El soldado canadiense James Fargey escribió: "No importa el problema que tengas, él siempre te da la misma pastilla", y el también soldado canadiense Geroge Bell describió a esta píldora como “una panacea (remedio) para todas las enfermedades”.
Era tanta la regularidad con la que los soldados recibían la pastilla, que pasó de ser algo completamente médico a un aspecto cultural. Se comenzó a utilizar el término “nueve” como sinónimo de “enfermo”, y aún hoy en día cuando se juega al bingo en Inglaterra y sale el número nueve, se anuncia a través de la frase: “orden del doctor”.
Muchas veces se le daba la pastilla número nueve a los soldados con una enfermedad sin diagnosticar y leve, quienes tras tomar la pastilla debían volver a sus servicios.
A pesar de la frecuencia con la que los soldados tomaban este medicamento, su efectividad no era muy buena, al tratarse de un simple laxante, cosa que los soldados ignoraban.
Además de esta famosa píldora, la Primera Guerra Mundial fue responsable de grandes avances de la medicina para tratar a los soldados, como la radiología (que permitió el uso de rayos X), las transfusiones de sangre, y diferentes tipos de analgésicos. Estos contenían, por ejemplo, opio, morfina o cocaína, y se mezclaban con ron para calmar el dolor. Los médicos llevaban consigo una caja con trece tipos diferentes de pastillas, indicadas con números para desincentivar el robo o la automedicación, y la número nueve, contenía calomelano, ruibarbo y coloquíntida, siendo nada más que un laxante de gran efecto.
Sabiendo esto, es posible deducir que la regularidad con la que se tomaba la pastilla no se debía en su totalidad a la medicina. Los médicos debían disciplinar a los soldados, por lo que usaban la pastilla para aquellos con un dolor leve del que sospechaban podía estar fingiendo para abandonar el frente. La píldora número nueve pronto se transformó en un símbolo de crueldad y desconfianza de parte de los doctores hacia los soldados.
Esta píldora tuvo un legado cultural más que científico. Durante la Guerra se realizaron una enorme cantidad de poemas, chistes y publicidades refiriéndose a la pastilla, formando parte de la cultura y el humor de los soldados.
Estos poemas y chistes, de acuerdo a testimonios de soldados, ayudó a estos a sobrevivir y a hacerles más llevadera la situación de Guerra, y esta fue la verdadera importancia que tuvo la píldora número nueve en la Primera Guerra Mundial.