Zunino, Dante.
Un día como cualquier otro, Juan, un niño de seis años, tiene que ir al colegio. Se despierta, se pone el uniforme, y busca sus calcetines preferidos.
-Qué raro, no encuentro mis calcetines rojos -dijo Juan. - Mejor voy a desayunar y los busco más tarde.
Cuando el niño salió de su cuarto, sus pertenencias cobraron vida.
-Hola, chicos, ¿estamos todos? -pregunto Zapatin, el zapato derecho.
-Yo estoy aquí -respondió su hermano Zapaton-.
-¿Alguien vio a mi prometido? -cuestiono Carmen, el calcetín rojo izquierdo.
Nadie respondió. Carmen empezó a averiguar. Se pasó una hora buscando el calcetín rojo. Pero no tuvo éxito.
Por la ventana entró una polilla. La llamaban Polly. Ella venía a buscar cada día algo para comer que estuviera perdido, así no se darían cuenta. Todos entraron en pánico. Debían encontrar a la media antes que ella.
-Mamá, ¿viste mis calcetines rojos preferidos? -pregunto el chico.
-No, hijo, lo siento. ¿Qué tal si vamos a tu dormitorio y la buscamos? -propuso su madre-. No querrás llegar tarde a la escuela.
-Sí mamá.
Mientras sus zapatos buscaban a la media, escucharon un grito de ayuda. Era Collin, el calcetín perdido… ¡Con una polilla encima!
-¡Chicos ayuda! -gritaba frenéticamente la calceta color Carmesí.
-¡Amor, ya voy! -le respondió su esposa.
Era una situación de vida o muerte. En la cabeza de Carmen todo tipo de dudas iban y venían. ¿Qué pasa si Polly gana? ¿Volvere a ver a Collin?
-¡Todo está perdido! -gritaban las zapatillas entre lágrimas.
De repente, Juan entró con su madre y vieron la escena.
-¡Una polilla! -gritaba su madre- ¡Fuera animal desgraciado! ¡Púa!
Mientras la mamá del niño daba golpes al aire rápidamente para que aquel insecto saliera por la ventana, Juan agarró sus calcetines y se los puso. Ató los cordones de sus zapatillas y estaba listo para ir a la escuela
-Y, de repente, ¡mis zapatos estaban moviéndose! Y la otra media estaba acercándose para salvar a su marido de la polilla Polly. ¡Fue increíble! -le dijo Juan a toda la clase.
- Wow, qué maravillosa historia Juan -decía su maestra, que no le creía para nada.
Sus compañeros aplaudían. Mientras tanto…
-Carmen -decía Collin-... pensé que te iba a perder.
-Claro que no, siempre estaremos juntos, hasta que las polillas nos separen -le respondió.
Ahora, todas las pertenencias vivían felices para siempre. Y la madre de Juan se asegura de cada vez en cuando poner repelente de polillas. Polly nunca más se asomó a la ventana… ¿O sí?