"A La Orilla Del Agua"
En su júbilo, madre e hijo habían pasado frente a una posada sin advertirla. Ya no había aldea alguna a la vista.
Se les hizo tarde, no supieron dónde pasar la noche. En ese momento vieron brillar una luz en un bosquecillo distante.
—- Allí está la solución — dijo Wang Jin —. Iremos allí.
Podemos disculparnos por molestarlos, y preguntarles por un lugar donde pasar la noche, y seguir adelante por la mañana.
Entrando al bosquecillo, encontraron una gran propiedad rodeada por un muro de tierra. Bordeaban la parte exterior del muro doscientos o trescientos grandes sauces.
Wang Jin tocó la puerta un largo rato.
Cuando al final salió un sirviente, el instructor de armas bajó su carga y lo saludó.
—-¿Qué quiere? — preguntó el hombre.
—Para decir la verdad — dijo Wang Jin —, mi madre y yo tratamos de recorrer demasiado trecho y nos hemos pasado un hospedaje.
Parece no haber posada o aldeas por los alrededores. Esperamos que nos pueda alojar por esta noche.
Nos iremos mañana por la mañana. Nos gustaría pagar lo que sea costumbre por el alojamiento.
Por favor, permítanos abusar de su gentileza.
—Espere un momento — dijo el sirviente —. Preguntaré al señor.
Si él está de acuerdo, entonces pueden pasar.
—-Disculpe la molestia, hermano.
En breve el hombre volvió y dijo:
—-Mi amo ordena que entren.
Wang Jin ayudó a su madre a desmontar. Cargando su pértiga y
conduciendo su caballo, siguió al sirviente hasta una era. Allí bajó su carga y ató el caballo a un sauce.
Madre e hijo llegaron a un zaguán con techo de paja, donde el señor los estaba esperando.
Era un hombre de más de sesenta años. Sus cabellos y su barba eran
blancos. Tenía puesta una capucha y una túnica recta amarrada a la cintura por una faja de seda negra.
Calzaba botas de cuero color canela, Wang Jin se hincó de rodillas respetuosamente.
——Eso no es necesario — se apresuró a decir el anciano —. Ustedes
son viajeros que han estado expuestos a los elementos, por favor, tomen
asiento.
Madre e hijo hicieron sus saludos ceremoniales y se sentaron.
—«¿De dónde son? — preguntó el anciano —.
¿Por qué han llegado aquí tan tarde?