"A La Orilla Del Agua"
De regreso en la fortaleza, Zhu Wu se sentó con los otros dos.
-—Si no fuera por nuestro plan, ¿alguno de nosotros estaría vivo ahora?
— dijo —. No sólo hemos salvado a Chen Da, sino que Shi Jin, con rara gallardía, nos ha dejado a todos en libertad. Dentro de pocos días debemos mandarle algunos regalos en muestra de gratitud.
Pasemos por alto los detalles menudos.
Más o menos diez días más tarde, en una noche sín luna, los tres jefes despacharon a dos de sus hombres con treinta barras de oro, que fueron a tocar la puerta de la casa de Shi Jin, donde un criado informó de su llegada. Shi Jin se vistió a toda prisa, y salió a recibirlos.
—¿Tienen algún mensaje para mí?
—Nuestros tres jefes le presentan sus respetos. Hemos sido instruidos para que entreguemos este obsequio trivial en agradecimiento a Su Excelencia por haberles perdonado la vida.
Por favor, no se burle de él, acéptelo — entregaron a Shi Jin el oro.
En un primer momento Shi Jin iba a rechazarlo, pero luego pensó:
“Puesto que son suficientemente buenos como para mandármelo, debo aceptarlo.”
Entonces ordenó a su criado que sirviera vino a los mensajeros.
Bebieron hasta después de la medianoche, cuando les dió una propina de plata y les dijo que regresaran,
Menos de medio mes más tarde, los tres jefes volvieron a conferenciar, y una vez más enviaron mensajeros nocturnos a casa de Shi Jín, esta vez con una sarta de grandes perlas preciosas que habían conseguido en un robo.
Shi Jin la aceptó.
No diremos más al respecto.
Luego de otro medio mes, Shi Jin pensó para sí: “Esos tres muestran tanto respeto que debo, de veras, corresponderles con algunos regalos.”
Al día siguiente ordenó a un sirviente que comprara tres rollos de brocado rojo en la capital del distrito, y que mandara a un sastre hacer tres túnicas para los bandidos.
También hizo matar y preparar tres gordas ovejas, e hizo que dos hombres las entregaran junto con las prendas en una caja grande.