Era un estafador el cual entre otras cosas logró ¨vender¨ la Torre Eiffel, ejecutar la conocida estafa de la máquina del dinero y engañar a Al Capone.
Reunió a empresarios de la industria de la refundición de metales (chatarrería), para ¨subastar¨ piezas de la Torre Eiffel. Aseguraba ser un alto cargo del Ministerio francés, el cual no quería decir porque según él no tenía importancia. En la reunión se habló de que la Torre Eiffel iba a ser desmontada.
Los invitados hicieron sus ofertas por las piezas. Un día después Lustig recibió todas las ofertas. Ese mismo día una respuesta le llegó a André Poisson, esta decía que su precio era aceptable y debería ir al mismo hotel en el que se realizó la primera reunión.
A la semana, Poisson recaudó el dinero y se dirigió al hotel. Cuando llegó no tardó en preguntar la razón del lugar de la junta. Lustig echó a su secretario, Dan Collins, y dijo: ¨La vida de un funcionario del gobierno no es fácil. Debemos recibir cortésmente, invitar a las copas, vestirnos a la moda y todo ello con un sueldo ridículo… no sé si me explico.¨
Poisson entendió inmediatamente; que tal oferta no podía ser ofrecida en el Ministerio. Lustig lo estaba sobornando y Poisson creía que todos los burócratas de París eran corruptos. Esto no dejó ninguna duda, la oferta era auténtica.
Le dio un cheque y un fajo de dinero (el soborno) y se fue con el título de propiedad.
A las horas Lustig ya había cobrado el cheque, del cual se especula que su valor era de 250.000 francos. Luego Lustig y Collins se tomaron el ¨Orient Express¨ con destino a Viena.
Se alojaron más de un mes en uno de los mejores hoteles de Viena, leían la prensa todos los días pero ninguna noticia sobre ellos aparecía. Mientras tanto la víctima del crimen avergonzado por su incompetencia no alertó lo sucedido a las autoridades.
Seis meses después Lustig y Collins volvieron a ¨vender¨ la Torre Eiffel, pero esta vez el estafado avisó a las autoridades lo sucedido.
Siendo perseguidos en Europa, emigraron a Estados Unidos, donde logró engañar a Al Capone, quien en vez de matarlo se rio y lo dejó ir.
En 1929 volvió a París, donde fue arrestado.