Arenas, D.
Era un día muy lluvioso, y Lara estaba muy aburrida sin saber qué hacer. Hasta que su mamá le dijo que fuera a comer. Lara comía tranquilamente cuando, al tocar el piso con el pie, sintió algo con la textura de una llave. Miró bajo la mesa y allí estaba, nada más y nada menos que una llave. Se preguntó qué hacía esa llave debajo de la mesa, la tomó y se fijó si encajaba en alguna cerradura de la casa. La observó durante un tiempo, hasta que se dio cuenta de que no encajaba en ninguna cerradura de su casa. A pesar de esto, decidió probar. Había probado en casi todas las habitaciones, hasta llegar a la última.
Ella nunca había entrado a esa habitación antes, ya que siempre estaba cerrada con llave. Lara pensó que tal vez esa llave era para esa puerta que siempre había querido abrir. Así que, asustada pero emocionada, decidió tomar la llave e intentar abrir la puerta de esa sala oculta.
Quedó paralizada. No podía creer lo maravilloso que se veía ese lugar. Decidió avanzar, ya que si el lugar le había parecido hermoso a simple vista, no podía imaginar lo que encontraría al explorarlo más a fondo.
Siguió observando y quedó más impresionada de lo que había imaginado. Había cosas extrañas e increíbles. Animales que hablaban entre sí, plantas con un estilo similar a las carnívoras (que se abren y cierran), árboles de dulces y muchas otras cosas que a Lara le parecían impresionantes.
Ella pensó que ese lugar era un paraíso total, así que decidió quedarse allí unas horas más. Pasó una hora, dos, tres, cuatro e incluso cinco horas, y aún seguía allí, jugando con los animales y recolectando dulces de los árboles de caramelo.
Finalmente, era muy tarde y Lara decidió volver a casa, ya que su mamá podría estar preocupada. Tomó la llave y salió por la puerta por la que había entrado. Cuando llegó a casa, vio a su mamá hablando con su hermano. Le contó lo que había visto, pero su hermano la llamó loca y le dijo que estaba diciendo cualquier cosa. Indignada, Lara miró a su mamá en busca de apoyo. Aunque su mamá también le dijo que estaba diciendo cualquier cosa, le guiñó un ojo. Lara quedó pensativa después de ese misterioso guiño y subió a su habitación a reflexionar sobre ello.
Al día siguiente, temprano en la mañana, Lara se levantó para desayunar y vio a su mamá. Aprovechó la oportunidad para preguntarle por qué le había guiñado el ojo. Su madre miró alrededor para asegurarse de que nadie más estuviera escuchando y comenzó a hablar. "Descubrí ese lugar cuando tenía tu edad y vivía en esta casa. Estaba a punto de mostrártelo, pero quería asegurarme de que estuvieras lo suficientemente madura." Lara no podía creer que su madre conociera ese lugar y no se lo hubiera dicho antes. Su mamá tomó su brazo y la llevó hacia la puerta secreta. Sacó la llave del bolsillo y le dijo: "Ahora te transmito mi poder para liderar ese pueblo. Es tu deber cuidar de Villa Alegre." Lara tomó la llave felizmente y se dirigió hacia Villa Alegre con una gran sonrisa en el rostro.