"A La Orilla Del Agua"
Inmediatamente Chen Da condujo a sus hombres montaña abajo y les
ordenó dispersarse. Shi Jin vio que llevaba un sombrero cóncavo rojo, una
cota de malla dorada, una bata roja y unas botas de suela gruesa. Montaba
un alto caballo blanco y empuñaba una lanza con punta de acero de
dieciocho pies de largo. Los hombres de ambos bandos lanzaron un fiero
alarido.
Desde sus cabalgaduras, los dos líderes se miraron. Chen Da, hizo una
reverencia desde su montura.
— Asesinas e incendias, robas y saqueas, todos tus terribles crímenes
son penables con la muerte — gritó Shi Jin —. ¿De dónde sacas el rencor
necesario para venir a retorcerle los bigotes al tigre?
—-En nuestra fortaleza de la montaña estamos cortos de grano —
contestó Chen Da —. Tenemos la esperanza de conseguir prestada cierta
cantidad en Huayin. El camino nos trajo hacia su honorable casa, pero por
supuesto aquí no nos atreveríamos a tocar una sola brizna de hierba.
Permítanos pasar. Á nuestro regreso le retribuiremos en la debida forma.
— Tonterías. Soy un jefe de guardia. He estado pensando it tras de
ustedes, bandidos pero ustedes han llegado a mí. Silos dejo ir y el magistrado
se entera, me veré implicado.
—- “Dentro de los cuatro mares, todos los hombres somos hermanos.”
Moléstese en dejarnos pasar.
—Basta de charla ociosa. Aun si estuviera dispuesto, hay otro que no
estaría de acuerdo. Tendrás que preguntárselo.
—-¿De quién se trata, buen valiente?
—De esta espada que empuño!
Chen Da montó en cólera.
—No me presione demasiado. Me forzará a desquitarme.
Shi Jin, también airado, blandió su espada, picó a su caballo y atacó.
Chen Da le dió una palmada a su cabalgadura y salió al galope, blandiendo
su lanza. Los dos hombres se encontraron y empezaron a luchar. Luego de
varios asaltos, Shi Jin hizo una finta simulando dejar su pecho expuesto, y
Chen Da se abalanzó sobre él. El joven señor eludió la veloz lanza. Sus
cuerpos se toparon. Shi Jin estiró su ágil brazo hacia la cintura de Chen Da,
lo tomó por la faja plisada, y de un rápido tirón lo lanzó de su montura
adornada al suelo.
El caballo del líder de los bandidos huyó veloz como el viento.