Desde el inicio de los tiempos, el hombre ha conseguido desarrollar su potencial intelectual y desenvolverse en la ciencia. Como resultado, ha podido explicar fenómenos diarios y mejorar su andar en el mundo. Sin embargo, una creación consecuente a este avance ha estado actuando como un arma de doble filo en el desarrollo social: las redes sociales.
Las redes sociales son estructuras intangibles que conectan personas dentro de una red informática masiva, el Internet. Aunque hayan comenzado como una mera forma de crear amistades a la distancia, se ha convertido en un catalizador de estándares incumplibles.
Hoy en día, los adolescentes, quienes cada vez se adentran en el mundo de las redes sociales a más temprana edad, están expuestos a las fabricadas “realidades” de los usuarios que comparten fracciones de sus vidas con el resto. En consecuencia, se ven obligados a dejar de lado su privacidad e intentar conformar con lo que las masas consideran ideal. Al buscar validación en un medio que siempre varía, los adolescentes pueden sufrir de baja autoestima.
En conclusión, las redes sociales han aprisionado a los seres humanos para que cumplan con modelos inalcanzables que ellos mismos han creado. La pregunta es cuándo se liberarán.