Era una fría noche de invierno, el resplandor de la luna se asomaba por la ventana de mi laboratorio y el ambiente gélido había hecho que mis manos perdieran total sensibilidad, era como si no las sintiera. En fin, un día más de trabajo como cualquier otro.
Hacía un tiempo ya, estaba investigando sobre la luna para poder cumplir mi sueño, aterrizar en ella por mi propia cuenta y compartir mi logro con la humanidad.
El silencio del laboratorio repicaba entre las paredes mientras miraba la superficie lunar con mi telescopio junto a mi humeante compañero de frías noches: mi café. De pronto, me pareció ver unas figuras extrañas moverse por los cráteres de la luna. Al principio creía que era mi imaginación debido a que no dormía hacía varias noches. No le di demasiada importancia y decidí reposar mi exhausto cuerpo sobre mi cómodo asiento de cuero el cual me relajaba de manera indescriptible.
Una vez recuperado, volví activar el trabajo y recordé lo que había visto, enseguida quise sacarme la duda si aquello había sido producto de mi fantasía o no.
Nuevamente, miré por el frío y opaco lente de mi humilde telescopio, y para mi sorpresa allí estaban esas figuras extrañas. Al verificar este novedoso e impactante hallazgo puse manos a la obra en la construcción de un cohete el cual me pudiera acercar y mantener un contacto con estas criaturas. Me movió una pasión incontenible que casi sin darme cuenta, en cuestión de pocas horas, mi creación se había convertido en una nave espacial hecha con sobrantes de inventos anteriores.
Después de muchas horas, siendo víctima de mi cansancio, apreté el botón equivocado y el cohete partió olvidándose de mí. Una gran tristeza, angustia y rabia me invadieron hasta que me quedé dormido.
De repente, una intensa ráfaga de luz brillante interrumpió mi sueño: ¿era mi nave? ¿Por quién estaba tripulada? ¿Venía hacia mí?
Mis ojos no daban crédito de lo que estaban viendo, aquellos pequeños habitantes lunares se acercaban cada vez más hacia mí.
¿Qué intenciones tendrían?, me pregunté.
Sin dudarlo, puse en marcha una serie de estrategias para lograr entablar una conversación con estas criaturas.
Finalmente, pude averiguar el motivo de su visita y ellos respondieron todas mis dudas acerca de su especie. Pero, a la mañana siguiente, todas esas pequeñas criaturas que un momento estuvieron a mi alrededor habían desaparecido y su paradero era incierto.
Luego, vi una carta que decía que su existencia no podía ser descubierta, por ello su inesperada y rápida vuelta a casa. Sin embargo, mantuvimos el contacto a lo largo del tiempo siempre con la esperanza de algún día volvernos a encontrar.