Aristóteles: ¿otro extraterrestre, astronauta, viajero del tiempo o médium? ¿También fue extraterrestre Eratóstenes, que en el siglo III a.C. midió (indirectamente, claro: ¡no es preciso viajar en un ovni para tener ese conocimiento!) la circunferencia de la Tierra? ¿O Cristóbal Colón, que –¡tal vez antes de Leonardo!– sabía que la Tierra es redonda?
¡Lo increíblemente sorprendente en el párrafo citado es la sorpresa del autor ante el hecho de que Leonardo tuviese conocimiento de que “la Tierra es redonda”! Todos los planetas, y la Luna, y el Sol, son esféricos. Porqué alguien no pensaría que la Tierra es redonda? Los marineros de hoy y de siempre, mirando desde su barco una ciudad que se aleja lentamente, ven que los edificios más bajos desaparecen primero y los más altos por último. Cómo eso sería posible si la Tierra fuese plana? Y no sólo eso: los marineros, y cualquier otra persona, hoy y siempre, tienen a su disposición los eclipses de Luna observados por Aristóteles y varios otros argumentos más como para encontrar mucho más razonable la idea de que la Tierra es esférica y no plana.
La idea de que la Tierra es esférica fue, como vimos, bien conocida en la Antigüedad, y más que un consenso entre los lectores cultos de la Edad Media y el Renacimiento. Esta afirmación vale tanto para científicos como para religiosos. Los principales astrónomos del siglo XVI, por ejemplo, eran jesuitas, y todos hacían sus cálculos a partir de la Teoría planetaria vigente desde el siglo II, la Teoría de Ptolomeo, que postulaba una Tierra redonda, esférica, fija e inmóvil en el centro del cosmos. (El lector también puede consultar el Almagesto, principal obra astronómica de Ptolomeo, en archive.org). La gran mayoría de las imágenes pictóricas de la Tierra, al menos desde el siglo II, eran de una Tierra redonda[2].
Podemos pasar finalmente a analizar el punto (3): Leonardo sabía que la Tierra es redonda, información que sólo fue conocida después de la época de Leonardo. Luego, quedan pocas posibilidades para explicar ese fenómeno sorprendente: o Leonardo tuvo ese conocimiento porque era un médium (¿que se comunicó con muertos futuros?), o porque era un extraterrestre que pudo contemplar la Tierra “desde el espacio exterior”, o por alguna de las variantes ya mencionadas: astronauta, emisario de los dioses, viajero del tiempo etc.
Como vimos, esta clase de razonamientos se sigue del desconocimiento más elemental de historia de la ciencia. La errónea e injustificada creencia de que Leonardo fue el primero en saber que la Tierra era redonda, creencia que es patentemente falsa, genera la necesidad de crear una explicación absurda para la misma. El conocimiento de Leonardo sobre la forma esférica de la Tierra no era ninguna novedad en el Renacimiento, de modo que no es necesario hacerlo viajar en un ovni para explicar el hecho de que él tuviera tal conocimiento.
La clase de razonamiento pseudocientífico que estamos analizando parece extremamente frágil. Sin embargo, una enorme cantidad de páginas de Internet son construidas a partir del mismo. Este es el mismo tipo de razonamiento falaz que se hace, por ejemplo, con relación a las pirámides de Egipto: Los nativos no podrían haberlas construido; luego, sus constructores fueron extraterrestres (cf. Puentes, 2007). Y no sólo está presente en Internet: asista, si consigue tolerarlo, el canal History Channel por cinco minutos. Allí verá programas como Archivos extraterrestres o Alienígenas del pasado, donde todo lo que el narrador, en su más radical ignorancia de historia y física elemental no consigue comprender, es explicado postulando la intervención de extraterrestres. ¿Isla de Pascua? Extraterrestres. ¿Líneas de Nazca? Extraterrestres. Y la lista sigue… Estos razonamientos, evidentemente, también se siguen del desconocimiento más elemental de metodología científica.
El punto central aquí es que no es necesario hacer astronautas a Aristóteles, Eratóstenes, Colón o miles de pensadores más anteriores a Leonardo: se puede conocer la forma de la Tierra sin salir de la Tierra, así como se conoce la constitución química del Sol sin que sea necesario visitar el Sol.
Consideraciones finales
Nada de lo que mencioné aquí es información calificada, o secreta (o en posesión de “líderes de escuelas secretas”, como dicen los pseudocientíficos), o inaccesible al público en general. Por el contrario: precisamente porque es información científica, es pública y verificable, y porque es pública y verificable, es científica. Es información básica, muy básica, disponible en cualquier libro de astronomía y de conocimiento científico en general. Es comprensible –más aún, es inevitable– que el lector desinformado, o el estudiante que se inicia en la vida cultural, no sepa qué leer y cómo leer. ¿Cuál libro es un buen libro? ¿Qué forma de razonamiento es más adecuada? Realmente no es simple aprender esas cosas simples. Demanda tiempo, esfuerzo, tentativa y error aprender a discernir qué leer y cómo pensar. Y, lamentablemente, no hay fórmulas mágicas. De cualquier modo, espero, el lector atento podrá haber encontrado en este breve texto algunos indicios. Por ejemplo: ‘Consulta fuentes confiables’, y –mejor aún– ‘¡Duda!’, ‘¡Cuestiona!’, ‘¡Piensa crítica y científicamente!’.
Para finalizar, volvamos al comienzo. Cuando nos adentramos en la obra y los textos de Leonardo, no podemos dejar de admirar y valorar su creatividad y genialidad. Pero de esto no se sigue que las obras e ideas de Leonardo son únicas, sorprendentes, sin precedentes y adelantadas a su tiempo. Eso, definitivamente, es falso. Menos aún se sigue que Leonardo era un extraterrestre, o un astronauta, o un viajero del tiempo. Eso, simplemente, es absurdo.
Las explicaciones pseudocientíficas son falsas, absurdas, y, principalmente, innecesarias. Después de todo, la conclusión de que Leonardo no es un genio inexplicable no hace a Leonardo menos genial –por el contrario, lo hace más admirable y más humano.
Referencias bibliográficas
Espinoza Herrera, Nemesio, 2012, “Leonardo da Vinci: el genio universal”, <http://nespinozah.blogspot.com.br/2012/07/leonardo-da-vinci.html >, Consulta: 18/09/2012.
Fiebag, Peter, 2012, “Leonardo da Vinci: el iniciado que quiso volar”, <http://www.antiguosastronautas.com/articulos/FiebagP01.html>, Consulta: 21/07/2012.
Olguín, Jorge (médium); Hubbard, Ron (entidad que se presentó a dialogar), 2012, “Leonardo da Vinci: el secreto de la Mona Lisa y quién fue la Mona Lisa”, <http://plandemaestria.blogspot.com.br/2011/03/el-secreto-de-la-mona-lisa-y-quien-fue.html>, Consulta: 21/07/2012.
Puentes, Enrique, 2007, “Da Vinci: el emisario de los dioses”, <http://editoremancipado.blogspot.com.br/2007/12/da-vinci-el-emisario-de-los-dioses.html>, Consulta: 22/07/2012.
Russell, Jeffrey, 1991, Inventing the Flat Earth: Columbus and Modern Historians, Praeger, N.Y.
s.a., 2012, “Da Vinci y sus viajes en el tiempo”, <http://www.taringa.net/posts/info/11315435/Da-Vinci-y-sus-viajes-en-el-Tiempo-Muy-Interesante.html>, Consulta: 22/07/2012.
Zárraga, Humberto, 2012, “¿Fue Leonardo Da Vinci un extraterrestre?”, <http://estacioninsolita.blogspot.com.br/2011/02/fue-leonardo-da-vinci-un-extraterrestre.html>, Consulta: 21/07/2012.
[1] Este artículo es parte de las actividades desarrolladas en un Proyecto de divulgación científica que cuenta con el apoyo de Fapitec/ SE –Fundação de Apoio à Pesquisa e à Inovação Tecnológica do Estado de Sergipe (019.203.02699/2011-8)– y de un Proyecto de investigación con apoyo de CNPq –Conselho Nacional de Desenvolvimento Científico e Tecnológico (472278/2011-8).
[2] El lector puede consultar, en Online Galleries, History of Science Collections, University of Oklahoma Libraries, la portada de la edición de 1496 del Almagesto, que trae la representación del Sistema geocéntrico de Ptolomeo, con la Tierra, esférica, en el centro del mismo. <http://hos.ou.edu/galleries/02LateAncient/Ptolemy/1496/Ptolemy-1496-00a3v-fp-image/5in>, 22/07/2012.