"A La Orilla Del Agua"
Para ello Liu Mayor escribió una carta de presentación ante Dong Jianshi,
pariente suyo que tenía una tienda de hierbas medicinales próxima al Puente de Vigas Doradas; también entregó a Gao algunos viáticos, y le dijo que Dong se encargaría de él.
Gao se despidió, se echó el morral al hombro, y volvió a la ciudad, donde entregó la carta a Dong. Este echó una mirada a Gao y empezó a leer la misiva.
“¿Cómo voy a instalar a este hombre en mi casa?”, caviló. “Otra
cosa sería si fuera recto y honrado.
Los niños podrían aprender de él. Pero no es sino un vago, un tipo indigno de confianza que ha estado exilado por infringir la ley, y no parece de los que se reforman.
Si lo dejo aquí es capaz de enseñar malos hábitos a los niños. Pero si lo rechazo ofenderé a Liu Mayor.”
No le quedó otra alternativa que recibir a Gao en su casa, y pretender
que estaba deleitado.
Dong agasajó al visitante diariamente, durante diez días, y luego tuvo una idea.
Regaló a Gao una indumentaria completa y le entregó una carta de recomendación.
—La luz de mi hogar es demasiado pálida — dijo —. Mantenerte aquí sería imponerte un freno. Te recomiendo a Su Menor, el letrado de la corte, con el cual podrás hacer progresos. ¿Qué te parece?
Gao le agradeció efusivamente. Dong hizo que un sirviente llevara la carta y acompañara a Gao hasta la residencia del letrado de la corte, quien salió a darle la bienvenida.
Por la carta de introducción comprendió que Gao era un bribón.
“No puedo acoger a este hombre — pensó el letrado —. Como favor a Dong, lo enviaré donde Wang Jinqing, el joven príncipe consorte, para que allá entre al servicio. Al jóven príncipe le gusta este tipo de persona.”
Escribió una respuesta para Dong y dejó que Gao pasara allí la noche.
Al día siguiente escribió otra carta y la despachó con un mayordomo, quien condujo a Gao Qiu hasta la residencia del jóven príncipe.
Wang se había casado con una hermana menor del emperador Zhe
Zong antes de que éste asumiera el trono, cuando reinaba todavía el emperador Shen Zong.
Sentía una debilidad por los aventureros, y tenía el séquito lleno de ellos.