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¿Cuándo decir "te amo"?

Luz del Carmen Abascal Olascoaga

   

     Todos tenemos necesidades afectivas. Todos queremos sentirnos amados, necesitamos sentir que alguien se preocupa por nosotros, que lo somos todo en la vida de otra persona. Pero como en todas las necesidades humanas, debemos estar alerta para no dejarnos llevar por la pasión irracional.

    Por ejemplo, todos necesitamos comer, pero hay horas, lugares y cantidades convenientes, y no debemos de abusar de esa necesidad, porque entonces acabaremos obesos… O todos tenemos la necesidad de la higiene, pero cuidado con lavarse las manos cada cinco minutos, porque acabaremos llenos de llagas y, seguramente, sin piel.

    Estos ejemplos pueden sonar un tanto pueriles, pero nos ayudarán a comprender el asunto que nos interesa en este artículo: ¿Cuándo decir "te amo"?

    Es muy común que en una relación joven, por llamarla de alguna manera, los novios utilicen indiscriminadamente los "te amo", como si realmente en dos días, o en tres semanas que llevan saliendo… o aun en el mes, hubiesen ya aprendido a amar, en toda la extensión de la palabra, al otro. Se trivializa al amor hasta el punto de emplear esa palabra aun para referirse a una cosa… "Amo mi coche, es lo máximo", "¿A poco no amas tu celular? No sé qué haría sin él"…

    Antes que nada, debemos respondernos una pregunta: ¿Qué es amar? Amar no es sentir bonito, ni estar muy ilusionado, ni querer estar con el otro toditito el tiempo… ésas son, quizá, algunas muestras rosas de las primeras fases del amor, que corresponden al enamoramiento. Pero el amor es algo mucho más grande, mucho más profundo, mucho más pleno que el puro sentimiento.

    El amor es voluntad más que sentimiento; por eso, necesita del conocimiento: hay que conocer al otro para decidir amarle o no. Si no se le conoce, entonces el amor está basado no en la realidad, sino en una idea, y pronto se puede derrumbar.

    El amor es dar, más que recibir. Implica estar dispuesto a sufrir por el otro, y curiosa y paradójicamente, ese sufrimiento aporta la dicha de saber que se ama inmensamente.

    Para poder amar, una persona tiene que ser fiel a sus convicciones. Debe estar dispuesta a renunciar a sus caprichos, a sus gustos, a sus planes, a sus intereses por hacer feliz al otro, pero nunca, nunca, debe renunciar a aquello que la define: sus principios, sus valores. Si no es fiel a sí misma, ¿cómo le será fiel, pues, a otra persona?

    El amor no es color de rosa, sino que conoce todas las tonalidades desde el negro hasta el blanco. El amor, el verdadero amor, se conoce no por lo que espera, sino por lo que está dispuesto a entregar…

    Ésta es una noción muy básica y muy breve del amor. Podríamos dedicar páginas, libros enteros, al estudio de lo que es, lo que implica, cómo se demuestra, cómo se da… pero por ahora, conformémonos con estos someros conceptos.

    Ahora bien, debemos estar muy conscientes de que el decir compromete. Si yo digo "te amo", implícitamente estoy diciendo también que estoy dispuesto a hacer todo por el ser amado, que estoy dispuesto a renunciar incluso a mis propios planes por aquel a quien amo… Entonces, ¿es conveniente utilizar esa expresión tan pronto en el noviazgo?

    La respuesta es no. No, si no estás convencida(o) de que lo darías todo (excepto, ojo, tus propias convicciones relativas a principios y valores) por la otra persona.

    Yo no te puedo decir en qué mes, semana o día de la relación decirlo, porque no hay una regla fija; pero sí puedo recomendarte que lo digas única y exclusivamente cuando realmente estés segura(o), convencida(o) de realizar esa donación absoluta que implica el verdadero amor.

    Nunca lo digas si no lo sientes, si no lo crees. Nunca lo digas porque tu novio o tu novia te presiona… y no confíes en alguien que te suelte un "te amo" tan pronto en la relación.

    Es cierto, necesitas amor, pero no te conformes con un "amor" de mentirijillas, de chocolate, de manita sudada, un amor que seguramente terminará con las primeras contrariedades fuertes que lo ataquen. Mejor aspira a un amor verdadero, a ése que cuesta más tiempo, trabajo y esfuerzo cultivar, pero que durará toda la vida.

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