Como todas las mañanas, Pedro escuchó el ruido del buzón, era el cartero que le traía su correspondencia. Sin embargo, hoy no esperaba nada ya que había quedado al día con todas sus facturas este mes. Intrigado, sale de su casa, con la intención de descubrir qué le habrían dejado allí, tal vez simple propaganda. Al abrir el buzón se encuentra con un solitario y maltratado papel que decía: “un pequeño accidente ocurrirá”. Le resultó extraño, ya que dicha carta no estaba firmada. Sin embargo, no pensó demasiado sobre el mensaje y siguió con su día. Seguramente se habrán equivocado de dirección.
Esa misma tarde, mientras Pedro preparaba su merienda, unos sándwiches de jamón y queso calientes, sin querer su muñeca tocó el borde de la asadera, resultando en una leve pero dolorosa quemadura. A Pedro le pareció una interesante casualidad, pero no le prestó mucha atención.
Al día siguiente el buzón volvió a sonar. Pedro se levantó con entusiasmo ya que ese día tenía una importante reunión en el trabajo. Curioso, volvió a abrir el buzón y vio otra carta sin firma. Esta vez la carta decía: “un auto abollado, un salario arruinado”. El joven se encontró extrañado por el mensaje, pero no tuvo tiempo para preocuparse por aquello y se preparó para ir a trabajar.
En el camino un perro se cruzó en la trayecto de su vehículo y sin pensar dio un volantazo. Al mirar a su alrededor, notó que se había estrellado contra un semáforo. Por suerte, el choque tuvo como consecuencia tan solo un semáforo dañado, un auto que necesitaría reparaciones y un pequeño tajo en la frente. Sin embargo, se le había pasado por la cabeza completamente su importante reunión, y al llegar a la oficina se encontró con su jefe sumamente furioso. Pedro le había costado un acuerdo con una compañía importante, y esto causó su despido. El joven se encontró devastado y retornó a su casa desesperado.
A la mañana siguiente no fue el ruido del buzón lo que lo despertó, sino que, ya asustado, se quedó horas esperando por si llegaba una carta. De repente, el buzón se abre solo y aparece una carta. Él no podía creer lo que sus ojos estaban viendo. A una impresionante velocidad la agarra esperando lo peor y sus miedos se materializan, esta le anticipa un funesto desenlace. Pedro deja caer la carta al piso, en ella se puede leer: “viviste una larga vida, ya es hora de que termine”.
Este perturbador mensaje dejó a Pedro horrorizado. Rápidamente corrió a su casa, empacó una mochila con sus necesidades y, sumamente ansioso, tomó camino hacia donde pudiera escapar. Pero en sus últimos momentos de irracionalidad y desesperación, el desdichado joven no prestó atención hacia sus alrededores y, por culpa de un auto que iba de una manera increíblemente veloz, la vida de Pedro llegó a su fin.