"A La Orilla Del Agua"
Allí la gente es próspera, tienen dinero y grano en abundancia.
—No comprendes, hermano — dijo Yang Chun —. Para llegar a Huayin, hay que pasar por la Aldea de la Familia Shi. Ese Shi Jin Nueve Dragones es muy rudo. No es prudente provocarlo. Nunca nos dejaría
pasar.
—-Es un argumento poco convincente, hermano — dijo Chen Da —.
Sino podemos pasar por una simple aldea, ¿cómo vamos a enfrentarnos a las tropas del gobierno?
—-NO deberías subestimar a Shi Jin, hermano — contestó Yang Chun —.
Es fiero de veras.
— También yo he escuchado que es muy valiente — dijo Zhu Wu —.
Dicen que su habilidad con las armas es de primera. Hermanos, no vayamos.
—;Cierren sus cobardes bocas! — gritó Chen Da —. Alabando el coraje de otro les mengua el suyo. Después de todo es un ser humano.
¿Acaso tiene tres cabezas y seis brazos? ¡No lo creo! — Y ordenó a sus cohortes —: Traigan mi caballo. Voy a atacar la Aldea de la Familia Shi, y luego tomaré Huayin.
Zhu Wu y Yang Chun trataron de disuadirlo, mas no lo lograron. Se puso una armadura y montó su caballo, juntó ciento cincuenta hombres y, entre redobles de tambor y estrépitos de gong, empezó a descender la montaña hacia la Aldea de la Familia Shi.
Shi Jin, estaba frente a su casa pasando revista a las armas y al aparejo de sus hombres, cuando uno de sus sirvientes le trajo la noticia.
Inmediatamente hizo tocar la alarma con un segmento de bambú.
De todos lados llegaron corriendo hasta la casa, con las armas al hombro, los hombres de las cuatrocientas familias de la aldea. Encontraron a Shi Jin vestido de turbante, cota de malla bermellón, peto y espaldar de hierro, bata negra bordada, botas verdes y cinturón de cuero. Cargaba un arco y una aljaba llena de flechas, y empuñaba una espada de doble filo y triple punta, con cuatro orificios y ocho anillos.
Un sirviente le alcanzó su brioso caballo rojo. Shi Jin montó y levantó su espada. Precedido por cuarenta fornidos sirvientes y seguido por noventa aldeanos y campesinos, se puso en camino. Cerraba la marcha el resto de los aldeanos que, entre gritos y vítores, los acompañaron hasta la salida septentrional de la aldea.