Sana Doctrina VS Falsas doctrinas
"Si alguno enseña otra cosa, y no se conforma a las sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo, y a la doctrina que es conforme a la piedad,está envanecido, nada sabe, y delira acerca de cuestiones y contiendas de palabras, de las cuales nacen envidias, pleitos, blasfemias, malas sospechas, disputas necias de hombres corruptos de entendimiento y privados de la verdad, que toman la piedad como fuente de ganancia; apártate de los tales" (1 Timoteo 6:3-5)
La falsas doctrinas tienen consecuencias perturbadoras en la vida de los cristianos y en la iglesia del Señor, es por eso que se debe prestar mucha atención a todo este “fenómeno teológico” y uno debe cuidarse de ellas cuando hacen su aparición, para esto es bueno recordar lo que el apóstol Pablo les escribiera a los Romanos: “Mas os ruego, hermanos, que os fijéis en los que causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina que vosotros habéis aprendido, y que os apartéis de ellos” (Romanos 16:17).
Como se puede apreciar claramente estas doctrinas producen divisiones entre los hermanos y tropiezos en la marcha de la vida espiritual de todo el cuerpo de Cristo.
Es por eso que el día de hoy estamos llamados más que nunca a diferenciar bien lo que es sana doctrina de la doctrina falsa o de manufactura humana, inspirada por Satanás.
Aunque hay un dicho popular “evangélico” que dice que “el amor une y la doctrina divide”, hay que ser precisos: lo que divide es la doctrina de corte humano y de inspiración diabólica.
La sana doctrina, enseñada por el Señor y transmitida por los apóstoles, proviene de Dios. Así lo afirmó Jesús cuando dijo: “Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envió” (Juan. 7:16). Esta enseñanza jamás puede causar divisiones, es más, es el vínculo de unión más importante del pueblo de Dios.
En la actualidad vemos miles y miles de personas que dicen ser “cristianas” y viven vidas totalmente contrarias a lo que la Biblia dice que es un cristiano y eso es causado cuando la doctrina falsa se introduce en la iglesia, lo que realmente sucede es que se detiene el proceso de edificación y existe un aumento elevado de conflictos y de carnalidad; por eso es que a satanás le agrada promoverla, porque responde a sus fines, no olvidemos que la Biblia dice claramente que satanás es padre de toda mentira (Juan 8:44). En esos casos, se ordena a los pastores actuar con autoridad, mandando expresamente que no la permitan e instruyan al pueblo para que la desechen (1 Ti. 1:3).
Como contraste la sana doctrina, por el contrario, tiene efecto saludable en la vida de quien la recibe. Aunque a veces es dura, señala errores y exige enmiendas, todo eso esta diseñado así por el Señor lo cual lleva a la persona a vivir a plenitud en Cristo, no así la doctrina falsa que lo único que promueve son intereses totalmente ajenos al verdadero evangelio de Cristo. Estas doctrinas están más enfocadas y diseñadas en promover a aquellos que las defienden y las enseñan, sobre todo las que se presentan como la última revelación o el ultimo sueño o visión y lo peor de todo esto es, que son totalmente contrarias al carácter de Dios, promueven codicia y un deseo desmedido por lo sobrenatural así como un afán y ansiedad por poseer riquezas, antes que alcanzar el carácter de Cristo mediante el cual uno debe hacer ajustes reales de vida y de carácter que nos lleven a reflejar cada día más a Cristo y no a parecernos al mundo y a sus “éxitos”.
Otro de los efectos más nocivos que produce la falsa doctrina es una nueva “generación de cristianos” que no se someten a nadie ni a nada, tenemos como ejemplo de este tipo de “creyentes” a muchos músicos y artistas auto-denominados “cristianos” que no solo reflejan una actitud rebelde y desafiante, sino que como si fueran autoridades espirituales critican y condenan la falta de aceptación que la verdadera iglesia de Cristo les muestra. La verdad es que no hay forma de aceptarlos ya que no importa si uno dice creer en Dios o puede cantar y hasta incluso predicar, esas no son marcas de un verdadero cristiano, las verdaderas marcas de un cristiano es el "nuevo nacimiento" por medio del cual uno se parece cada día más a Cristo y no al mundo, pero estas personas se parecen mas y mas al mundo ignorando que fue el mundo quien aborreció al Señor Jesús, pero estos auto-denominados cristianos pretenden ser aceptados cuando aun siguen muertos en sus delitos y pecados y eso lo reflejan sus estilos de vida y su falta de sumisión, son como su padre el diablo rebeldes y destructivos.
Otra clase de “creyentes” que produce la falsa doctrina son personas mayormente jóvenes que viven en un libertinaje abierto practicando todo tipo de inmundicias, pero que lamentablemente en muchas iglesias se les llaman cristianos, simplemente porque un día en una oración “aceptaron a Jesús como su salvador” pero que en sus prácticas, gustos, inclinaciones y deseos solo se muestra amor por el placer, por las cosas temporales, se visten con las modas que el mundo les ofrece, es por eso que hoy no es difícil ver como jovencitas se visten con ropas tres tallas menores que las que deben usar, porque eso esta de moda y no les importa andar por ahí, siendo objeto de fornicaciones y adulterios mentales de parte de los hombres que las miran y las admiran (Mateo 5:28), por otro lado por extraño que parezca vemos jóvenes también usando pantalones por debajo de las nalgas con ropas tres tallas mayores que las que deben usar, no les importa andar mostrando su intimidad pero se llaman “cristianos”, todo este cuadro es muy doloroso y a la vez preocupante porque lamentablemente se ha dejado de predicar el verdadero evangelio de Cristo.
Es por eso que el ministro de Dios tiene que sentir la responsabilidad de predicar lo que Dios manda con la certeza de que es saludable para su pueblo. El apóstol Pablo dijo, inspirado por el Espíritu Santo: “Si esto enseñas a los hermanos, serás buen ministro de Jesucristo, nutrido con las palabras de la fe y de la buena doctrina que has seguido” (1 Ti. 4:6). El cuidado que tengamos de nosotros mismos y de la doctrina redundará en beneficio espiritual para todo el pueblo de Dios (1 Ti. 4:16).
Un pueblo nutrido con la sana doctrina adquiere madurez y firmeza, se mantiene sano y puede enfrentar, sin fluctuar, todos los vientos de doctrina que sacuden a los indoctos e inmaduros (Ef. 4:14).