuanto pueda.
El anciano se mostró muy complacido. Le dijo a su hijo que se vistiera,
y todos se dirigieron a un salón de la parte trasera, donde se sentaron.
El dueño de casa ordenó a un criado sacrificar un carnero y preparar vino,comida y fruta.
Luego invitó a Wang Jin y a su madre a que se le unieran en un banquete.
Cuando los cuatro estuvieron sentados a la mesa, el anciano sirvió el
vino.
Levantándose, brindó por Wang Jin.
——Con su notable destreza, debe ser instructor de armas — dijo —.
Mi hijo “tiene ojos, pero no puede reconocer el monte Taishan”.
Wang Jin se rió.
——““A un hombre veraz, uno le dice la verdad”.
El nombre de este sirviente no es Zhang, sino Wang Jin. Soy un instructor de armas de la Poderosa Guardia Imperial de la Capital del Este.
Todos los días practico con varas y lanzas.
Gao Qiu, que acaba de ser designado comandante de la Guardia Imperial, fue golpeado una vez por mi padre, ha estado anhelando vengarse, y quiere hacerlo conmigo.
Al estar yo bajo sus Órdenes, no puedo enfrentármele, así que he huido con mi madre.
Ahora nos dirigimos hacia la prefectura de Yan'an, para unirnos a la guarnición de la frontera que comanda el viejo general Zhong, Nunca sospechamos que llegaríamos aquí y que seríamos tan bien tratados por usted, señor, y por su hijo.
Usted ha curado a mi madre y nos ha tenido como huéspedes durante varios días.
Realmente hemos abusado demasiado de su bondad. Si su hijo quiere aprender, este sirviente le enseñará con gusto sincero.
Lo que él ha aprendido hasta ahora es un repertorio de maniobras para deslumbrar.
Se ven bien, pero no sirven en el combate. Le enseñaré desde el principio.
— Hijo mío — dijo el anciano —, admite tu derrota. Híncate de nuevo ante tu profesor.
El joven obedeció.
——Déjeme contarle, honrado maestro — continuó el anciano —, mi clan ha vivido siempre aquí en la región de Huayin.
Allí ante nosotros está el monte Shaohua. El pueblecito se llama la Aldea de la Familia Shi.
Las trescientas o cuatrocientas familias que habitan ahí se apellidan Shi.