Abrí los ojos lentamente y a mi alrededor una habitación oscura. Estaba sola, mareada y desorbitada. Frente a mí, se encontraba una gran puerta de metal oxidado y descolorido. No comprendía nada de lo que estaba pasando cuando de repente, al bajar la cabeza y notar esas migajas desparramadas como polvo sobre mi suéter, algunos escenarios borrosos comenzaron a llegar a mi mente.
Un señor vagabundo con aspecto sucio y desarreglado, una calle despoblada tal como un desierto y una caja de galletas.
Intentaba recordar lo sucedido pero mi mente estaba bloqueada. Comencé a oír unos pasos, no sabía exactamente de donde provenían, pero algo en mí tenía la certeza de que no me esperaba algo bueno. Lentamente la puerta se abrió, era él. Aquel señor de mal aspecto el cual aparecía en esos escenarios que llegaban a mi mente. Se me acercó lentamente, sostenía un cuchillo en sus manos. Sentí mucho miedo, me temblaban las piernas y mi corazón latía rápido. Empujé al hombre tirándolo al suelo y corrí sin saber a dónde me dirigía.
Luego de correr como nunca, estando exhausta y sintiendo que mi cuerpo me pesaba al moverme, llegué a una misteriosa puerta con un botón a su lado. Arriba de la puerta, había un cartel con la palabra “salida” escrita en él. Pero a mi derecha, unas escaleras que llevaban a quien sabe donde. Sentía que se me salía el corazón, no sabía qué hacer. ¿Presionaba el botón, o me dirigía por las escaleras? Tal vez ese cartel había sido puesto por aquel hombre y era solo una trampa, o quizás era mi salida para escapar. De pronto, unos pasos comenzaron a escucharse, eran tan fuertes que aparentaba que el piso temblaba. Los segundos para decidir mi destino se me hicieron interminables, cuando finalmente lo presioné.
La puerta se abrió y sin mirar hacia abajo corrí. Noté como mi cuerpo caía a un vacío sin fondo, como aquel hombre me miraba desde arriba y reía psíquicamente. Cuando el aire se me estaba por acabar y mis ojos iban a cerrarse para ya no volver a abrirse, desperté. Todo mi cuerpo estaba sudoroso, me temblaba todo el cuerpo y mi corazón latía como nunca. Estaba por fin en mi habitación, en mi suave y acolchonada cama ¿había sido todo un sueño? Era un alivio, comencé a mover mi cabeza hacia los costados y en uno de los lados de mi puerta, estaba él.