Julio, 2021.
Rivero, M.
Nunca, en toda su vida, había realizado una compra tan absurda. ¿En qué estaba pensando al pagar tanto por tal baratija?
A pesar de todo, ahí estaba ella, caminando por la peatonal Sarandí, luchando ferozmente contra sus nuevos zapatos de taco alto para permanecer en pie. Como si fuese poco, su pesada cartera y el maletín de trabajo le jugaban una mala pasada. No prestaba atención a sus alrededores, pues el agobiante calor del mediodía y la necesidad de almorzar ya la mantenían bastante ocupada.
Súbitamente, sintió el roce del hombro de otra mujer contra el suyo y logró distinguir como la correa de su cartera se deslizaba por su brazo para que la desconocida se la llevara consigo. Una ola de ira hacia la ladrona le recorrió las venas, mas no podía perseguirla gracias a sus inútiles zapatos, ¡vaya calzado despreciable! Sin embargo, no se iba a dejar vencer tan fácil. Sin pensarlo dos veces, tomó uno de sus tacones y lo lanzó ferozmente, apuntando a la cabeza de la otra.
«Un tiro verdaderamente brillante», pensó ella. Tendida en el suelo, yacía desmayada la ladronzuela de complexión menuda y pelo renegrido por la suciedad de la vereda.
Sintiéndose victoriosa, la mujer se acercó a su víctima, le arrebató su tan preciada cartera, se colocó el zapato y siguió caminando, su melena color chocolate meciéndose al compás de su triunfante paso.
Mientras se alejaba del lugar, alcanzó a oír los gritos y aplausos de sus espectadores. Hinchas, que desde el restaurante de la esquina habían presenciado el partido disputado y ahora festejaban la victoria de su equipo.