Junio, 2025.
Labraga, M.
A María Antonia siempre le gustaron las muñecas. Desde que era niña, soñaba con tener su propia casa de muñecas. Iba a ser tan grande, que tendría que estar encima de una montaña para poder verla entera. María solía salir todas las tardes a talar árboles con su papá para conseguir la madera necesaria. En su infancia, debió haber talado al menos 40 árboles. Todas las noches, antes de irse a dormir, María arrancaba unas flores de su balcón y se sentaba en su cama. Con las flores en la mano, empezaba a sacarles los pétalos uno por uno, para decidir cosas sobre su casa de muñecas. Arrancaba uno y decía:
—Las paredes van a ser marrones.
Luego arrancaba otro:
—O blancas.
Y otro:
—Marrones.
—Blancas.
Y María seguía así hasta altas horas de la noche, pensando solamente en su casa de muñecas.
Eventualmente, María creció y dejó de jugar con muñecas, pero su obsesión por la casa continuó. En el liceo, se pasaba todas las clases soñando con llegar a su casa para ir a talar árboles, diseñar más muebles o inventar nuevas cosas para agregarle. A todo esto, los padres de María habían empezado a preocuparse al ver a su hija tan centrada en una casa de muñecas. Su papá le decía:
—María, tienes que pensar en algo más que no sea esa maldita casa de muñecas. Ya no vamos a salir a talar más árboles.
Pero eso a María no le importaba, porque ella solo quería terminar su casa de muñecas.
El tiempo seguía pasando, y María seguía igual. Bueno, excepto que se le empezó a caer el pelo, las uñas, las pestañas y la piel. Cuando salía a caminar, los árboles parecían alejarse de ella, como si María fuera algo venenoso.
Los años pasaron, y María siguió juntando madera, haciendo más planos para su casa de muñecas y evitando, en lo posible, a la naturaleza. Ella solía pensar: Cuando comience a construir mi casa, seré tan feliz que todos estarán celosos de mi abundante alegría.
María nunca logró construir su casa de muñecas. Es más, ni siquiera la empezó. Se pasó toda su infancia, adolescencia, adultez y vejez imaginando lo feliz que sería al cumplir su objetivo, tanto así que no le dio tiempo para hacerlo. Pensó tanto en el futuro y en las cosas que le esperaban, que se olvidó del presente y de las cosas que ya tenía.
Curiosamente, si ahora vas al cementerio donde yace María, y encuentras su tumba, verás que es la que tiene más flores alrededor. Y no es porque personas las hayan dejado allí, sino porque crecieron solas...