Junio, 2025.
Giraldez, I.
Emmi iba llegando tarde. Por 17 segundos, para ser exactos.
No sé si te preguntas: ¿por qué tenía que ser tan exacta? o ¿a dónde iba? ¿A una clase, una reunión, al trabajo?
Pues no.
Estaba robando las joyas de la corona británica.
Solo quedaban 7 minutos para agarrar los cetros y correr hacia los antiguos ductos de residuos. En tan solo 6 minutos con 45 segundos, se activarían las cámaras y los guardias despertarían de una mezcla de gases tóxicos y químicos peligrosos. Gases que, a la tierna e inofensiva Emmi —no lo digo yo, lo dice toda su familia y amigos—, no le harían nada. Ella solo diría que escuchó en la tele que esos químicos habían llegado a la Torre de Londres por las cañerías, desde un laboratorio.
Y suena lógico, ¿no? Considerando que la última pandemia salió de un laboratorio nivel 5, el más alto.
Bueno, volviendo a la historia: Emmi estaba con un traje de buzo y una bolsa llena de joyas, a punto de irse por el ducto.
¿Que si iba tarde?
Sí, pero su baja estatura y poco peso, combinados con el hecho de que tenía una patineta —algo imprescindible, al parecer, para robar las joyas de la corona británica— la ayudaron bastante.
Y así pasaron las semanas, sin que nadie sospechara de Emmi.