Era de madrugada y mi casa se encontraba en completo silencio, pero sin embargo no podía dormirme, moría de entusiasmo. Unas horas después, un grito me hizo saltar de la cama. Al instante reconocí aquella voz, era mi madre pidiéndome que me empezara a aprontar. Lo que no sabíamos era que en poco tiempo iba a suceder algo que cambiaría completamente nuestras vidas.
A las 7am, un auto negro estaba estacionado fuera de nuestra casa. Lentamente salimos de ella porque sabíamos que no la íbamos a ver por un tiempo. Esto nos generaba una mezcla de sentimientos pero a su vez nuestras vacaciones estaban comenzando. Luego de un corto viaje, llegamos al aeropuerto. Hicimos el exhaustivo papeleo para terminar en una larga espera en la cual aprovechamos para descansar.
La espera parecía no terminar. Mientras trataba de entretener a mi hermano pequeño, una voz lejana que provenía de los altavoces anunció que ya estaba permitido acceder a las puertas de nuestro tan lejano destino. Por cada paso que daba, mi emoción iba creciendo.
Ya en el avión, nos dirigimos a nuestros asientos en los cuales iban a ser nuestros por un gran tiempo. Sin darnos cuenta, estaba oscureciendo, lo cual significaba que la gran mayoría de los pasajeros se encontraban descansando. Al cabo de un rato, las luces se hicieron más tenues, y el sueño cada vez se iba apoderando de mí, lentamente me fui quedando dormido. Al día siguiente, un rayo de luz apareció repentinamente en mi cara, causando que me despertara. La mañana pasaba y poco a poco la gente iba despertando, hasta que en un momento todos ya estaban desayunando. En seguida, una azafata nos avisó que estábamos a punto de aterrizar. Después de aquel anuncio, nuestro tan deseado destino se podía apreciar por la ventana, tenía muchas ansias de llegar y así poder conocer. Un tiempo después, me encontraba caminando por la calles mientras sentía la cálida brisa del verano.
Nos encontrábamos en un parador típico de la ciudad, cuando de repente una alarma ruidosa empezó a sonar, al principio pensé que provenía de un auto, pero al pasar los segundo supe que era de mi teléfono, advirtiendo que ya era hora de dejar de soñar e ir al colegio a estudiar.