La luz azul de la sala de interrogación comenzaba a marear al señor Smith, quien sudaba a mares por los nervios. Dirigirse a aquel lugar fue definitivamente la decisión más tonta que había hecho en mucho tiempo. Mientras su mente se agobiaba debido a la incertidumbre, los dos agentes lo presionaron nuevamente:
¿Escuchó lo que le preguntamos señor Smith? ¿Cómo llegó a su posesión la mano del detective Cortéz? - preguntó el más fornido.
El hombre de mediana edad tragó grueso y comentó con la voz temblorosa:
No sé por qué llegó a mí, lo juro. Era una mañana como todas las otras, no tenía ni idea de que esto me pasaría. No bebo, no fumo y siempre respeto las normas de tránsito. Les prometo que jamás haría algo de esta gravedad. Por favor, deben creerme.
Eso estará por verse. Prosiga con su testimonio. - insistió el segundo agente.
Ya les dije, era una mañana como todas hasta que…
Una lágrima resbaló por su mejilla, pero eso no le impidió seguir relatando el suceso.
Era la mañana del lunes, una taza reposaba en la mesa de la sala de estar mientras él iba a revisar su correo. Dentro del buzón, yacía un extraño paquete mojado, sin destinatario ni remitente. Mas sin levantar sospecha alguna, lo ingresó con él a su hogar y lo dispuso sobre la mesa. Tomó nuevamente su taza con café humeante y abrió la caja. Distraído por el noticiero, el señor Smith sumergió su mano y se topó con algo frío al tacto. Un estremecimiento recorrió su cuerpo y quitó su mano por reflejo tirando así el paquete. Al caer, de este salió despedida lo que se veía cómo una mano recubierta en sangre y junto a esta, una pequeña etiqueta atada a su dedo índice. El hombre gritó con miedo y desesperación e intentó alejarse lo más que pudo de aquella extremidad ajena.
En el acto, tropezó con la pequeña mesa ratona, generando un gran estruendo en toda la casa. Smith pudo sentir su corazón latiendo velozmente hasta que entra en contacto con las lejanas palabras del reportero de la mañana:
- Un cuerpo ha sido encontrado esta mañana a orillas del río Monat. La policía sospecha que puede ser del desaparecido Daniel Cortéz, un reconocido detective a cargo del caso del asesino anónimo que ha sido responsable de más de 5 muertes en los últimos meses. La policía reporta que al difunto le han amputado la mano derecha. Los investigadores expresan que ya han iniciado una investigación para encontrar al culpable.
Esto bastó para poner al inculpado en estado de pánico, el cual empeoró cuando de repente llamaron a su puerta. Sin poder controlar su tembloroso cuerpo, la abrió lentamente para encontrarse con la cara familiar de su vecino de al lado, quien lucía más pálido de lo usual. Este entró precipitadamente y vio la mano aún tirada en el suelo.
Me hizo algunas preguntas que no supe contestar y las luces se apagaron. Continuó contando el señor Smith.
Sentí un fuerte golpe detrás de la nuca y caí inconsciente. Después de eso, lo único que recuerdo es haber despertado en medio de la nada con las coordenadas de este lugar y el paquete con la mano dentro, así que no tuve más opción que venir hasta aquí.
¿Y qué hay de su vecino? ¿Sabe algo de él?
Desafortunadamente no, señor agente.
Ambos interrogantes intercambiaron miradas ante el nuevo personaje de la escena del crimen a lo que agregó:
- Entonces… ¿Me creen? ¿Podré volver a casa?
Uno de ellos se aclara la garganta, y le responde sin darle mucha importancia:
- Por supuesto, gracias por la información. Solo debo aclararle que no tiene permitido salir del distrito hasta que el caso se haya resuelto. ¿De acuerdo?
El interrogado asintió y se dirigió a la salida. Una vez fuera, tanteó su bolsillo para verificar que el celular desechable que le había dado su vecino seguía allí. Lo encendió rápidamente para evitar que alguien lo viese y leyó el mensaje que le había llegado al instante por parte de él:
“Has pasado tu prueba, bienvenido a la vida de ser un criminal buscado…”