UNA PREGUNTA DE VIDA O MUERTE
Isa_64:5 he aquí, tú te enojaste porque pecamos; en los pecados hemos perseverado por largo tiempo; ¿PODREMOS ACASO SER SALVOS?
Hch 2:37 Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: VARONES HERMANOS, ¿QUÉ HAREMOS?
Hch 16:30 y sacándolos, les dijo: Señores, ¿QUÉ DEBO HACER PARA SER SALVO?
Cada ser humano es pecador y necesita la salvación. A través de los siglos muchas personas han comprendido este hecho y han preguntado, “¿CÓMO PUEDO SER SALVO?”
El evangelio proclama que Dios ha provisto la salvación por medio de Jesucristo. Sin embargo, la pregunta siempre es, “¿CÓMO PUEDO YO RECIBIR LA SALVACIÓN QUE JESUCRISTO PROVEE?”
La Biblia proporciona la respuesta a esta sencilla y vital pregunta.
La biblia enseña que el hombre no solamente necesita la salvación, sino que no hay nada que él pueda hacer para salvarse.
Ninguna cantidad de obras buenas u obediencia a la ley puede salvar a un hombre.
Efesios 2:8-9 proclama, “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios. No por obras, para que nadie se gloríe.”
Esto significa que la salvación es una dádiva gratuita de Dios.
La muerte, la sepultura, y la resurrección de Jesucristo hicieron disponibles este don gratuito de la salvación, y la única manera en que alguien puede recibir la salvación es tener fe en Jesús y en la eficacia de Su sacrificio.
La fe salvadora en Cristo incluye la obediencia a Su palabra y la aplicación de Sus mandatos a nuestras vidas.
El capítulo 3 de Juan nos relata una conversación importante entre un líder religioso judío llamado Nicodemo y Jesús.
Jesús contestó, “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Juan 3:3). Vemos que Nicodemo no entendió esto, porque le preguntó al Señor cómo un hombre pudiera nacer una segunda vez de la matriz de su madre. Jesús explicó, “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios” (Juan 3:5).
Jesús estaba hablando de una nueva edad en la cual el reino de Dios pronto sería revelado, y estaba diciendo que cada persona que deseaba entrar en aquel reino tendría que nacer de nuevo, es decir, nacer de agua y del Espíritu.
En resumen, las palabras del Señor a Nicodemo nos dicen cómo ser salvos. La pregunta, “¿Cómo puedo ser salvo?” tiene la misma respuesta como la pregunta, “¿Cómo puedo entrar en el reino de Dios?” La respuesta de Jesús mismo es, “Tienes que nacer de nuevo de agua y del Espíritu.”
Ahora miremos otro ejemplo cuando pedro le predica a judíos y prosélitos de todas las naciones:
Hch 2:37 Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: VARONES HERMANOS, ¿QUÉ HAREMOS?
El comenzó a explicar lo que acababa de suceder y comenzó a predicar acerca de Jesús. El proclamó a la multitud que Jesús de Nazaret, a quien ellos habían crucificado, era tanto Señor como Cristo (el Mesías).
Cuando la multitud oyó esto, empezaron a sentir culpa y convicción del pecado, porque indudablemente muchos de ellos habían demandado la crucifixión de Jesús menos de dos meses antes. En consecuencia, ellos les preguntaron Pedro y al resto de los apóstoles, “Varones hermanos, ¿qué haremos?” (Hechos 2:37). Como demuestra el contexto, ellos estuvieron preguntando, “¿CÓMO PODEMOS RECIBIR EL PERDÓN DE NUESTROS PECADOS?
¿Cómo podemos corregir el mal que hemos cometido al rechazar a Jesús y al crucificarle? ¿Ahora cómo podemos aceptar a Jesús como el Señor y el Mesías?”
La esencia de la salvación es recibir el perdón de los pecados por medio de la fe en Jesús, de modo que su pregunta simplemente significaba, “¿QUÉ TENEMOS QUE HACER PARA SER SALVOS?”
Esta es la respuesta que dio Pedro, con el apoyo de todos los apóstoles: “ARREPENTÍOS, Y BAUTÍCESE CADA UNO DE VOSOTROS EN EL NOMBRE DE JESUCRISTO PARA PERDÓN DE LOS PECADOS; Y RECIBIRÉIS EL DON DEL ESPÍRITU SANTO” (Hechos 2:38).
En nuestra búsqueda de una respuesta bíblica a la pregunta de cómo ser salvos, debemos atribuir mucha importancia a este versículo. Es una respuesta simple, sencilla, e inequívoca a una pregunta directa. Es una respuesta que gozaba del aval pleno de todos los apóstoles.
“Tenemos en este versículo corto el resumen de la doctrina cristiana. En resumen, Hechos 2:38 es la respuesta autoritaria de la iglesia apostólica a la pregunta, “¿Qué es lo que tengo que hacer para ser salvo?”
Muchos afirman que este plan de salvación a través de este bautismo solo era para judaizantes, pero miremos lo que dice el verso 39 que tira por tierra tal afirmación:
Hch 2:39 Porque PARA VOSOTROS ES LA PROMESA, Y PARA VUESTROS HIJOS, y PARA TODOS LOS QUE ESTÁN LEJOS; PARA CUANTOS EL SEÑOR NUESTRO DIOS LLAMARE.
Hch 2:40 Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación.
Hch 2:41 Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas.
Esta salvación a través de este bautismo es PARA TODO AQUEL QUE SEA LLAMADO POR EL SEÑOR QUE ES DIOS. Esto incluye a todo ser humano que quiera ser salvo.
Analicemos otro ejemplo y es el del carcelero de Filipo:
Hch 16:30 y sacándolos, les dijo: Señores, ¿QUÉ DEBO HACER PARA SER SALVO?
Hechos 16 nos relata que los magistrados de Filipo, una ciudad en Macedonia, encarcelaron a Pablo y a Silas por predicar el evangelio. A la medianoche Pablo y Silas oraban y cantaban alabanzas a Dios. De repente, un terremoto agitó la prisión y abrió las puertas. Cuando el carcelero despertó y comprendió lo que había pasado, él asumió que todos los prisioneros habían escapado. Al parecer que estaba enfrentándose a la pena de la muerte por haber permitido que esto sucediera, decidió suicidarse.
Cuando Él había sacado su espada, Pablo gritó, “No te hagas ningún mal, pues todos estamos aquí” (Hechos 16:28). Al oír esto, el carcelero pidió una luz y fue a investigar por sí mismo. El vino temblando y se cayó a los pies de Pablo y Silas, dándose cuenta que ellos eran los responsables por el terremoto milagroso.
El los sacó y les preguntó, “Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo?” Ellos contestaron, “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa” (Hechos 16:30-31).
La Biblia sigue diciendo, “Y LE HABLARON LA PALABRA DEL SEÑOR A EL Y A TODOS LOS QUE ESTABAN EN SU CASA. Y El, tomándolos en aquella misma hora de la noche, les lavó las heridas; Y ENSEGUIDA SE BAUTIZÓ EL CON TODOS LOS SUYOS” (Hechos 16:32-34).
En este pasaje, Pablo y Silas le dijeron al carcelero que el camino a su salvación era por medio de la fe en el Señor Jesucristo. Probablemente el carcelero era un gentil y no sabía mucho acerca de Dios.
Al opuesto de los judíos en el Día de Pentecostés, El probablemente no entendía términos tales como “arrepentimiento”, “bautismo”, y “Espíritu Santo”. Además, esta era una situación crítica sin tiempo para un sermón largo o una explicación detallada; se le tenía que mostrar rápidamente la dirección correcta. Pablo y Silas le dijeron, de la manera más sencilla que era posible, cómo Él podría recibir la salvación futura, a saber, por creer en Jesús en lugar de en los dioses paganos y los ídolos. A esto, el carcelero los llevó a su casa y les dio la oportunidad de hablar a toda su casa. Ellos no se detuvieron con la declaración general citada arriba, sino que les predicaron detalladamente la Palabra del Señor. COMO RESULTADO DE SU MENSAJE, EL CARCELERO SE BAUTIZÓ AQUELLA MISMA HORA y recibió una experiencia que le hizo regocijarse.
La DEFINICIÓN BÍBLICA DE CREER incluye la ACEPTACIÓN de la Palabra de Dios y la OBEDIENCIA a ella.
“Tener una absoluta CONFIANZA PERSONAL en el Señor Jesucristo como Salvador.”
El carcelero creyó que Jesús lo podía salvar de la muerte por manos del imperio romano y de sus pecados cometidos; y no solo a él, también a su familia.
Hemos discutido la respuesta bíblica a la pregunta, “¿Cómo puedo ser salvo?”, a la luz de los tres pasajes más prominentes que hablan del asunto.
La Biblia usa un Lenguaje diferente en cada pasaje. Puesto que la Biblia es la Palabra de Dios inspirada e infalible, sabemos que no se contradice.
Puesto que Dios quiere que todos hallen la salvación, sabemos que la Biblia tiene que ser clara e inequívoca en el asunto. Por consiguiente, a pesar de las diferencias en el lenguaje, los tres pasajes que hemos analizado no pueden ser contradictorios o confusos.
En cambio, debemos creer que cada pasaje contesta correctamente la pregunta. En otras palabras, cada uno da la misma respuesta en términos diferentes, de puntos de vista diferentes, y en situaciones diferentes, pero de todas maneras es la misma respuesta.
Dos pasajes hablan del bautismo en agua, y el tercero se refiere al nacimiento de agua.
Dos pasajes hablan de la obra del Espíritu en la salvación, y el tercero describe una experiencia que produjo regocijo, que es lo que experimenta uno cuando recibe el Espíritu.
Solo uno de los tres pasajes menciona específicamente el arrepentimiento y solo uno menciona específicamente la fe en Jesucristo, pero muchos otros versículos enseñan que la fe y el arrepentimiento son requisitos previos a la salvación.
Concluimos de estos tres pasajes que la salvación sólo viene por medio del arrepentimiento de los pecados y la fe en Jesucristo. El arrepentimiento y la fe conducirán al bautismo en el nombre de Jesús (el nacimiento de agua) y al bautismo del Espíritu (el nacimiento del Espíritu).
Otros versículos que mencionan la salvación apoyan esta conclusión. Por ejemplo, se declara que la salvación viene por medio de:
(1) el nombre de Jesús (Hechos 4:12);
(2) confesar a Jesús como Señor, la fe en Su resurrección, y la invocación de Su nombre (Romanos 10:913);
(3) la gracia por medio de la fe (Efesios 2:8-9);
(4) el arrepentimiento (2 Corintios 7:10);
(5) la santificación del Espíritu y la fe en la verdad (2 Tesalonicenses 2:13);
(6) la obediencia a Cristo (Hebreos 5:9).
Podemos contemplar la salvación desde dos puntos de idea que son complementarios pero no contradictorios:
(1) La salvación tiene un requisito mínimo, y esto es el nuevo nacimiento;
(2) La salvación es un proceso de apropiar progresivamente la gracia de Dios a lo largo de una vida consistente de fe y santidad. Si vamos a heredar la salvación eterna, ambos aspectos tienen que cumplirse en nuestras vidas. Desde el principio hasta el fin, nuestra salvación se basa en la fe en Jesucristo.
Si tenemos fe en El, nos arrepentiremos de nuestros pecados, nos bautizaremos en Su nombre y recibiremos Su Espíritu Santo, y por la fe viviremos continuamente una vida santa y cristiana.
De esta manera recibiremos tanto la salvación presente del pecado como la salvación futura de todas las consecuencias eternas del pecado.
luis velez