"A La Orilla Del Agua"
Volvió a recoger el incensario, a alisar su ropa, a colocar el edicto sobre la espalda, y a acomodar su sombrero.
Cuando ya se disponía a continuar, escuchó las notas de una flauta que le llegaban dulces desde los pinos.
La melodía se le fue acercando poco a poco, y vio aparecer en la cumbre de la colina a un buey amarillo, que llevaba sobre el lomo a un joven novicio que sonreía y tocaba una flauta metálica.
—«¿De dónde eres? — le preguntó el mariscal —. ¿Sabes quién soy?
El muchacho se limitó a seguir tocando. El mariscal Hong tuvo que hacer la pregunta varias veces.
El muchacho rompió a reír y lo apuntó con su flauta.
—¿No eres el que ha venido buscando al divino maestro? — dijo.
El mariscal quedó atónito.
—Eres un simple vaquero. ¿Cómo lo supiste?
Siempre sonriendo, el muchacho respondió:
—-Esta mañana cuando atendía al divino maestro en su choza, él dijo: “El emperador ha enviado aquí a un mariscal Hong con incienso real y un edicto imperial para que yo me traslade a la capital oriental a dirigir un gran servicio de plegarias capaz de disipar la peste.
Montaré en una grulla y volaré sobre las nubes para ir allá hoy mismo.”
Ya debe haber partido, pues no está en la choza. Ya no tiene sentido que siga trepando. La montaña está llena de serpientes venenosas y bestias salvajes.
Pueden costarle la vida.
—¿Me estás diciendo la verdad? —preguntó el mariscal.
El novicio se limitó a reír, pero no respondió. Volvió a su flauta y se alejó por un recodo del camino.
“¿Cómo puede saber tanto ese niño? — se preguntó el mariscal —. Seguramente el divino maestro lo ha informado.
Eso es —tuvo una duda —. He tenido esos terribles sustos que casi me cuestan la vida. Mejor será que vuelva.”
Recogió el incensario y volvió a toda prisa por el mismo sendero que lo había traído hasta allí.
Los taoístas lo recibieron y lo invitaron a sentarse en la abadía.
——¿Conoció al divino maestro? — preguntó el abad.
—Soy un alto funcionario de la corte imperial. ¿Cómo han podido enviarme por un sendero de montaña donde acechan tantos tormentos?
Casi muero.