"A La Orilla Del Agua"
La lluvia de carne lo llenó de ira. La furia le subió de la planta de los pies a la frente. Una llama irreprimible ardió en su corazón.
Arrancó un cuchillo del tajadero, y se lanzó escalones abajo.
Lu Da lo esperaba en medio de la calle.
Ninguno de la docena o más de empleados de las tiendas vecinas se atrevió a mediar. Los transeúntes de ambos lados de la calle quedaron paralizados. El asistente de la posada se quedó mudo.
Zheng tomó el cuchillo en la mano derecha, e hizo esfuerzos por alcanzar a Lu Da con la izquierda.
Lu Da, le tomó la mano estirada, se acercó y con un rápido puntapié en la ingle lanzó al carnicero por tierra.
Avanzó otro paso y puso un pie sobre el pecho de Zheng.
Luego, levantando un puño del tamaño de un barril de vinagre, Lu Da bramó:
—Bajo las órdenes del viejo general Zhong, fui inspector viajero de cinco distritos militares del oeste. La gente muy bien podría llamarme el Señor del Oeste.
Pero tú eres sólo un rebanador de carne, un vil canalla.
¿A dónde quieres llegar ostentando semejante título?
¿Quién te dio el derecho a presionar y estafar a Loto de Jade, la hija de Jin?
Dicho lo cual aplicó a Zheng un puñetazo tal en la nariz que se la aplastó hacia un lado y le hizo chorrear una sangre como las salsas en una tienda de condimentos — salada, ácida y picante.
Zheng se esforzó en vano por levantarse.
—Buen puñetazo — exclamó.
— Hijo de perra! — dijo el mayor —, ¿Cómo te atreves a responder?
Le dio otro puñetazo en la ceja, que le partió el párpado, haciendo asomar el globo del ojo.
Manaba sangre roja, negra y morada como en el muestrario de telas de una tienda de paños.
Todos los espectadores temían a Lu Da. Ninguno se aventuró a intervenir.
Derrotado, Zheng imploró clemencia.
—Bribón despreciable — exclamó el mayor con desdén —. Si hubieras mostrado algunas agallas te dejaría libre.
Pero como eres tan cobarde, no lo haré —.
Luego le dio un golpe en la sien.
La cabeza de Zheng resonó como un tañido de gongs, campanas y címbalos en un gran servicio conmemorativo.
El carnicero quedó tendido en el suelo. De su boca salía aire, pero no volvía a entrar.
Hasta que dejó de moverse.