Labraga, M.
Mayo, 2023.
Miro por el ojo de la cerradura, y se encontró con Marta, la ballena franca austral que había alimentado antes de zarpar.
-¿Qué haces tan profundo, Marta? Le preguntó el Capitán Jose María, que dirigía el submarino 78 de la bahía nacional de Montevideo.
-Nada, solo vine para ver como estabas, ¡Ah!, y mándale un saludo a Martín, que me cae muy bien de paso. Le respondió la ballena, y luego se fue.
-¡Martiiiiin! Grito Jose, -Marta te manda un saludo. -¿Quién es Marta? Preguntó Martín. -Ya sabes, la ballena que hoy alimentamos antes de zarpar, se llama Marta y me dijo que te mandara un saludo. -¿Qué dice Capitán? Las ballenas como esas nunca van tan profundo, de hecho, se morirían si lo fuesen. Respondió Martín, cada vez más preocupado por la salud mental de la persona que manejaba ese submarino, en el que estaría por los próximos 45 días.
José María era un Capitán muy peculiar, era conocido por ser amigo de todas las criaturas que habitaban en el océano Atlántico, él decía que eran sus mejores amigos.
Siempre vestía de una manera peculiar: Llevaba las medias de distinto color, los zapatos desatados, tenía cada uña de diferente color, y siempre usaba el mismo chaleco gris con un parche de ballena en un bolsillo.
A pesar de todo esto, él era muy querido en la marina uruguaya, hasta que cuando cumplió los 56, por ahí, es cuando se empezó a volver loco.
Él decía todos los días:-¡Te lo juro, ese delfín me habló!, o -La medusa de ahí te quiere lejos, me lo dijo ayer. Eso empeoró su reputación, y cada vez fue yendo a menos expediciones en submarinos.
Cuando por fin lo invitaron a una, aceptó sin pensarlo dos veces, lo que Jose no sabía, era que esa sería su última vez en la superficie terrestre.
Todo empezó normal, hasta se encontró con su amiga Marta allí abajo, pero Jose sentía una tensión extraña entre él y su amiga, era como si algo fuera mal, ella no era la misma ballena de siempre, lo notaba cada vez que la miraba, tenía una mirada… Como si estuviera, hambrienta y no se hubiese alimentado en 6 meses. Era raro, pensó, porque él la había alimentado justo antes de zarpar para que no pasara hambre.
Decidió ignorar eso, y su expedición continuó rumbo a las profundidades oceánicas.
Al día siguiente, tuvo otra visita de Marta, y esta vez, la noto más rara aún.
-¡Buen día, Jose! Lo saludo la ballena, -¡Buen día, Marta!, ¿Por qué estás tan feliz?
-Ya sabes, porque por fin encontré un amigo verdadero, de esos que no te abandonan nunca. Dijo la ballena, e hizo una mueca parecida a una sonrisa, según Jose. -¡Me alegro! Te puedo preguntar ¿Quién es ese amigo? Dijo curioso Jose, a lo que Marta le respondió -¡Sos vos, Jose! Siempre estuviste conmigo en todo momento, y creo que es hora de que ¡Vengas a vivir conmigo en las profundidades del océano! Jose se quedó sin habla. ¿Hablaba en serio? Él no quería ir a vivir con ella, pero ya era muy tarde, la ballena lo agarró con una aleta y lo sumergió con ella en las profundidades del océano atlántico.
Martín dice que vio como su capitán se ahogaba solo en el océano, y dijo que antes de abandonar la nave, dijo las siguientes palabras: -Marta, ¡Por favor!, no me arrastres contigo. Y a continuación abrió la puerta del submarino y salió nadando.
La tripulación hizo todo lo que pudo para frenar el agua que se filtraba velozmente, y salieron a la superficie en veinte minutos.
Por ahora, nadie sospecha que secuestré a Jose y sigue viviendo aquí conmigo, mi fiel amigo.
-Marta