Se crió en Dolores, donde fue ganando conciencia sobre su ida de Siria, sobre lo que comentó: "La gente tenía que irse o morir".
A los veinte años, caminaba junto a su hermano por la calle cuando observó que una persona cerca de ellos se caía y se desmayaba. Paralizado y sin saber qué hacer frente a esta situación, decidió inscribirse en la Facultad de Medicina. Fue siempre muy comprometido y destacado, pasando hasta seis horas leyendo en la biblioteca incluso en sus últimos años de vida. "Solo un día faltó, y fue por un tema de salud", dijo una trabajadora de la biblioteca.
Además de estudiar, Tito trabajaba y ayudaba en su casa, hasta que se vio desbordado y se vio obligado a abandonar sus estudios debido a problemas financieros y personales.
Años después, decidió anotarse en la Facultad de Psicología, pero cuando estaba en su cuarto año, a punto de rendir un examen, no pudo hacerlo, y debió abandonar esta carrera también, todo debido al comienzo de la dictadura en Uruguay.
A pesar de todos sus años de intenso y dedicado estudio, Tito nunca llegó a ser ni médico ni psicólogo. Sin embargo, admitió que, de haberlo hecho, no sería feliz, ya que su pasión eran los libros, estudiar. "Este es el único lugar donde se siente bien", dice Karina, haciendo referencia, por supuesto, a la biblioteca. "Ojalá yo tuviera la pasión que tiene ese señor por el estudio", dicen muchos estudiantes.