"A La Orilla Del Agua"
Mi hijo, desde su infancia, no ha tenido ningún interés por la agricultura, y sólo le interesa jugar con armas.
Su madre trató en vano de disuadirlo, y finalmente murió de preocupación. Tuve que permitirle seguir su camino.
No sé cuánto dinero he gastado en profesores de armas.
También pagué a un experto tatuador para que le decorara los brazos y el pecho con dragones, nueve en total.
Por esa razón es conocido en toda la región como Shi Jin Nueve Dragones. Es provechoso el que haya venido, instructor, y pueda completar su entrenamiento.
Le recompensaré con generosidad.
Wang Jin estaba encantado.
—Descanse tranquilo, anciano — dijo —. Si ese es su deseo, este servidor le enseñará bien.
Bebieron y celebraron. A partir de ese día, Wang Jin y su madre se instalaron en la casa.
Día a día Wang Jin instruyendo al joven, y enseñándole el uso de las dieciocho armas: lanza, mazo, arco, ballesta, cachiporra nudosa, garrote, espada, cadena, hoz, hacha, gancho, tridente, alabarda, escudo, vara,
venablo y rastrillo.
El anciano Shi partió a la capital a servir como jefe de guardia.
No diremos más sobre el particular.
Corrieron los días. De pronto, medio año había pasado, y Shi Jin ya era experto en las dieciocho armas.
Wang Jin puso su corazón en la enseñanza, explicando los excelentes objetivos de cada arma.
Cuando el joven ya había dominado las armas, Wang Jin se dijo: “Si bien quedarme aquí es muy agradable, no llagaré a ninguna parte.”
Quería continuar hasta Yan'an, pero Shi Jin se negaba a aceptar su partida,
—Quédese, maestro — suplicaba el joven —. Lo mantendré a usted y a su madre por el resto de sus vidas. ¿No es eso suficiente?
—-Gracias por sus buenas intenciones, joven hermano — dijo Wang Jin —; este lugar es agradable, pero temo que el mariscal Grao mande hombres tras de mí y usted se vea implicado.
No sería justo. Ambos estaríamos en problemas.
He decidido seguir hasta Yan'an y unirme a la guarnición al mando del viejo general Zhong.
Es un puesto de frontera y precisan hombres. Puedo comenzar de nuevo allí.
Puesto que no pudieron disuadir a Wang Jin de su partida, Shi Jin y su
padre le dieron un banquete de despedida, al que se presentaron con dos
rollos de raso y cien onzas de plata sobre una fuente.
Al día siguiente Wang Jin amarró su equipaje a la pértiga y alistó el caballo.