Labraga, M.
Él vivía en una montaña, en un bosque bastante alejado del pueblo, pero aunque no le gustaran las personas, igualmente tenía que ir todos los viernes al pueblo a comprar la comida y sus herramientas de carpintería, para luego vender muebles los sábados desde las ocho hasta las seis.
El pueblo era tranquilo, nunca pasaba nada muy extraño; Pero un día, cuando el carpintero terminó de vender unas mesas de madera de roble recién lustradas, se encontró con un cuerpo muerto en el camino.
Se sorprendió, y dio un salto hacia atrás, ¡Era el cuerpo de la señora que le acababa de comprar dos de sus mesas! Esto no podía estar pasando, era el pueblo más tranquilo de toda la zona, pero aun así, allí estaba ella, tirada en el suelo, sin vida.
A la mañana siguiente, todo el pueblo se quedó sorprendido por el asesinato de la señora Gómez, ya que era la mujer más amable del pueblo. Obviamente, todos sospecharon de la misma persona: El carpintero.
Él sabía que no era culpable, pero no tenía pruebas para demostrarlo, así que esa misma noche, lo quemaron en la plaza central.
Fue una noche dura, especialmente para sus hermanos, Jose y Matías, que sabían que su hermano no podría haber matado a alguien en su vida, él no sería capaz de matar a una mosca.
Esa misma noche, algo especial sucedió.
La fuente del pueblo empezó a dar muchas vueltas, como si el agua estuviera intentando escapar. El agua se empezó a elevar, y se fue convirtiendo en una forma humana, de 1.81 metros de altura, era bastante similar al carpintero, solo que no tenía ojos, de hecho, era bastante aterrador.
La mañana siguiente fue de lo más normal, parecía que a nadie le importaba la muerte del carpintero, además de a Matías y Jose, ya que él solía ser muy antisocial
Al mediodía, enterraron a la señora Gómez en el cementerio, y José fue a hablar con su hermano para tomar venganza por el carpintero.
El plan era este: Cuando fuera de noche, Matías iba a atar al comisario (que fue quien quemó a su hermano) a una silla, y juntos, lo iban a tirar al río.
Llegó la noche, y todo iba fenomenal, el comisario estaba borracho, y Matías tenía la cuerda y la silla listas, solo faltaba que todos se fueran a dormir y lo harían.
Todo el pueblo estaba dormido, así que ya era hora de tomar acción, pero justo antes de entrar a la casa del comisario, vieron una sombra sentada en la fuente, una muy similar a la de su hermano muerto… Los hermanos se extrañaron mucho, mañana era lunes y todos tenían que trabajar temprano, así que, ¿Qué haría alguien sentado en una fuente a las tres de la mañana? Decidieron acercarse a la misteriosa sombra, y cuando lo hicieron, se dieron cuenta de que esa sombra era ¡El fantasma de su hermano muerto!
El fantasma habló primero: Antes que nada, yo no maté a la señora Gómez, en realidad, ella era mi amante.
Los dos hermanos quedaron shockeados por lo que acababa de decir su hermano muerto, ¿Era verdad lo que decía? De todos modos, decidieron escucharlo.
Él continuó: Verán, la señora Gómez, era la esposa del comisario porque los dos eran los más ricos de la ciudad, y su matrimonio estaba arreglado. El comisario estaba enamorado de ella, pero ella no lo estaba, en realidad, ella estaba enamorada de mí.
Esto enfureció al comisario cuando ella se lo reveló una noche, y decidió acabar con su vida, luego culparme a mí de haberlo hecho, y luego acabar con mi vida también.
Por eso he regresado, vengo a tomar mi venganza, pero no vine solo. De atrás de un árbol, salió el fantasma de una mujer igual a la señora Gómez, que les sonrió a los hermanos del carpintero. -No se preocupen, nosotros nos encargaremos de hacerle pagar al comisario, ustedes váyanse a dormir.
Matías abrazó a su hermano, y José ya estaba llorando hacía rato. -No nos vamos a volver a ver, ¿Verdad? Preguntó José. -Probablemente no, pero no hay por qué llorar, todos morimos, o nos matan algún día. Dijo el carpintero, y después de eso, se dirigió con la señora Gómez hacia la casa del comisario, y desde ese día, nunca más volvieron a ver ni al carpintero con la señora Gómez, ni al comisario.