Silencio absoluto. Una luz cegadora me impedía abrir los ojos. De pronto, el violento sonido de un conductor impaciente hizo que mis párpados se abrieran instantáneamente. Miré a mi alrededor intentando descifrar donde me encontraba. Tardé simplemente unos segundos en darme cuenta de que estaba en Central Park. No tenía idea de cómo había llegado ahí ni por qué estaba acostado en ese banco.
-¡Hola, cariño! Llegaste antes.
Di vuelta mi tambaleante cabeza para mirar ante mí una figura que me llenó de tranquilidad. Su bondadosa mirada tan profunda como el océano me observaba extrañada.
-¿Acaso te quedaste a dormir aquí para llegar temprano por primera vez desde que somos novios?- dijo en tono burlón.
Largué una risa y me quedé en silencio. No sabía qué contestar a esa pregunta. Luego la tomé de la mano y la llevé a la cafetería de siempre. Como de costumbre, nos sentamos en la mesa de afuera que recibía la sombra brindada por el viejo olmo que nos acompañaba cada mañana junto con el alegre cantar de sus pequeños huéspedes.
En cuanto nos sentamos, llegó el mesero a tomar nuestro pedido. Desde el momento en que llegó me sentí raro, como si él no supiera que estaba ahí.
-Un expreso y otro doble - dijo Anne señalándome ya que le había comentado acerca de mi dolor de cabeza. El mesero, confundido, miró hacia donde estaba sentado y se volvió dudoso hacia Anne.
-¿Mañana complicada? - preguntó el mesero.
-Al parecer sí - rio Anne.
Se retiró el mesero a preparar nuestros cafés sin haberme dirigido la palabra ni una sola vez desde que llegamos.
Luego de tomarnos nuestros cafés, decidimos salir a caminar al parque como cada mañana. Durante nuestro paseo volví a sentirme muy extraño. Mientras caminábamos, una persona me llevó por delante sin mirar atrás como si ni se hubiese percatado de mi existencia.
El dolor de cabeza seguía sin cesar. Me sentía muy aturdido y no había manera de remediarlo. Me despedí de Anne ya que tenía que irse a su trabajo y volví a sentarme en el banco para buscar algo que calmara mi dolor.
Abrí mi mochila y ahí fue cuando lo vi. El pañuelo verde de Anne. Al verlo mi dolor de cabeza incrementó. Ese pañuelo traía consigo un recuerdo muy fuerte. Sentía que iba a explotar y tuve que cerrar los ojos.
Cuando los abrí de vuelta era la noche anterior y me encontraba sentado en el mismo banco en el que había despertado. Tenía el pañuelo en mi mano. Lo guardé en mi mochila para correr detrás de Anne. Mientras cruzaba la avenida vi como se subía al auto para irse a su casa y se alejaba cada vez más. De repente, escuché el sonido de la bocina de un conductor furioso. Miré para mi costado y quedé totalmente petrificado viendo como el taxi se acercaba velozmente. Cerré los ojos. Silencio absoluto. Una luz cegadora me impidió abrirlos otra vez.