"A La Orilla Del Agua"
Conducidos por dos novicios, dejaron la abadía seguidos de un gran séquito. Así caminaron por los terrenos del templo, disfrutando del bello paisaje.
En el Salón de las Tres Purezas el mariscal pudo ver objetos de incalculable valor.
También visitó el Salón de los Nueve Cielos, el Salón de la Estrella Propicia, y el Salón del Polo Norte, ubicados junto a un paseo cubierto en la parte izquierda del predio.
Por un paseo similar del lado derecho inspeccionó el Salón de la Gran Mónada, el Salón de los Tres Funcionarios y el Salón para Disipar el Mal.
Luego fue acompañado hasta la parte posterior del paseo derecho, y en esos campos vio un edificio con paredes rojas como pimientos, cuyas dos ventanas delanteras eran de paneles color bermellón.
Su puerta estaba abrazada por un candado del grosor de un brazo humano. Cruzaban la línea de encuentro de las dos mamparas numerosas cintas de papel que llevaban encima innumerables sellos rojos.
Bajo los aleros delanteros había una placa roja con una inscripción en letras de oro, que decía: “Salón de la Represión de los Demonios.”
—¿Qué lugar es éste? — indagó el mariscal.
—Un salón donde un anterior divino maestro aprisionó a unos demonios — respondió el abad.
—«¿Y por qué hay tantos sellos sobre la puerta?
—-Un divino maestro conocido como El Maestro Real del Camino, encerró allí a los demonios en tiempos de los Tang.
Cada nuevo divino maestro ha añadido su sello, con la prohibición de que un sucesor suyo abra la puerta.
Sería horrible que esos demonios llegaran a escapar. Desde entonces han regido nueve generaciones de divinos maestros, y todos han hecho el voto de mantener cerrado el salón.
El candado ha sido llenado de bronce derretido.
¿Quién sabe qué puede haber allí dentro?
He estado a cargo de este templo durante treinta años, pero sólo sé lo que se me ha dicho.
El mariscal Hong se sorprendió. “A mí sí que me gustaría ver un demonio”, pensó. Y al abad le dijo: —Abra la puerta. Quiero ver cómo es un demonio.
—-"No puedo — respondió el abad —. El divino maestro de la temprana generación lo ha prohibido. Hoy nadie se atrevería.