"A La Orilla Del Agua"
Ya que ha cometido una ofensa capital puede arrestarlo e interrogarlo de acuerdo a la ley.
Si consigue que confiese, y el crimen se comprueba, debe informar a mi padre antes de dictar sentencia. De otra manera podría ser muy embarazoso si en un día futuro mi padre pidiera su vuelta.
—Llegaré hasta el fondo de esto y enviaré un informe formal al viejo general antes de pronunciar la sentencia — prometió el prefecto.
Se despidió del comandante, dejó el cuartel, subió a su palanquín y regresó a la prefectura. Allí reabrió la corte y expidió una orden al inspector de policía en servicio para que arrestara a Lu Da. El oficial y veinte hombres salieron de inmediato hacia el hospedaje del militar.
— Partió hace un instante con unos cuantos bultos y una vara — dijo el posadero —. Supuse que el mayor salía por un asunto oficial, así que no me atreví a preguntar.
El inspector de policía ordenó que la habitación de Lu Da fuera abierta y registrada. Todo lo que se le pudo encontrar fue unos trajes viejos y ropa de cama.
El oficial y sus hombres se llevaron al casero, y registraron la aldea de norte a sur. No había huellas de Lu Da.
El inspector de policía regresó donde el prefecto con el posadero y dos vecinos en custodia, y le informó:
—El mayor Lu Da huyó para evitar el castigo; nadie sabe a dónde. He
arrestado a estos vecinos y a su posadero.
El prefecto ordenó que permanecieran detenidos y que fueran convocados la familia de Zheng y sus más cercanos vecinos. Acompañado por los expertos forenses, los funcionarios locales y el jefe de guardia, hizo
un cuidadoso examen de la víctima. La familia del carnicero metió el cuerpo en un ataúd y lo guardó por un tiempo en un monasterio.
Una vez presentados los documentos del caso, el prefecto ordenó a su policía, bajo pena de sufrir golpes, aprehender a Lu Da en un plazo dado.
Se permitió que los demandantes regresaran a sus casas, después de presentar un compromiso de garantía.
Los vecinos cercanos que fueron testigos del crimen merecieron una paliza por no haber rescatado a Zheng. El posadero y los demás vecinos no fueron acusados. Una proclama urgente, que ofrecía mil sartas de monedas por la captura de Lu Da, y que contenía su edad, el lugar de su nacimiento y su descripción, fue divulgada por todas partes.
Todas las personas comprometidas fueron puestas en libertad, con instrucciones de aguardar mayores noticias. La familia Zheng se puso de
luto.
No diremos más al respecto.