Hasta bien avanzado el siglo XVIII predominaban, en el mundo científico, las teorías que postulaban la inmutabilidad de las especies basándose, principalmente, en la interpretación literal del libro del Génesis. Sin embargo ya algunos científicos apuntaban unas ideas de cambio en las especies.

La obra del naturalista sueco Carl Linnaeus (1707-1778) es un fiel exponente de la idea creacionista de la vida y de las teorías fijistas. Presenta un equilibrio armónico de la Naturaleza en consonancia con las Sagradas Escrituras. Aunque, en algunos de sus escritos, reconoce la aparición de especies posteriores a la Creación por procesos de hibridación. Este botánico es autor también del sistema jerárquico para la clasificación de plantas y animales que continúa en uso después de haber sido modernizado. Mantiene la fijeza de las especies, pero la organización jerárquica diseñada por él contribuyó a la aceptación de los conceptos de descendencia común y divergencia gradual.

Georges Louis Leclerc, conde de Buffon (1707-1788) expone, en su obra, una teoría del origen de las especies por procesos naturales. Así los organismos aparecen por generación espontánea como consecuencia de la asociación de moléculas orgánicas.