"A La Orilla Del Agua"
¿Qué sabes tú de artes militares?
El anterior comandante debió estar ciego para nombrarte instructor de armas. ¿Cómo te atreves a desairarme y a no estar presente cuando paso lista? ¿Qué respaldo has conseguido que puedes simular enfermedad y repantigarte en casa?
—Su humilde sirviente nunca se atrevería! Realmente no me he repuesto
por entero.
—Criminal! Si estás enfermo, ¿cómo has podido venir?
——Cuando el mariscal requiere de mí, debo obedecer.
Gao estaba enfurecido.
—Guardias — rugió —, sujeten a este individuo y denle una buena
paliza.
Muchos de los oficiales más jóvenes eran amigos de Wang Jin. Junto
con el jefe de Estado Mayor, rogaron:
— Hoy es el día afortunado en el que el mariscal asume su cargo. Por
favor, suelte al instructor de armas.
— Como un favor a estos oficiales te perdono hoy día, criminal! —
gritó Gao —. Mañana arreglaré cuentas contigo.
Wang Jin le agradeció.
Sólo entonces levantó su cabeza y echó una buena mirada a Gao Qiu.
Al pasar la puerta del patio del cuartel general, Wang Jin suspiró.
—Mi vida está en peligro.
Así que ése es nuestro distinguido mariscal Gao. Holgazán y jugador de balonpié, ¡Gao Segundo! Cuando él estaba aprendiendo a luchar con varas, mi padre le dio tal paliza que no pudo levantarse de su cama en tres meses.
Desde entonces nos odía. Ahora que ha ascendido en el mundo y ha sido designado comandante de la Guardia Imperial, seguramente buscará venganza.
¡Quién hubiera pensado que yo estaría bajo su mando!
Como dice el viejo refrán: “¡No temas a los funcionarios, excepto a aquellos que funcionan sobre ti!”
¿Cómo puedo resistirle? ¿Qué haré?
Regresó a su casa muy deprimido, y le contó a su madre. Los dos se
tomaron la cabeza entre las manos y lloraron.
— Hijo mío — dijo la madre —, de todas las treintaiséis maneras de
salir del apuro, la mejor es salir.
Sólo temo que no tengas donde ir.