"A La Orilla Del Agua"
Retírense de mis muros. Ataré a los bandidos y los entregaré a los
funcionarios a cambio de la recompensa.
Los alguaciles no deseaban enfrentarse a Shi Jin.
—No queremos problemas — dijeron —. Tráigalos e iremos junto con usted donde el magistrado.
Shi Jin bajó la escalera y se dirigió a la parte delantera del salón. Mandó
que llevaran a Wang Cuarto al jardín trasero y lo mataran de un solo mandoble.
Luego ordenó a sus criados que empacaran todos sus objetos de valor transportables y encendieran treinta o cuarenta antorchas.
Él y los tres jefes se pusieron armaduras, y tomaron espadas y alabardas de estante de armas.
Á continuación prendieron fuego a los cobertizos de paja de la parte posterior de la casa. Mientras tanto, los sirvientes también empacaron sus propias pertenencias,
Cuando los soldados de afuera vieron las llamas, corrieron hacia la parte posterior.
Shi Jin pegó fuego al salón central, abrió de par en par la puerta delantera y salió a la carga con un poderoso alarido.
Shi Jin y sus hombres, seguidos por Zhu Wu, Yang Chun, Chen Da, y sus guardias, se lanzaron a pelear.
El joven señor era un guerrero formidable.
¿Quién podía hacerle frente?
Mientras las llamas enloquecidas encendían las nubes, Shi Jin y sus hombres se abrieron un camino por entre los soldados.
De pronto se encontró cara a cara con los dos alguaciles y con Li Ji.
Shi Jin montó en cólera. “Cuando los enemigos se encuentran, sus ojos se encienden.”
Los alguaciles vieron que las cosas iban mal. Se dieron vuelta y echaron a correr.
Li Ji también trató de escapar, pero Shi Jin se le echó encima con gran agilidad. Con un solo tajo de su espada cortó a Li Ji en dos.
Chen Da y Yang Chun acabaron con los alguaciles en sendas tocadas de alabarda.
El aterrado comisario partió al galope, tan veloz como podía llevarlo su caballo.
Por supuesto que los soldados no se atrevieron a avanzar. Corrieron a
salvarse en todas direcciones.
Matando a medida que pasaban, Shi Jin y sus seguidores se encaminaron hacia la fortaleza de los bandidos, en la montaña Shaohua.
Sólo allí recobraron el aliento. Zhu Wu y los otros jefes ordenaron a sus hombres matar búfalos y caballos, y preparar un banquete.
No diremos más al respecto.