“Este notable libro [Apocalipsis] es difícil de entender… e imposible de olvidar.”
Earl F. Palmer
El Apocalipsis es el último libro de la Biblia, también llamado Revelación. Su propósito es descubrir o revelar las cosas que pronto deberán suceder. Es la revelación que Dios hizo a su hijo Jesucristo, en beneficio de la iglesia, enviada por su ángel a Juan en la isla de Patmos, quien a su vez la transmitió a las “siete iglesias” y de este modo pasó a toda la iglesia de Cristo.
Las evidencias internas e históricas del libro y la tradición atribuyen a Juan, el discípulo amado, la autoría del Apocalipsis. En el libro se menciona su nombre, Juan, según Apocalipsis 1.1, 4, 9; 22.8. La tradición eclesiástica más antigua en el siglo II, confirmada por Justino Mártir (alrededor del 150 d.C.), Ireneo (alrededor del 180 d.C.) y Melito de la misma época, afirma ser de Juan la autoría. Debido a que el lenguaje de Apocalipsis es diferente del Evangelio de Juan, hay corrientes de estudiosos que creen que el Juan de Patmos no es el mismo apóstol Juan.
(Cerca de 90 - 96 d.C)
Las evidencias indican que el libro de Apocalipsis fue escrito durante un período de extrema persecución a los cristianos.
Las opiniones se difieren en cuanto a la fecha en que se escribió el libro. Veamos:
A) 68 d.C (durante el reinado de Nerón): Algunos estudiosos aplicando el texto de Apocalipsis 11.1,2 sobre la destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C., por el general Tito, aseguran que el libro fue escrito cerca del final del reinado de Nerón, después del gran incendio que casi destruyó a Roma, en el año 64 d.C., y continuó hasta su muerte en el 68 d.C.
B) 69 - 79 d.C (durante el reinado de Vespasiano): Otros estudiosos determinan que el período del reinado de Vespasiano es la época en que se escribió el Apocalipsis. Basado en Apocalipsis 17.10, creen que el libro fue escrito entre el reinado de las dos bestias: Nerón y Domiciano. Sin embargo, en el versículo citado el rey identificado es Vespasiano.
C) 81 - 96 d.C (durante el reino de Domiciano): La opinión más aceptada es la que proviene de la voz de la tradición de los padres de la iglesia primitiva, a través de Ireneo. Afirmó que Policarpo se refirió a Juan como el autor del Apocalipsis al final del reinado de Domiciano. Ireneo conoció a Policarpo y éste conoció a Juan. Existen varias evidencias de que el apóstol fue exiliado a la isla de Patmos bajo las órdenes de Domiciano y regresó a Éfeso después de la muerte del emperador.
El nombre del lugar donde fue escrito es dado por el propio libro, la isla de Patmos (Ap. 1.9), donde Juan fue llevado preso por predicar la Palabra de Dios. Según Jonh D. Davis (1984), Patmos:
“… es una pequeña isla de forma volcánica, que forma parte de las Espóradas del Archipiélago Griego, y que ahora se llama Patino. Está situada lejos de costa meridional de Asia Menor, a unas 30 millas al sur de Samos. Tiene alrededor de 15 millas de circunferencia y nada produce.”
El libro de Apocalipsis se dirige inicialmente a las siete iglesias de Asia: la iglesia de Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardes, Filadelfia y la iglesia de Laodicea. El número siete en este libro es de gran importancia e indica perfección y plenitud.
El mensaje de Cristo a las siete iglesias asiáticas serviría a las iglesias de todos los siglos posteriores. Jesús declaró: “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias” (Ap. 2.11; 3.22).
Al libro de Apocalipsis se le puede dar un triple propósito:
Despertar: Despertar a las iglesias al retorno de los principios enseñados por Cristo y los apóstoles (Hch. 2.42). El abandono del primer amor, la tolerancia al pecado, la atención a las falsas enseñanzas y la tibieza, eran algunas cosas que ya se veían entre los cristianos del primer siglo, necesitando así un despertamiento.
Animar: Animar a los cristianos a perseverar en medio a las tremendas persecuciones que estaban sufriendo bajo la orden de Domiciano, consolándolos con la certeza de que Jesús estaba con ellos, y que la victoria les estaba garantida al final.
Revelar: Revelar eventos futuros que tendrán lugar antes de la segunda venida de Cristo a la tierra. El Apocalipsis cierra la revelación divina escrita a los hombres, sin él las Sagradas Escrituras estarían incompletas y los hombres sin respuestas a sus preguntas sobre el futuro.
Revelación de Jesucristo: Él es el centro del libro, presentado en su mensaje, no como un hombre de dolores, experimentado en los trabajos e indigno entre los hombres, sino como el glorificado, cabeza de la iglesia y triunfante. (Is. 53.3; Ap. 1.13-16).
El estilo presente en el libro es el apocalíptico, un género literario especial utilizado en ambientes judíos desde el siglo II a.C., a veces encontrado en algunos libros canónicos del Antiguo Testamento, principalmente en el libro de Daniel y en el Nuevo Testamento solo en Apocalipsis.
El simbolismo abundante utilizado en el libro de Apocalipsis puede ser difícil de entender para los lectores modernos. Por lo tanto, existe un riesgo de que algunos intérpretes reproduzcan de forma imprudente los mensajes de esta obra, fuera de los parámetros de la verdad de las escrituras. Sin embargo, para la época en que fue escrito, este tipo de figura era de fácil percepción. Nuestra dificultad de comprensión, tal vez, tiene que ver con el hecho de que el autor, suponiendo que sus lectores entendían sus alusiones, no se preocupó en explicarlas. El libro de Apocalipsis puede entenderse correctamente en el contexto de las Sagradas Escrituras.
El género apocalíptico es típico de los períodos de crisis y de persecución, buscando descubrir los propósitos de Dios sobre el futuro, con el fin de traer consuelo a los tristes y abatidos, generando en ellos fe, valor y garantía de victoria. Caracterizándose por imágenes espantosas, símbolos, enigmas, misterios, involucrando ángeles, elementos de la naturaleza, números y expresiones en forma de visión.
El libro de Apocalipsis está dividido en tres partes según el mismo texto lo revela: “Escribe las cosas que has visto, y las que son, y las que han de ser después de estas” (Ap. 1.19).
Las cosas que has visto (Ap. 1): las cosas vistas por Juan antes de escribir el libro. La visión del Señor Jesús glorificado.
Las que son (Ap. 2-3): las cosas reveladas a Juan concernientes a las 7 iglesias de Asia mientras él escribía el libro. El Señor Jesús aquí es visto como la cabeza de la iglesia y hace promesa a los vencedores.
Las cosas que sucederán (Ap. 4-22): Los eventos futuros tendrán lugar en el cielo y en la tierra. En esta última división el Señor Jesús es visto como aquel que triunfa sobre todos los poderes dominantes del mal, estableciendo en la tierra su reinado milenario, juzga a los impíos y trae la realidad de la eternidad.
Existen varias líneas de interpretación del libro de Apocalipsis. Esta diversidad es justificada por la dificultad de entendimiento que tiene debido al lenguaje en él encontrada. Su mensaje probablemente fue entendido por las siete iglesias de Asia, acostumbradas con el estilo literario que involucra símbolos, figuras, números etc. Las escuelas de interpretación más conocidas son: Preterista; Histórica; Simbólica; y la Futurista.
Esta escuela de interpretación coloca los eventos del Apocalipsis en tiempo pasado, afirmando que todo lo que Juan escribió ya sucedió, con la excepción de las cosas relacionadas en los capítulos 19 al 22. Esta línea de comprensión es cuestionable por los siguientes hechos:
Destruye el carácter profético del libro.
No hay armonía entre la historia y los eventos en él predicho.
Los emperadores romanos identificados por las bestias, no poseen las características descritas.
La profanación del Templo Judío relatada en la carta Paulina a los Tesalonicenses (2 Ts. 2.3,4) no ocurrió.
La escuela histórica interpreta el Apocalipsis como la trayectoria de la iglesia a través de los siglos, desde el primer siglo hasta la venida de Cristo. Es decir, desde el tiempo de Juan hasta el día de hoy. La mayoría de los reformadores sustentaba las ideas de esta escuela, ya que consideraban a Roma papal como la bestia. Pero la fragilidad de esta línea de interpretación es vista en la imposibilidad de armonizar los eventos apocalípticos con la historia de la iglesia vivida hasta los días de hoy.
La interpretación dada por la escuela espiritualista considera el mensaje del libro en sentido figurado. Las visiones que él contiene son figuras que representan ciertas verdades o principios espirituales, sin limitación de tiempo, concerniente al bien o al mal a lo largo de la historia, sin estar apegados a hechos históricos. En esta escuela se supone que el mundo estaría cada vez más perfecto y que todos estaríamos entrando en un nuevo reino. Una evaluación de los últimos siglos demuestra que esta línea de interpretación no tiene fundamento. El mundo está cada vez peor y sin perspectivas de cambios.
La regla adoptada por esta escuela es el sentido literal de las profecías. Según ella, las cosas registradas en Apocalipsis desde el capítulo 4 al 22, se refieren al futuro, a menos que los hechos demuestren lo contrario. Esta es la línea de entendimiento que es aceptada y presentada en este trabajo tomando por base las siguientes premisas:
La iglesia de los primeros siglos poseía este entendimiento
Es la que más armoniza con los eventos revelados
Es la interpretación más aceptada entre las presentadas
Como ya se vio, el libro de Apocalipsis se divide en tres partes:
Las cosas ya vistas - Pasado (capítulo 1);
Las cosas que son - Presente (capítulos 2 y 3); y
Las cosas que sucederán - Futuro (capítulos 4 a 22).
I – Introducción al Apocalipsis (1.1-8)
Capítulo 1: O Apocalipse e a visão de Jesus Glorificado (1.9-20)
Capítulo 2: El Mensaje de Jesús a las Siete Iglesias de Asia (2.1-3.22)
Capítulo 3: El Mensaje de Jesús a las Siete Iglesias de Asia (continuación - 3.1-21)
Capítulo 4: La Visión del Trono, Los Veinticuatro Ancianos y los Cuatro Animales (4.1-9)
Capítulo 5: El Libro Sellado, La Dignidad del Cordero y la Adoración General (5.8-14)
Capítulo 6: Los Siete Sellos, La Apertura de los Primeros Seis Sellos (6.1-8.5)
Capítulo 7: Las Dos Multitudes Elegidas (7.1-17)
Capítulo 8: El Séptimo Sello y Sus Trompetas (8.6-12:19)
Capítulo 9: El Séptimo Sello y Sus Trompetas (Continuación) (9.1-21)
Capítulo 10: Juan come el librito que le trajo el Ángel (10.1-10)
Capítulo 11: El Templo, Los Testigos y La Última Trompeta (11.1-19)
Capítulo 12: Profecías Explicativas: La Mujer y el Dragón, Guerra en el Cielo y Batalla en la Tierra (12.1-4:20)
Capítulo 13: Las Dos Bestias:
I - La Bestia que Subió del Mar (Ap. 13.1-6)
II - La Bestia que Salió de la Tierra (Ap. 13.11-17)
Capítulo 14: Las siete Visiones (14.1-20)
Capítulo 15: Los Siete Ángeles y sus Copas (15.1-16:21)
Capítulo 16: Las Siete Copas De La Ira De Dios (16.1-21)
Capítulo 17: La Gran Prostituta (17.1-19:21)
Capítulo 18: La Caída Final De Babilonia (18.1-24)
Capítulo 19: La Alegría y Triunfo en el Cielo, Las Bodas del Cordero y la Victoria de Cristo en Armagedón (19.1-21)
Capítulo 20: La Prisión y el Destino de Satanás, El Milenio, las Resurrecciones y el Juicio Final (20.1-13)
Capítulo 21: Nuevo Cielo, Nueva Tierra y Nueva Jerusalén (21.1-27)
Capítulo 22: La Conclusión de la Revelación de Jesucristo (22.6-21)
Según la línea de interpretación adoptada en este estudio, Apocalipsis, específicamente en su tercera división, se ocupa del campo de la escatología, es decir, de las últimas cosas, de lo que irá suceder.
La palabra “Escatología” proviene de dos palabras griegas: “ESCHATHOS” - Últimas Cosas; “LOGOS” - Tratado o Estudio. Por lo tanto, escatología es el tratado o estudio de las últimas cosas.
En esta unidad se tratarán los acontecimientos escatológicos mencionados en el Apocalipsis, a saber: La segunda venida de Cristo; Las Resurrecciones; Los Juicios; El Milenio y el Estado Eterno.
La segunda venida de Cristo se constituye en una de las más importantes doctrinas de las Escrituras Sagradas. Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento hacen mención de este advenimiento. La iglesia tiene en esta enseñanza su mayor esperanza. Ella predica, enseña, propaga, ama y espera el regreso de su amado Salvador. Esperanza que para ella es viva (1 Pe. 1.3), buena (2 Tes. 2.16), bienaventurada y gloriosa (Tit. 2.13; Rm. 5.2; Col. 1.27). En cuanto al regreso de Cristo, hay unanimidad entre los teólogos de que sucederá. Sin embargo, en cuanto a los aspectos que envuelven esta venida, existen varias corrientes de interpretación, cada una con su opinión y teoría sobre la época en que se llevará a cabo el arrebatamiento de la Iglesia, en relación a la Gran Tribulación.
La iglesia es consciente de la realidad de la segunda venida de Jesús. Y su convicción descansa sobre cimientos sólidos. La promesa de la segunda venida de Cristo es visible en las páginas de las Escrituras Sagradas, conforme: Dn. 2.44-46; Zc. 14.1-9; Dn. 7.13,14; Is. 11. 4-6; Nm. 24.15-19; Jn. 14. 1-3; 1 Ts. 4. 13-18; 1 Pe. 1.9; Jud. 14.15 y Ap. 3.11; 22.12.
La promesa de la segunda venida de Cristo es mencionada en el Nuevo Testamento aproximadamente 318 veces. Este hecho se menciona ocho (8) veces más que la primera venida. Todo el destaque que es dado a este acontecimiento previsto se convierte en la base de convicción para la iglesia.
Veamos las declaraciones que atestiguan que el Señor Jesús vendrá otra vez:
Las declaraciones del Señor Jesucristo: El Señor Jesús declaró varias veces y de varias maneras que regresaría (Jn. 14.3). En sus sermones proféticos; enseñanzas; promesas y parábolas; encontramos estas declaraciones (Mt. 24. 1-14, 24; 25. 14-30; Mc. 13. 1-13; Lc. 21. 5-36; 25; Ap. 3.11; 22.12). Sus declaraciones son fieles, verdaderas y merecedoras de crédito.
La afirmación de los ángeles: En el momento de la ascensión de Jesús, mientras los discípulos aún miraban hacia arriba, aparecieron dos seres celestiales afirmando que el mismo Jesús que había sido llevado al cielo volvería (Hch. 1. 8, 11). Las Escrituras registran que los ángeles de Dios participarán de forma efectiva en la segunda venida de Cristo (1 Co. 15).
Declaración de los apóstoles: Todos los apóstoles de Jesús escribieron sobre ese asunto. Pablo (1 Co. 1.8; 6.14; 1 Ts. 4. 15-18; 1 Co. 15. 51-54; Fp. 3.20,21); Santiago (Stg. 5.7,8); Pedro (1 Pe. 1.5,7; 2 Pe. 3.8-14); Juan y Judas (Jn. 14.1-3; 1 Jn. 2.28; 3.1-3; Jd. 14,15).
Se desconoce el momento de la segunda venida de Cristo. Nadie sabe el día ni la hora en que Él vendrá. Tratar de establecer fecha a lo que Dios no ha revelado es precipitación. Esto es parte integral de los secretos divinos (Hch. 1.6, 7; Dt. 29.29). Jesús afirmó que su regreso estaría precedido de muchas y variadas señales y que ni él ni los ángeles conocían el momento establecido por su propio Padre (Mt. 24.36, 42-44; 25.13; Mc. 13.32,33; 1 Ts. 5.2). Las señales no tienen el propósito de revelar la fecha del regreso de Jesús. Constituyen una solemne advertencia de Dios, indicando a la iglesia la brevedad de ese día glorioso. Y el deseo del Señor es que todos puedan discernirlas, para que no sean tomados por sorpresa en aquel día (Mt. 24, 3-14). En este estudio mencionaremos algunas de ellas.
En la relación de señales que preceden al regreso de Jesús, están señales en el cielo. Así como Dios hizo uso de un fenómeno astronómico para indicar la llegada de su amado Hijo a la tierra como Salvador, así también lo usará para la segunda venida. Jesús, en su sermón profético, declaró: “Entonces habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, las potencias de los cielos serán conmovidas.” (Lc. 21.11, 25,26; Mt. 24.29; Mc. 13.24,25).
Evidencia científica: Con el avance científico, ha sido posible, a través de modernos y poderosos instrumentos, tales como: telescopios, satélites, plataformas espaciales, etc., visualizar, entender y registrar diversos fenómenos astronómicos que han ocurrido; entre los cuales destacamos:
Caída de un meteorito cerca de Ensishein, Alsacia, el 16 de noviembre de 1942;
Impacto de un asteroide, o cometa, con la tierra el 30 de junio de 1908. En Tunguska, Siberia.
Colisión de un cometa con el planeta Júpiter, bautizado Cometa Schoemaker-Levy 9, el 16 de julio de 1994;
La explosión de un cuerpo celeste que se estrelló contra la tierra el 9 de diciembre de 1997, en el sur de Groenlandia.
Los efectos en la tierra: El autor Ricardo L.V. Mascarenhas, refiriéndose a los efectos de esas señales sobre la tierra, declara:
Observe que Jesús no dice que las señales del cielo se sentirán en toda la tierra, mucho menos que devastarán todo el planeta. Habla sólo del terror de la expectativa. Esto puede significar, por ejemplo, la caída de fragmentos de un cometa o un asteroide, que por sus tamaños generarían especulaciones de gran destrucción, pero, por sus composiciones, al entrar en la atmósfera terrestre quedarían reducidos a dimensiones que sólo causarían daños limitados, como los maremotos producidos por los fragmentos más grandes caídos al mar y el oscurecimiento del sol y la luna por la nube de polvo producida por los impactos de los fragmentos más grandes caídos en tierra. Estos fragmentos, que podrían ser decenas o cientos, serían vistos como estrellas fugaces o lluvias de estrellas. Y todo esto tendría lugar en un área geográfica relativamente limitada.
Pero no debemos preocuparnos por la posibilidad de devastación del planeta, porque cualquier evento astronómico de gran amenaza para la tierra no deberá destruirla antes de la venida de Jesús, pues Él mismo nos dice: “Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en una nube con poder y gran gloria.” (Lc. 21.27). Y en Apocalipsis, esto es muy claro: “He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá…” (Ap. 1.7).
Terremotos: El Señor Jesús mencionó señales que sucederán en la tierra, destacando los terremotos (Mt. 24.7). Las estadísticas han comprobado que el índice de la frecuencia de los terremotos ha aumentado con el pasar de los siglos. Los números traen el siguiente registro de los terremotos de grandes y pequeñas proporciones:
En el siglo X - 32; en el siglo XI - 53; en el siglo XII - 84; en el siglo XIII - 115; en el siglo XIV - 137; en el siglo XV - 174; en el siglo XVI - 253; en el siglo XVII - 378; en el siglo XVIII - 640; en el siglo XIX - 2.119; en el siglo XX - 6.500 y en el siglo XXI 14.127 (magnitud 5.0 a 9.9) provocando miles de muertes.
Cambio climático: En estas últimas décadas, el clima de la Tierra ha sufrido grandes variaciones. Las predicciones climáticas para el futuro no son las mejores. Una pregunta se escucha en todo el mundo: ¿Qué está pasando con el clima de la tierra? La acción visible e irresponsable del hombre sobre el medio ambiente es la respuesta a este estado actual de las cosas. Pablo, en su carta a los Romanos, afirmó que la creación gime y está juntamente con dolores de parto. Esto se debe a las agresiones que ha sufrido por la acción del hombre, entre ellas:
La contaminación generalizada, la deforestación desenfrenada y caza furtiva. El informe de la Comisión de la ONU de 2007 advierte sobre la necesidad de cambio en la actitud humana con relación al planeta. Fomenta la acción individual, mostrando que cada persona puede ayudar a reducir las emisiones de gases perjudiciales haciendo cambios en el estilo de vida.
Desastres naturales: El calentamiento global ha desencadenado una serie de cataclismos (Gran inundación, diluvio, derrumbes; gran desastre social). El derretimiento de los casquetes polares, el aumento del nivel de los mares y su invasión en el litoral, huracanes, tornados, tsunami (ola gigante), inundaciones y sequías, son algunos de los efectos catastróficos de esta realidad que está presente en nuestros días.
Inestabilidad de los Gobiernos: Un hecho indiscutible, que constituye una señal más evidente del regreso de Jesús, es la inestabilidad en que viven las naciones. Nadie está seguro de la seguridad futura. Reinos, imperios, democracias se han visto afectados por la inseguridad. Pocos están satisfechos con sus gobernantes actuales. El mundo clama por soluciones urgentes a sus problemas más graves y busca una salida en un líder que esté a la altura de sus expectativas. La inestabilidad reinante abre camino para la ascensión del futuro líder mundial, el Anticristo.
Confederación de Naciones: Pactos, alianzas, acuerdos han sido comunes en los días actuales entre las naciones. El objetivo de estas naciones de unirse es muy amplio y apunta en varias direcciones, incluidas las siguientes:
Paz y seguridad en sus territorios;
Fortalecer sus economías;
Construir un mercado común entre los países aliados;
Armonizar las tarifas aduaneras para facilitar sus importaciones y exportaciones;
Abolir, progresivamente, las fronteras entre los países miembros;
Criar entre los países integrantes una moneda única buscando la unidad de sus economías.
En los pactos entre las naciones confederadas está la cuestión de la supervivencia, la adecuación de las nuevas realidades tecnológicas y las perspectivas de globalización de la economía mundial.
Progreso científico: En sus predicciones proféticas, Daniel declaró que la ciencia aumentaría en los últimos tiempos (Dn. 12.4; Na. 2.4). La generación actual ha sido testigo ocular del admirable avance tecnológico. En las últimas décadas, la ciencia se ha desarrollado como nunca antes en la historia de la humanidad. Los gobiernos han puesto cada vez más recursos a disposición en sus presupuestos anuales para la inversión en investigación científica. Todo esto indica que estamos viviendo los últimos días (del griego “Eschatais” “hémerais”).
Pestes: Otra señal predicha por Jesús para los días previos a su regreso es la de las pestilencias. Grandes han sido los desafíos de la ciencia médica para expulsar este mal de la tierra. Equipos, vacunas, nuevos métodos de terapia se han creado en esta lucha sin tregua contra estos males que afligen a la humanidad. Enfermedades infecciosas como la malaria, la viruela, la fiebre amarilla, la hepatitis, la tuberculosis, las pestes y recientemente el SIDA (Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida) y muchas otras han afligido y cosechando miles de vidas, a los millares.
Guerras: Las guerras forman parte de la historia de las naciones y también del conjunto de señales que preceden al advenimiento de Cristo. El resultado de un estudio minucioso de las guerras determina que el egoísmo ha sido la raíz de todas ellas. La inversión utilizada con los modernos tipos de armas, utilizadas en las guerras, resolvería los graves problemas que la humanidad enfrenta. Muertes, mutilaciones, enfermedades, destrucciones y grandes perjuicios han sido el resultado funesto de las guerras (Mt. 24.7).
Hambre: La humanidad, a lo largo de su historia, ha sido víctima del hambre. El cambio climático, las guerras, las plagas en los cultivos, la falta de recursos naturales y económicos, la negligencia de las grandes potencias, han sido la causa de esta amarga experiencia vivida por el ser humano. El sermón profético de Jesús indica que habrá hambres en varios lugares antes de su venida (Mt. 24).
Tiempos laboriosos:
“También se sabe: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella…” (2 Tm 3:1-9).
Jesús afirmó que los días antes de su venida serían similares a los días de Noé y Lot, donde la indiferencia por las cosas divinas, la incredulidad, la violencia, el sensualismo, la explotación de los atractivos femeninos, la depravación moral eran características de aquellos días. El divorcio y nuevo matrimonio, el nudismo, el adulterio, el sexo prematrimonial, el sexo libre, las diversas perversiones sexuales, el aborto son cosas aceptables en esa sociedad actual, desprovista del conocimiento de Dios y de su voluntad.
Ataque a la Familia: Dios instituyó la familia y estableció principios para su desarrollo. Cada integrante de la familia: esposo, esposa e hijos tienen su rol bien definido en la Palabra de Dios (Ef. 5.22-33; 6.1-4). Y cuando los principios del Creador no son aplicados, la familia corre el riesgo de ser destruida. Satanás ha estado atacando, de forma sistemática y constante a la familia. Su intención es destruirla. Las estadísticas registran que el número de matrimonios está disminuyendo y el número de divorcios está aumentando. La familia es la unidad básica de la sociedad. Su destrucción es la desintegración de la sociedad. La historia atestigua en sus registros que las civilizaciones sobrevivieron o desaparecieron debido a la condición en que vivían las familias.
La preservación moral es uno de los propósitos del matrimonio a la luz de las Escrituras Sagradas, la Biblia. En su ataque a la familia, Satanás ha utilizado todos los medios para difundir conceptos no bíblicos y anti-familiares, con el objetivo de destruir los principios morales establecidas por Dios.
Apego a lo material: Los días previos al regreso de Jesús se caracterizarán por la búsqueda de cosas materiales (Mt. 24.37-39; Lc. 17.26-30). La preocupación de la sociedad actual es qué comer, beber, vestirse y el deleite. Para muchos, la vida se reduce a los días terrenales. Esos piensan que la vida futura es una ilusión de los fanáticos religiosos. Viven y actúan como si Dios no existiera y que todo se acaba con la propia muerte.
Violencia: El alto índice de violencia registrado en las estadísticas ha causado preocupación en las autoridades y población en general. Nadie se siente más seguro ante esta realidad. ¿Qué se puede hacer para solucionar o reducir el problema de la violencia? Esta es la pregunta que ha estado presente en varios segmentos de la sociedad. A la luz de la palabra profética, la violencia está más allá del control humano. Es parte integrante del conjunto de señales de los últimos tiempos. Ella es predicha para los tiempos que anteceden el regreso del Señor Jesús para arrebatar a su amada Iglesia (Gn. 6.11; Mt. 24.37-39).
Apostasía: La palabra profética predice apostasías para los últimos días.
Apostasía, del griego “apostasia” y de “aphistemi”, que traducido es “apartar”. Por tanto, apostasía significa: retirada, abandono, negación; alejarse de la religión o de aquello a lo que antes estaba conectado.
La apostasía es el abandono de la fe cristiana. Ocurre dentro de la Iglesia de Cristo, en la vida de aquellos que tuvieron una verdadera experiencia con Cristo y, por falta de vigilancia y de conocimiento profundo de la Palabra de Dios, se dejaron llevar por las enseñanzas transmitidas por falsos maestros inspirados por demonios. La apostasía ocurre cuando rechazamos las enseñanzas originales de Cristo. Somos exhortados a crecer en la gracia y en el conocimiento de Jesucristo, para que no seamos engañados por cualquier viento de doctrina y lleguemos a la apostasía.
“Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios; por la hipocresía de mentirosos que, teniendo cauterizada la conciencia, prohibirán casarse, y mandarán abstenerse de alimentos que Dios creó para que con acción de gracias participasen de ellos los creyentes y los que han conocido la verdad. Porque todo lo que Dios creó es bueno, y nada es de desecharse, si se toma con acción de gracias;” (1 Tm 4:1-4).
Falsos Cristos: Otra señal antecedente al regreso de Cristo es la aparición de falsos cristos. Esta predicción ha estado cumpliendo fielmente en esta época que estamos viviendo. En varias partes del mundo desde el inicio de la era cristiana, han surgido hombres llamándose a sí mismo Cristo, como lo predijo nuestro Señor Jesucristo.
Falsos Profetas (Líderes, Maestros): El surgimiento de falsos profetas y maestros para los últimos tiempos (del griego “Hysterois” “Kairois”) es una realidad en nuestros días. Estos falsos líderes tienen apariencia de piedad, negando su eficacia en sus vidas con malas obras. A la luz de los registros bíblicos ellos son crueles, hipócritas, mentirosos, codiciosos y buscan sus propios intereses. Y al introducir sus herejías en medio del pueblo de Dios, ha desviado a muchos de la verdad genuina del Evangelio. La recomendación de Jesús es tener cuidado con los tales.
Despertamiento religioso: Y en los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne. Esta es la promesa divina para los días previos al regreso de Jesús, para guiar a sus escogidos que aquí en la tierra viven en esta esperanza. Mientras Satanás ha estado atacando a la Iglesia de diversas maneras, llevando a muchos a una vida de religiosidad conformista, a la indiferencia a las cosas de Dios, tibieza espiritual y negación de la fe; Dios está levantando un poderoso ejército de personas por toda la tierra, revestidos de su Espíritu para realizar la gran y final cosecha de almas que precederá al arrebatamiento de la Iglesia. El Espíritu Santo, de manera gloriosa, ha estado actuando en la iglesia en estos últimos días, promoviendo el despertamiento a una vida de compromiso con Dios y con su Palabra. Manifestándose con la concesión y operación de dones sobrenaturales, separando, preparando y enviando obreros, dispuestos para los grandes desafíos de la evangelización mundial.
Todas las señales mencionadas en este trabajo, predichas para los días previos a la segunda venida de Jesús, de alguna forma o manera ya se han cumplido en algún momento de la historia. Con base en ellas, algunas incluso se precipitaron en determinar la fecha de la venida de Jesús. Sin embargo, la señal de la historia de Israel es inconfundible, precisa y determinante. Israel es la gran señal de Dios para toda la humanidad. Los ojos de Dios están puestos en la vida de este pueblo. El plan divino para la humanidad está directamente ligado a estas personas.
La nación de Israel es descendiente de Abraham. Mientras estaba en Ur de los caldeos, en Mesopotamia, Dios se le apareció y lo llamó a la más sublime de las misiones de traer al mundo al Mesías, el redentor de los pueblos, a través de su descendencia. El llamado divino incluía varias promesas y obligaciones. Entre ellas, una tierra y la formación de una gran nación. En la tierra prometida, la descendencia de Abraham como nación, si observaba atentamente a los mandamientos del Señor y sus preceptos, sería bendecida, próspera, victoriosa y cabeza entre las naciones. De lo contrario, sería maldecida y desterrada entre las naciones del mundo. Al no cumplir en su totalidad, sino en parte, el propósito para el cual fue creada como nación, la descendencia de Abraham fue, varias veces, a lo largo de su historia, dispersada. La peor de ellas se dio en el año 70 de nuestra era, cuando el general Tito invadió Jerusalén, destruyendo la ciudad, incluso el Templo, como predijo Jesús en su sermón escatológico del Monte de los Olivos.
La historia de este pueblo registra cuánto ha sufrido durante su existencia, por su desobediencia y rechazo al Mesías, su descendiente. El castigo que los judíos pidieron ante Pilatos en el juicio de Jesús, diciendo: “Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos.” (Mt. 27.25), se ha cumplido en su caminar histórico. Ningún pueblo ha experimentado tantas persecuciones y atrocidades en su historia como el pueblo judío. Exilios, torturas, martirios, malos tratos, intentos de exterminio masivo y tantas otras cosas; son marcas que este pueblo trae en su historia. Solo un milagro justifica la supervivencia de los descendientes del patriarca Abraham, cuando muchos llegaron a creer en su extinción. Así como Dios afirmó que este pueblo sería dispersado entre las naciones, también garantizó bajo pacto que volvería a ocupar su territorio y sería restaurado como nación.
A mediados del siglo XVIII comenzaron los primeros indicios del cumplimiento de esta profecía, a través de un rabino ortodoxo de una pequeña comunidad cercana a Belgrado (capital de Serbia), la ciudad más grande del territorio de la antigua Yugoslavia, que defendía el regreso de los judíos a su tierra. En 1896, el periodista Theodor Hergl, en una de sus publicaciones, defendió la creación de un estado judío en Palestina. En 1917, Gran Bretaña emitió una declaración a favor de la creación de una nación judía en Palestina, conocida como la “Declaración de Balfour”. El 14 de mayo de 1948, el sueño judío se hizo realidad. El Congreso Provisional del Estado Judío proclamó el establecimiento del Estado Judío, con la participación del brasileño Osvaldo Aranha, con su voto decisivo a favor de Israel. La palabra profética es fiel y verdadera.
El regreso de Israel a su territorio es en la actualidad la gran señal de la brevedad de la venida de Jesús. El rechazo divino hacia los descendientes de Abraham fue temporal y parcial. La existencia de este pueblo está motivada por los propósitos divinos, que existen para ellos en la tierra. Dios prometió restaurar la suerte de este pueblo, a quien Él en Su soberanía había escogido. La restauración según la palabra profética se llevaría a cabo en etapas: restauración nacional, moral y espiritual. La restauración del pueblo judío tuvo su inicio; la nacional ya ocurrió y proseguirá hasta su totalidad en el reino de Cristo en la tierra.
La segunda venida de Cristo es mencionada como un único evento; sin embargo, la misma se manifestará en dos fases.
Una lectura superficial de pasajes bíblicos que aluden a la segunda venida de Cristo sin un estudio profundo, da la impresión de que hay contradicciones en los escritos. Un texto afirmaba que Jesús descenderá del cielo y su iglesia lo encontrará en el aire (1 Tesalonicenses 4.15-17). Otro nos asegura que cuando Él venga, sus pies estarán sobre el Monte de los Olivos. En otro pasaje se afirma que Él vendrá en un abrir y cerrar de ojos. En otro se dice que cuando Él regrese, todo ojo le verá (Zc. 14.9; Ap. 19.11; 20.1-5). ¿Cómo entender estas y otras aparentes discrepancias en los textos relacionados? No existe ninguna contradicción en los textos bíblicos relacionados con la segunda venida de Cristo. La armonía entre ellos se encuentra cuando se visualizan dos etapas de este gran evento. El análisis profundo de los registros bíblicos de la segunda venida de Jesús, indica no sólo la existencia de las dos etapas, sino la clara distinción entre ellas. El cuadro a continuación muestra estas diferencias:
1ª ETAPA
Arrebatamiento (1 Ts. 4.17)
Invisible (1 Co. 15.52)
Descenderá hasta las nubes (1 Ts. 4.17)
Vendrá para la Iglesia (Jn. 14.1-3)
Sucederá antes de la Gran Tribulación (Ap. 3.10; 1 Ts. 5.9)
Librar a la Iglesia de la Gran Tribulación (Ap. 3.10; 1 Ts. 5.9)
Aparecerá como novio (Mt. 25.6-10)
Acompañada de resurrección (1 Co. 15.51,52; 1 Ts. 4.16,17)
Sucederá sin fenómeno cósmico (1 Co. 15.52)
Los incrédulos serán dejados (Mt. 25.10-12)
Los justos serán sacados de entre los impíos (Mt. 25.6-10)
Vendrá con sorprendente alegría (1 Ts. 4.18)
2ª ETAPA
Manifestación personal (Mt. 24.30)
Visible (Ap. 1.8)
Descenderá y pisará en la tierra (Zc. 14.4)
Vendrá con la Iglesia (Ap. 19.14,19)
Sucederá después de la Gran Tribulación (Mt. 24.30; Ap. 19.11-21)
Librar a la Iglesia en la Gran Tribulación (Dn. 12.1; Ap. 13.7)
Aparecerá como Juez y Rey (Mt. 25.31; Zc. 14.9)
Acompañada sin registro de resurrección (Ap. 1.7; 19.11-21)
Sucederá con fenómenos cósmicos (Mt. 24.29,30)
Los incrédulos serán destruidos (Mt. 25.41,46)
Los impíos serán sacados de entre los justos (Mt. 13.40-43)
Vendrá con profunda lamentación (Ap. 1.7)
El arrebatamiento constituye el más grande anhelo de la Iglesia de Jesús. Momento en que ella espera en santidad y vigilia, sabiendo que será trasladada para estar siempre con su Señor y Salvador; donde ya no habrá muerte, ni llanto, ni clamor, ni dolor, porque todo será nuevo.
La palabra “arrebatamiento” proviene del latín “raptus” y significa “llevado rápidamente y con fuerza” (“retirada repentina”, “rápido”, “de repente”) traducida del griego “harpazo” (“agarrar”, “tomar”). En la LXX (Septuaginta) tiene el significado de “arrebatamiento”, ser quitado. En 1 Tesalonicenses 4:17, el apóstol Pablo dice que los creyentes serán “arrebatados” y se encontrarán con el Señor en el aire. Este evento estará marcado por la retirada de la iglesia de la faz de la tierra, momento en el cual también terminará la dispensación de la gracia.
Existen algunas corrientes teóricas de interpretación en cuanto a la época en que sucederá el arrebatamiento de la iglesia, en relación a la Gran Tribulación, que ocurrirá en la tierra, prevista en la palabra profética. Veamos:
1. Los Post-tribulacionistas:
Los teóricos de esta doctrina afirman que la iglesia pasará por la Gran Tribulación, y sólo será arrebatada después de ese período, en la segunda venida de Cristo. Una de las razones por las que los defensores de esta doctrina basan su afirmación es que en Apocalipsis, en los capítulos 4 al 18, que describen el período de la tribulación, en ninguna parte se menciona que la iglesia está en el cielo. Pero, creemos que la iglesia no pasará por la Gran Tribulación. Ella será arrebatada antes de la aflicción que caerá sobre la tierra (según: Ap. 3.10; Rom. 5.9; 1 Tes. 1.10; 5.9). Y en Apocalipsis 21, Juan describe a la iglesia como la esposa del Cordero, indicando que ella fue llevada al encuentro de Cristo antes de la Gran Tribulación.
2. Los Midi-tribulacionistas o Mesotribulacionistas:
Con base en Daniel 9.27 y Mateo 24.1-14, los defensores de esta doctrina afirman que el arrebatamiento de la Iglesia tendrá lugar en medio de la Gran Tribulación. Según esta línea de entendimiento el evento ocurrirá a la mitad de la semana, la Gran Tribulación, cuando se rompa el pacto con el príncipe que ha de venir, el Anticristo. Y que esta primera mitad de la semana corresponde al principio de los dolores predichos por Jesús en su sermón profético de Mateo.
El Dr. Pentecost comenta:
“Según esta interpretación, la iglesia será arrebatada al final de la primera mitad (tres años y medio) de la septuagésima semana de Daniel. La iglesia soportará los eventos de la primera mitad de la tribulación, que, según los mesotribulacionistas, no son manifestaciones de la ira de Dios. Sin embargo, será trasladada antes de que comience la segunda mitad de la semana que, según esta teoría, contiene todo el derramamiento de la ira de Dios. Se afirma que el arrebatamiento sucederá junto con el sonido de la última trompeta y la ascensión de los dos testigos del Apocalipsis 11.”
3. Los Pre-tribulacionistas:
En la interpretación de esta escuela, la iglesia no pasará por la Gran Tribulación. Ella será arrebatada antes de la aflicción que caerá sobre la tierra (Ap. 3.10; Rom. 5.9; 1 Tes. 1.10; 5.9). Esta corriente de interpretación es la que más se armoniza con los relatos bíblicos existentes sobre el tema. Este trabajo trata de la enseñanza de estos intérpretes.
Cuando se habla de la Gran Tribulación, el libro de Apocalipsis no menciona la participación de la iglesia. Ella está presente en los capítulos 1 al 3. Del capítulo 4 en adelante, que se trata de las cosas que sucederán, incluso la Gran Tribulación mencionada en los capítulos 6 al 18, no se la menciona, reapareciendo sólo en el capítulo 19 y en los versículos 7 al 9 y 14, participando de las Bodas del Cordero, para luego descender, para reinar con Cristo.
Las declaraciones, promesas y analogías de Jesús dejan claro que la Iglesia será libre de la Gran Tribulación. El misionero N. Lawrence Olson, al comentar sobre el asunto, escribió lo siguiente en su libro, “El Plan Divino A Través De Los Siglos”:
“La enseñanza de Jesús en Lucas 21.25-36 deja muy claro que el destino de su Iglesia es escapar del castigo que sufrirá el mundo. El versículo 28 dice: ‘Cuando estas cosas (señales en el sol, la luna y las estrellas, angustia entre las naciones, perplejidad, terror, etc.) comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca.’ Esta ‘redención’ se refiere a la ‘redención del cuerpo’ mencionada en Romanos 8.22, 23, que es el traslado del creyente en el momento del arrebatamiento. En Lucas 17.26-30, Jesús hizo la analogía entre los días de Noé en el tiempo del Diluvio y los días de Lot, cuando Dios destruyó las ciudades de Sodoma y Gomorra. Estos juicios no sucedieron hasta que los siervos de Dios estuvieran en un lugar seguro. La promesa de la Iglesia en Filadelfia ‘Por cuanto has guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré de la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero, para probar a los que moran sobre la tierra.’ (Ap. 3.10). La expresión ‘hora de la prueba’, de la cual la iglesia será guardada, en nuestra opinión, solo puede ser la Gran Tribulación, porque es algo de alcance internacional.”
La Gran Tribulación comprende un tiempo de aflicción como nunca antes registrado. La ira de Dios será derramada sobre la tierra sin medida. Jesús afirmó que si aquellos días no se acortaran, habría una extinción de la raza humana. En las enseñanzas de Pablo, la Iglesia no está destinada a los juicios descritos en Apocalipsis.
Según la palabra profética, la Gran Tribulación golpeará al mundo entero; sin embargo, el blanco principal es la nación de Israel. En ese período Dios estará tratando con su pueblo, para luego restaurarlo para siempre.
Los relatos bíblicos del arrebatamiento presentan varias características que marcarán este momento; se producirá de forma inesperada. Jesús dijo que será de sorpresa como la acción del ladrón. En un momento en que nadie esté esperando. El relato bíblico sobre el acontecimiento compara la rapidez del momento con un abrir y cerrar de ojos y el relucir del relámpago (1 Co 15.53; Mt 24.27).
La rapidez con que se llevará a cabo no permitirá su visibilidad, en la Revelación Personal, es decir, en la segunda fase, todo ojo verá al Señor descendiendo sobre el Monte de los Olivos desde donde ascendió al cielo. El arrebatamiento causará una separación entre los que serán arrebatados y los que no serán arrebatados. Solo aquellos que estén en legítima comunión con el Señor Jesús serán arrebatados. La desaparición de personas y la separación que el arrebatamiento causará en la tierra; llevará a muchos a la desesperación y anunciará la realidad de este grandioso acontecimiento (Mt 24.40,41).
Los relatos de Pablo indican que el arrebatamiento de la Iglesia involucrará el cielo, la tierra y el aire, y describe a quienes participarán en el momento de este evento:
El mismo Jesús es el personaje principal del arrebatamiento. El mismo Señor que murió, resucitó y ascendió al cielo, cumpliendo sus promesas, volverá a los suyos.
Los ángeles que hayan participado activamente en la primera venida de Cristo también participarán en la segunda venida. El arrebatamiento tendrá lugar bajo la voz del llamado y mandato del arcángel.
Todos los que murieron en Cristo serán resucitados. En un momento, en un abrir y cerrar de ojos, al tocar la última trompeta. Esta es la primera resurrección y según el Apocalipsis, feliz el que hace parte en ella.
Todos los creyentes que están preparados lo esperan. El arrebatamiento ocurrirá para aquellos que están esperando este momento y están viviendo de acuerdo con la verdad del Evangelio. En los escritos de Pablo sobre el arrebatamiento, declaró que los vivos no precederán a los muertos. En Cristo, los muertos resucitarán primero y luego los vivos serán transformados y junto con ellos se encontrarán con el Señor en el aire.
En cada una de las etapas de la segunda venida de Cristo habrá propósitos específicos. En el arrebatamiento se encuentran los siguientes:
Llevar la iglesia para junto de sí: (1 Co. 6.20; Ap. 5.9; Jn. 17.14-16; 14.1-3; Jn. 3.1-3; 1 Ts 4.17);
Consumir la salvación del creyente: (Rm. 8.23; 13.11; 2 Pe. 1.5);
Juzgar y recompensar a todos: (Mt. 13.30, 40-43; 16.27; 2 Co. 5.10; 2 Ts. 1.7-10);
Introducir la Iglesia en las Bodas del Cordero: La unión eterna de Cristo con la Iglesia es comparada con un matrimonio. Y esa unión se llevará a cabo con el arrebatamiento. La Iglesia, la novia, después de su encuentro en el aire con Cristo, el novio, será juzgada y luego introducida en las Bodas del Cordero, para luego volver a la tierra, junto con Él, para reinar;
Librar a sus escogidos de la Gran Tribulación: (Mt. 24.21, 22; 1 Ts. 1.10; 5.9,10; Ap. 3.10).
Después del arrebatamiento de la iglesia habrá dos eventos que marcarán el comienzo de la vida de los salvos con Cristo: El Tribunal de Cristo - lugar donde la iglesia será juzgada y premiada; y, las Bodas del Cordero - la gran fiesta de recepción de la iglesia en el cielo.
El Tribunal de Cristo es uno de los siete juicios registrados en las Sagradas Escrituras. El apóstol Pablo, al mencionarlo, utilizó la palabra griega “BEMA”, palabra utilizada para describir el tribunal en el que los atletas de la antigua Grecia eran sometidos a juicio, ante el juez de la arena, después de participar en juegos, carreras y otras pruebas deportivas, para ser recompensados por sus logros. Este juicio no es condenatorio, sino recompensa por el bien o el mal que haya sido hecho por medio del cuerpo (2 Co 5.10).
Porque todos debemos comparecer ante el Tribunal de Cristo. ¿Quiénes son los involucrados en este juicio? ¿Dónde y cuándo se dará?
El Tribunal de Cristo es un juicio exclusivo para los salvos, en Cristo. En este juicio el cristiano participará en la condición de siervo. No se trata de juzgar los pecados cometidos, estos ya han sido perdonados en el acto de la conversión. Para los que están en Cristo, ya no hay condenación alguna. Los salvos serán convocados para ser recompensados.
El juez designado es el mismo Cristo. Es por eso que el juicio se llama el Tribunal de Cristo. El Señor Jesús recibió del Padre todo juicio y en esa autoridad evaluará y manifestará la obra de cada uno (Jn 5.22). Delante de él todas las cosas estarán a descubierto.
Está evidenciado en el estudio de la segunda venida de Cristo que el juicio del Tribunal de Cristo se dará en algún momento después del arrebatamiento de la Iglesia, cuando ocurrirá la primera resurrección. (Ap. 22.12; Lc. 14.14; 1 Co. 4.5).
Los intérpretes de la escatología bíblica son unánimes en afirmar que el Juicio de Cristo sucederá después del arrebatamiento de la Iglesia. En cuanto al lugar, las opiniones están divididas. Unos dicen que sucederá en el aire, otros en el cielo. En este estudio, se admitirá como lugar del juicio, el aire.
El pastor Mario Sergio Pompeu, en su artículo, El arrebatamiento de la Iglesia y la Cronología del Fin, declaró:
Hay muchos desacuerdos entre los comentaristas en cuanto a la ubicación exacta del Tribunal de Cristo. Tengo para mí que será en la puerta y en el aire. ¿Dónde me baso? En la Biblia. En la antigüedad, los jueces y los ancianos de una nación solían juzgar a sus súbditos y sus casos en la “puerta de la ciudad” (Gn 19.1,9; 1 Sm 4.13,18; 2Sm 15.2). Booz, llamado el redentor, y diez testigos más de la ciudad de Belén, juzgaron el caso de Rut la moabita, en la “puerta de la ciudad” de Belén (Rut 4.1,2). Y allí, ante aquel tribunal, ella recibió “remuneración de parte de Jehová Dios de Israel.”
En su soberanía, Dios resolvió recompensar la fidelidad de sus siervos. Su fidelidad en el actuar, servir, tratar, administrar, etc., y esto lo hará por medio del Tribunal de Cristo (2 Co 4.1,2; 2 Co 5.10). Jesús dijo que cuando se hiciere todo lo que fue mandado, este no es más que un siervo inútil, porque ha hecho sólo lo que le fue exigido (Lc 17.10). Por lo tanto, no será el mérito de alguien lo que lo hará merecedor de la recompensa, sino la gran bondad del Dios soberano (Sal. 31.19). Nada de lo que se hizo pasó desapercibido para el justo Señor. Todo fue registrado en los libros celestiales. Incluso un vaso de agua dado a una persona sedienta será recompensado. (1 Co 15.58; 2 Tm 4.8; Hb 4.13; Mc 9.41).
Se evaluarán los trabajos realizados. El fuego será el elemento usado para probar la calidad de cada obra realizada. Estas obras son comparadas figurativamente por el apóstol Pablo con seis tipos de materiales: oro, plata, piedras preciosas, madera, heno y paja. Los tres primeros son resistentes al fuego, los otros son perecederos. Las obras resistentes al fuego simbolizadas por el oro, la plata y las piedras preciosas son las que se realizan con buena voluntad, calidad y para la gloria de Dios. Los perecederos representados por la madera, el heno y la paja son las practicadas en beneficio propio, autopromoción y de manera descuidada. A la luz de la revelación paulina, sólo las obras que resistan el fuego serán galardonadas.
Se evaluará también la forma de trato de cada uno con su prójimo, especialmente con los hermanos en la fe. Todo lo que se haga al prójimo, ya sea por hecho, palabra o incluso por omisión, será juzgado. El mandamiento de Jesús es que todo lo que queramos que los demás hagan por nosotros, también lo hagamos por ellos (Mt. 7.12; 10.42; 22.37-39; Gal. 6.9,10). E incluso:
La Mayordomía:
como administradores de bienes que no les pertenecen, el cristiano será juzgado por la forma en que ejerció su función. ¿Qué hizo con su tiempo, su potencial, sus talentos, las oportunidades recibidas, las responsabilidades confiadas y tantas otras cosas pertinentes a su mayordomía? La fidelidad del creyente como mayordomo del Señor será el gran diferencial de ese día. Ante esta realidad, cada uno debe analizar cómo está siendo su vida, ante aquel con quien va a tratar.
Nadie será condenado en este Tribunal, todos serán absueltos. El juicio se refiere a la calidad de las obras y no al practicante de las obras. El texto bíblico más completo sobre el juicio de Cristo asegura que el fuego divino probará la obra de cada uno. Si la obra de alguno se quema, sufrirá detrimento, pero será salvo.
El objetivo principal de este Tribunal es recompensar a los que fueron fieles, diligentes, responsables y perseverantes hasta el fin, en el ejercicio de su mayordomía. El galardón a ser recibido se hace posible por un acto de soberanía, bondad, justicia y fidelidad divina y no por méritos personales alcanzados.
El Tribunal de Cristo es un juicio exclusivo de aquellos que han sido arrebatados. Sin embargo, no todos serán galardonados, a pesar de pertenecer al número de los salvos.
El teólogo Donald C. Stamps, escribió:
“En este juicio, hay la posibilidad de que el creyente, aunque salvo, sufra una gran pérdida” (del griego “zemioō”, que significa “sufrir pérdida o daño”). El creyente negligente corre el riesgo de sufrir pérdida, a saber:
Sentimiento de vergüenza en la venida de Cristo (2 Tm. 2.15; 1 Jn. 2.28);
Pérdida del trabajo que hizo para Dios en su vida (1 Co. 3.12-15);
Pérdida de la gloria y honor ante Dios (Ro. 2.7);
Pérdida de oportunidad de servir y de autoridad en el cielo (Mt. 25.14-30);
Posición inferior en el cielo (Mt. 5.19; 19.30);
Pérdida de galardón (1 Co. 3.14,15); y
Retribución por la injusticia cometida contra el prójimo (Col. 3.24,25).
Estos textos bíblicos deben grabar en nuestras mentes la necesidad de una dedicación total, incluida la fidelidad y abnegación en el servicio de nuestro Señor. (según, Ro. 12.1,2; Flp. 2.12; 4.3).
En las Escrituras se mencionan varias recompensas para los que aprueben el juicio en el Tribunal de Cristo. Entre estos, se destacan las siguientes:
Privilegios y responsabilidades (Mt. 25.14-30)
Posición de destaque (Mt. 5.19; 19.30)
Recompensas
Corona Incorruptible (1 Cor. 9:25-27) - para el que vence la carne;
Corona de Justicia (2 Tim. 4:8) – para los que aman su venida;
Corona de la Vida (Santiago 1.12) - para los que soportan las probaciones por amor al Señor;
Corona de la Gloria (1 P. 5.4) - para los que cuidan fielmente del rebaño (vs. 1-3)
La figura del matrimonio se usa varias veces en las Sagradas Escrituras para expresar la relación de Dios con su pueblo. Dios en el Antiguo Testamento se presenta como esposo y su pueblo como esposa (Is. 54.5,6; Ez. 16; Os. 2 y 3). En el Nuevo Testamento, Cristo es identificado como el novio y su iglesia como la novia. (Mt 9.15; 25.1-13; 2 Co. 11.21).
La palabra “bodas” proviene del latín “vota” y significa “votos”, en alusión a los votos matrimoniales con motivo del matrimonio. El término “Bodas” aquí se usa en plural porque, la celebración de la fiesta de matrimonio judía duraba de siete a catorce días. (Jue. 14.12).
Las Bodas del Cordero es la celebración de la unión eterna de Cristo con su amada Iglesia. Y también, el cumplimiento de sus palabras, en la institución de la Cena, cuando dijo que cenaría con ellos en la casa del Padre. (Mt. 26.29).
El apóstol Juan escuchó en el cielo el anuncio de la llegada de las bodas del Cordero. ¿Quién es este Cordero y quién será su novia? El Cordero es nuestro amado Salvador Jesucristo.
Él es presentado en el Nuevo Testamento y especialmente en el libro del Apocalipsis como el Cordero. Profetizado y prefigurado en la Pascua judía en el Antiguo Testamento. El Cordero sin mancha (1 P. 1.19), que fue inmolado (Ap. 5.6,12), que quita el pecado del mundo (Jn. 1.29), y es victorioso (Ap. 17.14). La novia del Cordero es la Iglesia, su amada, por la cual pagó un alto precio; para tenerla a su lado para siempre (2 Co. 11.2; Ro. 7.4; Ef. 5.24-27,31,32).
El Cordero de Dios se estará uniendo para siempre a su amada (Ap. 19.7). ¡Qué momento tan especial, solemne e indescriptible para la Iglesia siendo conducida a la presencia de Dios y de los invitados, como la novia del Cordero! Las palabras humanas no pueden expresar la grandeza de este momento único, reservado en la eternidad. Se dijo a Juan: Escribe: “Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero”. (Ap. 19.9).
Gloriosa, pura, perfecta es la novia del Cordero y se la vio en la perspectiva celestial lista y preparada para el momento nupcial. Sus vestidos eran de lino fino, limpio y resplandeciente (Ef. 5.25-27; Ap. 19.8). El lino es el símbolo de los actos de justicia. Las vestiduras de la novia, que antes estaban manchadas por el pecado, ahora se emblanquecen mediante la preciosa sangre de Cristo. (1 P. 1.19; 1 Jn. 1.9; Ap. 7.14).
En cuanto al lugar donde se llevará a cabo las Bodas, la visión de Juan es clara y no deja lugar a dudas, será en el cielo. El análisis del capítulo 19 del Apocalipsis revela que la novia del Cordero, es decir, la Iglesia, está ya en el cielo preparada para las Bodas, antes de la segunda venida de Cristo. (Ap. 19.1,7,8,11-15).
Se dará después del Juicio del Tribunal (2 Co. 5.10; Ro. 14.10); antes de la Venida Personal de Jesús para poner fin a la Gran Tribulación e implantar su reino milenario en la tierra (Ap. 19.8,14).
Las Bodas del Cordero tendrá lugar entre el Arrebatamiento de la Iglesia y la Revelación Personal de Jesús, el período correspondiente a la Gran Tribulación. Mientras ella esté en el cielo junto a Jesús disfrutando de las bendiciones preparadas, el mundo estará sufriendo los horrores de la Tribulación. El hecho de que la Boda se realice en este espacio de tiempo no significa que vaya a durar tres años y medio o siete años, porque el mundo espiritual es atemporal, es decir, no está sujeto al tiempo del mundo físico. En el ámbito espiritual, el tiempo siempre es presente. Por lo tanto, no hay una secuencia de pasado, presente y futuro. (Ecl. 3.14-15).
Las acciones se consuman en una dimensión eterna o infinita. Por lo tanto, para todos los que sean arrebatados, nunca habrá la sensación de que solo han pasado algunos meses entre el arrebatamiento y la cena de las bodas del Cordero.
Hay en los Evangelios registro de la realización de una fiesta de bodas (Mt. 22.1-14; Lc. 14.16-24; Mt. 25.1-13). Las que se mencionan aquí no son las mismas que en Apocalipsis (Ap. 19.6, 7). La de los Evangelios se relaciona con la nación de Israel, mientras que la de Apocalipsis se relaciona con la Iglesia. Las bodas de Israel se llevarán a cabo en la tierra y la de la Iglesia en el cielo.
Los participantes de la boda serán: Jesús y la Iglesia, los ángeles, los santos del Antiguo Testamento (Jn. 3.23).
Para algunos autores, los mártires de la Gran Tribulación también serán partícipes de las Bodas - Aquellos que morirán durante la Gran Tribulación por no aceptar a la bestia ni su señal y no adorar a su imagen; también serán parte de los invitados a la Cena de las Bodas del Cordero, quienes serán alimentados por el Cordero y nunca más tendrán hambre, ni sed, ni sol, ni calma alguna caerá sobre ellos. (Ap. 7.14-17; 14.13-16; 15.2; 20.4). Sobre este asunto, el pastor Sergio Ap. Guimarães, autor del Libro “Pentateuco da Coleção Teologia” (Pentateuco de la Colección Teología), 2008, comenta:
Pienso que los mártires de la Gran Tribulación no tomarán parte en las Bodas del Cordero, pues habrá muerte de personas durante todo el período de la Gran Tribulación, y en este tiempo se realizarán el Tribunal de Cristo y las Bodas del Cordero; las Bodas está reservada solo para la Iglesia (compuesta por los santos del Nuevo y Antiguo Testamento).
El estudio de la Palabra Profética indica que habrá un tiempo de gran aflicción que caerá sobre la tierra. Aflicción como nunca hubo desde la fundación del mundo. El registro de este período se encuentra tanto en las páginas del Antiguo como del Nuevo Testamento. El libro de Apocalipsis es el que trae más información sobre el acontecimiento.
La Gran Tribulación se describe en las Escrituras con varios nombres. Estos nombres aplicados a la Tribulación expresan el carácter de ese tiempo. Aquí están algunos de esos nombres:
Grande Tribulación (Mt. 24.21)
Angustia de Jacob (Jer. 30.7)
Hora de la Prueba (Ap. 3.10)
Día de Jehová de los Ejércitos (Is. 2.10-22; Jl. 1.15; 2.1; 3.14; Am. 5.18-20)
Tiempo angustia (Dn. 12.1)
Día de venganza (Is. 63.4)
Día de Dios (1 Ts. 1.10; 5.9)
Día de Ira (Sof. 1.15-18; 1 Ts. 1.10; 5.9)
Ese período de aflicción, que involucrará al mundo, fue revelado a varios profetas de Dios en el pasado.
La Visión de Jeremías: El profeta vio a la nación de Israel siendo liberada del yugo de las naciones, pero antes de que eso sucediera, pasó por un período de angustia. (Jer. 30.4-9)
La Visión de Ezequiel: Ezequiel tuvo la misma visión que Jeremías. Israel vuelve del cautiverio, después de haber pasado por la vara del Señor y siendo refinado por el fuego. Un remanente fiel volverá a su tierra y no profanará más el nombre de Dios por medio de la desobediencia o la idolatría. Este grupo de fieles disfrutará de las bendiciones del nuevo pacto. (Ez. 20.34-44)
La Visión de Daniel: En su visión, el profeta Daniel, vio a Miguel, el gran príncipe del Señor, peleando por Israel; librando a los fieles de un tiempo de angustia, como nunca hubo desde que hubo nación, hasta aquel tiempo. (Dn. 12.1)
El Señor Jesús fue quien más trajo luz sobre el asunto. En su sermón escatológico del capítulo 24 de Mateo, trajo un resumen de los acontecimientos que implicarán este tiempo de ira y venganza divina. Sin embargo, en el libro de Apocalipsis, Él reveló en detalle todo lo que sucederá en este período. De los veintidós capítulos que contiene el libro, doce están dedicados al tema de la gran tribulación, desde el sexto hasta el décimo octavo.
Será Grande: El mundo ha sido escenario de grandes aflicciones. A lo largo de los siglos, la humanidad ha sido afligida por guerras, hambre, epidemias, enfermedades, inundaciones, terremotos, plagas, juicios divinos, etc. Pero ninguna de estas experiencias vividas por los habitantes de la tierra se compara con lo predicho (Mt. 24.21; Dn. 12.1). Durante este período, Dios derramará Sus juicios sobre los hombres por el trato dado a Su Hijo Jesús y a sus santos siervos.
Será Universal: Un análisis de la Palabra Profética revela que la tribulación alcanzará a toda la tierra (Ap. 3.10; 7.9,14,15; 13.7,8; Dn. 7.23; 12.1). Sólo la Iglesia de Cristo ya arrebatada, como ya se estudió, estará libre de la ira divina (1 Tes. 5.9; 3.10).
Será Abreviada: Los días de la Tribulación se acortaron, de lo contrario habría una extinción de toda clase de vida en el planeta (Mt. 24.21). Tendrá una duración de siete años. Este tiempo se basa en el estudio de las setenta semanas de Daniel (Dn. 9.24-27).
Dios le reveló a Daniel, por medio del ángel Gabriel, que había determinado setenta semanas sobre el pueblo de Israel, con los siguientes propósitos:
1° Extinguir la transgresión
2° Dar fin a los pecados
3° Expiar la iniquidad
4° Traer la justicia eterna
5° Sellar la visión y la profecía
6° Ungir el Santo de los santos
Estas semanas proféticas serían de años y no de días. Lenguaje ya conocido por los judíos desde hace mucho tiempo (Gn 29.20,27; Lv 25.8). No habría condiciones para el cumplimiento del programa establecido por Dios en semanas de días. ¿Cómo reconstruir y destruir la ciudad de Jerusalén en 490 días? ¿y de establecerse una alianza por una semana?
1° Grupo - 7 semanas = 49 años
2° Grupo - 62 semanas = 434 años
3° Grupo - 1 semana = 7 años
Según la revelación divina, el inicio del primer grupo de semanas se daría con la salida del decreto para restaurar y edificar Jerusalén. La Biblia menciona cuatro decretos:
El de Ciro 536 a.C. (2 Cr. 36.22,23; Esd. 1.1-3).
El de Darío entre 521 - 486 a.C. (Esd. 6.6-8).
El de Artajerjes en el año 7° año de su reinado 458 a.C. (Esd. 7.12,21).
Del mismo Artajerjes en el año 20° año de su reinado
El cuarto decreto, el de Artajerjes, es lo que marcó el inicio de las primeras siete semanas (Neh. 2.1-6).
El segundo grupo de semanas comenzó poco después de la finalización del primero y terminó con la crucifixión del Mesías (Dn. 9.26).
El estudio de las setenta semanas muestra que hubo una ruptura en la sucesión de semanas. El tercer y último grupo aún no ha comenzado. Israel rechazó al Mesías y Dios de forma parcial y temporal, suspendió sus relaciones con su pueblo, deteniéndose así, con el contaje de las semanas. Esta posición divina trajo la salvación a los gentiles y el surgimiento de la iglesia de Cristo, revelando así un misterio que había estado escondido desde la eternidad (Ro. 11.11; Ef. 2.13,14; 3.26). La iglesia vive en el intervalo entre la sexagésima novena semana y la septuagésima. Este período se llama: Intervalo Profético, Era de los Gentiles, Dispensación de la Iglesia y Plenitud del Tiempo (Gl. 4.4).
Según los comentaristas que defienden la línea de interpretación adoptada en esta obra, la última semana es el período de la Gran Tribulación, cuyo comienzo está determinado por el arrebatamiento de la iglesia.
El Dr. Henry Clarence Thienssen, comenta:
Si, por lo tanto, la septuagésima semana representa el período de la Gran Tribulación, entonces tenemos aquí la información de que durará siete años. Armonizándose con esto, la segunda mitad del período se menciona en otro lugar como “un tiempo, tiempos y la mitad de un período” (Dn 7.25; 12.7; Ap 12.14), como “cuarenta y dos meses” (Ap. 11.2; 13.5) y como 1.260 días (Ap. 11.3; 12.6, cf. Dn. 12.11,12). Esto es quizás todo lo que se puede decir sobre la duración del período.
El Surgimiento de las Bestias
En su revelación apocalíptica, Juan vio aparecer dos bestias. Uno que subió del mar y el otro de la tierra. Quiénes serán estas bestias que serán parte de los acontecimientos de la Gran Tribulación.
La Bestia que subió del mar es un hombre que proviene de entre los pueblos y naciones (Ap. 17.15). En la Palabra Profética se la identifica con varios nombres: Príncipe que ha de venir; Anticristo; Bestia; Hombre de pecado; Inicuo.
Será un líder mundial dotado de poder y de sabiduría de Satanás para gobernar el mundo. Su espíritu ya está obrando en el mundo, pero sólo se manifestará después del arrebatamiento de la iglesia y la salida del Espíritu Santo de la tierra, que es el poder que detiene su manifestación total en la tierra.
Al apoderarse de la tierra como gobernante mundial, hará un pacto con la nación de Israel por una semana, es decir, siete años. Establecerá una ficticia y transitoria paz en la tierra que se encuentra sumergida en crisis e impactada por el arrebatamiento de la iglesia. Romperá el pacto hecho con Israel a mitad de semana al declararse ‘Dios’, apoderándose del templo en Jerusalén, profanándolo e impidiendo la adoración del Señor. Con la ruptura del pacto, se desencadenará el período final y más crítico de la Gran Tribulación, el diluvio de la ira divina a través de los sellos, trompetas y copas registrados en Apocalipsis.
Entonces surge de la tierra y de entre los hombres la segunda bestia. Ella será un líder religioso y llamado Falso Profeta (Ap. 13). Ejercerá todo el poder de la primera bestia. Y mediante grandes señales engañará a los que habitan sobre la faz de la tierra. Mandará que se haga una imagen de la bestia que pueda hablar y que sea adorada bajo pena de muerte a los que no la adoren. Providenciará una marca para la frente y la mano, para que nadie pueda comprar o vender sin tal señal e identificación (Ap 13).
El surgimiento de las bestias revela la existencia de una trinidad satánica, operando en el período de la Gran Tribulación: El Dragón (Anti-Dios), la Bestia (Anticristo) y el Falso Profeta (Anti-Espíritu).
O. S. Boyer (1983) escribió: “como el Padre ungió y envió a su Hijo, así el Dragón ungirá y enviará a su representante, el Anticristo.”
La otra bestia que Juan vio salir se llama el Falso Profeta (Ap. 16.12,13; 19.20; 20.10). Es un maestro y líder religioso. Él hace varias cosas para imitar al Espíritu Santo:
(1) obra falsos milagros para engañar a todos, llevando así al mundo a adorar a la primera bestia (Ap. 13.12);
(3) trata de imitar el poder que solo Cristo tiene para dar vida (Ap. 13.15);
(4) él sella a sus seguidores para el día de la perdición (Ap. 13.16; 14.9-11), imitando al Espíritu Santo que sella a los creyentes para el día de la redención (Ef. 1.13,14).
Los siete años de Tribulación se dividen en dos partes de tres años y medio. En la primera etapa habrá la falsa paz promovida por el Anticristo hasta que se rompa su alianza con la nación de Israel. La segunda etapa será el momento en que vendrá el diluvio de la ira divina sobre la tierra a través de sellos, trompetas y copas.
1° Sello — Jinete Blanco (Falsa paz)
2° Sello — Jinete Rojo (Guerra generalizada)
3° Sello — Jinete negro (Escasez de alimento)
4° Sello — Jinete Amarillo (Mortalidad mundial)
5° Sello — Santos martirizados
6° Sello — Cataclismos en el cielo y en la tierra
7° Sello — El sonar de las trompetas
1ª Trompeta — un tercio de la tierra consumido por el fuego
2ª Trompeta — un tercio del mar es destruido
3ª Trompeta — un tercio de agua potable se vuelve impropia
4ª Trompeta — el sol pierde un tercio de su luminosidad
5ª Trompeta — Primero ay (Langostas del abismo)
6ª Trompeta — Segundo ay (Un tercio de los hombres mueren)
7ª Trompeta — Tercer ay (La apertura de las Copas)
1ª Copa — Tumores y pestes generalizadas
2ª Copa — Muerte de toda la vida marina
3ª Copa — Total pérdida de las aguas potables
4ª Copa — Irradiación solar grave, provocando la muerte de los hombres
5ª Copa — Dolores insoportables
6ª Copa — Inicio de la Batalla del Armagedón
7ª Copa — Destrucción de Babilonia
Al final de la Gran Tribulación entre la sexta y la séptima copa, en el lugar llamado Armagedón, ocurrirá esta batalla. Armagedón o reunión de tropas, del griego “Armagedon” y en hebreo “Har Meghid-dóhn”: Monte Megido es el nombre de un valle ubicado en el centro-norte de Palestina, donde ya ocurrieron varias guerras.
Marvin R Vincent dijo:
Megido estaba situado en la llanura de Estrelón, que fue el sitio elegido para el campamento en todas las batallas en Palestina desde los días de Nabucodonosor, rey de Asiria, hasta la desastrosa marcha de Napoleón Bonaparte desde Egipto hasta Siria. Judíos, gentiles, sarracenos, cruzados, franceses anticristianos, egipcios, persas, drusos, turcos y árabes, guerreros de todas las naciones bajo el cielo, armaron sus tiendas en las llanuras de Esdrelón y contemplaron sus estandartes nacionales humedecidos por el rocío de Tabor y Hermón.
En esta zona de conflictos, la trinidad satánica reunirá a todos los ejércitos de la tierra para pelear contra Dios, contra Israel y destruir la ciudad de Jerusalén. En esta hora de aflicción y angustia para los hijos de Jacob, ellos clamarán a Dios por ayuda y Dios intervendrá por ellos. Cristo acompañado de sus ejércitos vendrá en ayuda de Israel, salvando a todos los sobrevivientes de los juicios divinos. Prendiendo a Satanás y enviando a las dos bestias al Lago de Fuego y destruyendo a todos los enemigos, acabando con la Gran Tribulación y estableciendo su Reino Milenario. (Ap 16.6).
(Venida personal - “parousia”)
La segunda venida de Cristo consiste en un solo evento y se llevará a cabo en dos fases, como ya hemos visto en el curso de este estudio. En cada una de las fases, el tiempo, la manifestación y los propósitos son diferenciados. No habrá armonía de entendimiento en el estudio de la segunda venida de Cristo si no se la visualiza aconteciendo en etapas distintas.
La Palabra Profética
La voz profética sobre la segunda venida de Cristo se escucha desde el inicio de la humanidad. Hombres bajo la inspiración del Espíritu Santo trajeron a lo largo de la historia de la humanidad, los secretos del Eterno Dios.
Enoc fue la primera voz en referirse a la segunda venida de Cristo. No habló del arrebatamiento, sino de la manifestación personal del Señor Jesús con miles de sus santos; para hacer juicio contra todos, y para condenar de entre ellos a todos los impíos, por todas sus obras de impiedad, y por todas las palabras duras que los pecadores impíos han hablado contra Él. (Jd 14,15).
En sus visiones, el profeta Daniel contempló a uno semejante al Hijo del Hombre, que descendía sobre las nubes para recibir del Anciano de Días el dominio, la honra y un reino eterno (Dn. 7.13,14). La visión hace referencia a Dios y a Jesús en su segunda venida para establecer su reino eterno, el Milenio, después de la Gran Tribulación.
La segunda venida de Cristo, en su Manifestación Personal, también fue revelada al profeta Zacarías. En su predicción, Cristo desciende a la tierra y sus pies estarán sobre el Monte de los Olivos, para ayudar a la nación de Israel que está rodeada de ejércitos enemigos bajo el mando del Anticristo (Zac. 14.1-4).
En su enseñanza profética Jesús mencionó las dos fases de su segunda venida, es decir, el Arrebatamiento y su Revelación Personal.
Al hablar sobre el Arrebatamiento, declaró que será: Rápido (Mt. 24.27); inesperado (Mt. 24.43-44); Separador (Mt. 24.40,41).
Al referirse a su Manifestación Personal, afirmó que será:
• Visible (Mt. 24.30)
• Sobre las nubes (Mt. 24.30)
• Con poder y gran gloria (Mt. 24.30)
El apocalipsis ratifica las predicciones anteriores y agrega información sobre el advenimiento del Señor Jesús. Juan registra la manifestación personal de Jesús. Él ve el cielo abierto y a Jesús bajando a la tierra con sus ejércitos, como Rey de reyes y Señor de señores. (Ap 19.11-16).
El Tiempo:
La Manifestación del Señor tiene un tiempo definido en la Palabra Profética. Ella ocurrirá al final de la Gran Tribulación. Jesús declaró que después de la aflicción de aquellos días Él se manifestará con poder y gran gloria, tomando venganza de los que no conocen a Dios y de los que no obedecen al Evangelio. (Mt. 24.29,30; II Ts. 1.7,8).
La Forma:
De manera inequívoca y visible se describe la Revelación Personal de Jesús. En el Arrebatamiento, Él vendrá de forma secreta, invisible y rápida, en un abrir y cerrar de ojos, como el relámpago (Mt. 24.27; 1 Co. 15.52). En su Manifestación Personal, todo ojo lo verá viniendo sobre las nubes. El impacto de su aparición llevará a todas las tribus de la tierra a lamentación. (Mt. 24.30; Ap. 1.7).
Los Acompañantes:
Después de la celebración de las Bodas del Cordero, Jesús desciende del cielo acompañado de su esposa, la Iglesia, de los ejércitos celestiales y de todos los santos del Antiguo Testamento. (Ap 19.9,11,14; Mt. 24.31; Jud. 14).
Revelar Su Gloria de la Iglesia (Ap. 1.7; Mt. 24)
Salvar a Israel:
Israel es el pueblo elegido de Dios. El propósito establecido para este pueblo no se cumplió según lo planeado. Israel falló en la misión divina; pero no fue rechazado por Dios. Entrará en la Tribulación para ser tratado y restaurado por Dios. En su angustia será vencido por sus opresores, buscará en Dios auxilio, salvándose con la Manifestación Personal de Jesús, descendiendo al Monte de los Olivos desde donde ascendió al cielo.
Juzgar la Bestia, al Falso Profeta y a Sus Ejércitos:
La Bestia y el Falso Profeta que engañaron al mundo con sus maravillas y prodigios de mentira; con la venida de Jesús a la tierra, tendrán su juicio y condenación. Nunca más atormentarán a los hombres, su parte será el Lago de Fuego, donde el fuego nunca se apaga y la bestia no muere.
Prender a Satanás:
El Dragón, la Antigua Serpiente, responsable de toda la miseria del planeta, con su triple misión de matar, robar y destruir; que descenderá a la tierra en el período de la Gran Tribulación, será arrestado por Cristo durante mil años. Pasado el tiempo de su cautiverio será puesto en libertad por un poco de tiempo para que también él sea lanzado definitivamente, con la Bestia y el Falso Profeta, al Lago que arde con fuego y azufre. Cristo una vez más y para siempre demostrará que él es el vencedor sobre Satanás.
Juzgar las Naciones:
En su sermón profético, Jesús declaró que con su venida en gloria al final de la Gran Tribulación, juzgará a las naciones de la tierra. Muchos intérpretes de las profecías bíblicas identifican este juicio de Mateo con el Juicio Final del Apocalipsis; sin embargo, un análisis profundo de los juicios mencionados muestra que son distintos. el Dr. Scofield presentó las siguientes diferencias:
Mateo Apocalipsis
Trono de su gloria Trono blanco
No hay resurrección Hay resurrección
Naciones vivas Los muertos
No hay libros Ábrense los libros
En la tierra Huyen cielos y tierra
Tres clases: ovejas, cabras y hermanos Una sola clase: los muertos
En la venida de Cristo, antes del milenio Después de terminados los mil años
Jesús es presentado e identificado como Rey. Los discípulos, en el momento de su ascensión, le preguntaron cuándo asumiría el trono y restauraría el reino a Israel. Él fue enfático en su respuesta, afirmando que no les correspondía a ellos saber los tiempos y las épocas en que el Padre estableció con su propio poder (Hch. 1.7). La venida personal de Jesús, después de la Tribulación, determina el momento del inicio de este reino, que será eterno. (Dn. 7.14; Lc. 1; Ap. 20).
La doctrina de la Resurrección es una de las más importantes de las Sagradas Escrituras. Ignorada por los antiguos paganos, fue revelada progresivamente al pueblo de Dios. Proclamada primero por los profetas y luego confirmada plenamente por Jesús y los apóstoles. Resurrección (Gr. “Anástasis, ergesis”) es el acto de levantar, surgir, salir de una situación a otra. En latín “ressurectio”, es el acto de resucitar, volver a la vida, reanimarse. En el lenguaje bíblico, resurrección es lo mismo que resucitar de entre los muertos (Mt. 22.28-31). De modo general, y en el lenguaje popular, resurrección significa la unión del alma o espíritu a su cuerpo, después de la muerte física.
La convicción de muerte es una realidad en la vida de todo ser humano. Lo que sucede después de la muerte es la gran interrogación para muchos.
¿Es la muerte el final? ¿Habrá resurrección de los muertos? Si es así, ¿dónde están y cómo están hasta el día en que resuciten? Las respuestas a estas y otras preguntas relacionadas con la muerte se encuentran en las páginas de las Sagradas Escrituras.
Las Escrituras revelan que la muerte se origina del pecado. Éste cayó sobre la humanidad como un juicio divino por la desobediencia de nuestros primeros padres en el jardín de Edén. Se volvió un decreto para los hombres (Hb. 9.27). Las únicas excepciones a esta ordenanza son:
• Enoc que fue trasladado (Gn. 5.24);
• Elías, que fue arrebatado (2 R. 2.11); e
• La Iglesia participante del arrebatamiento (1 Co. 15.52)
Pablo afirmó que el salario del pecado es la muerte (Ro. 6.23)
Varias son las descripciones dadas a la muerte en las Escrituras. Esta experiencia es descrita como:
volver al polvo (Gn. 3.9; Sal. 104.29)
Dormir (Dt. 31.16; Job 11.11)
Ser congregado a su pueblo (reunir con sus padres) (Gn. 49.33)
Dios pidiendo el alma (Lc. 12.20)
deshacerse de la casa terrestre de este el tabernáculo (2 Co. 5.1)
Ir por el camino de donde nadie vuelve (Job 16.22)
el último enemigo (1 Co. 15.26)
Partir (Flp. 1.23)
Estas y otras descripciones bíblicas relacionadas con la muerte traen un mejor entendimiento de esta realidad humana.
En las Escrituras se mencionan tres tipos de muerte: la muerte física, la muerte espiritual y la muerte eterna. Y en cada uno de los tipos de muerte el sentido de separación está presente.
La Muerte Física es la separación del cuerpo, del alma y del espíritu, es decir, de las partes material e inmaterial del ser humano. Al morir, el cuerpo vuelve al polvo de donde fue tomado y el espíritu y el alma vuelven a Dios y son enviados al lugar de espera hasta la resurrección del cuerpo (Hch. 20.9,10; Lc. 8.53-55; 1 R. 17.20-22).
La Muerte Espiritual es vista bajo dos aspectos: negativo y positivo. En el aspecto negativo, el pecador está espiritualmente muerto ante Dios, es decir, separado de su Creador por sus pecados (Is. 59.1,2; Ef. 2.1). En el lado positivo, el salvo por Cristo se encuentra muerto al pecado, es decir, vive una vida nueva separada del pecado, a través del proceso de santificación progresiva.
La Muerte Eterna es la eterna separación del hombre de Dios, llamada en el apocalipsis la segunda muerte (Ap. 20.14,15) ya que la primera es la muerte física. Será una realidad para aquellos que han rechazado la salvación en Cristo.
Existe un contraste entre la muerte del justo y la del impío; entre el que sirve a Dios y el que no sirve. A los ojos de Dios, la muerte del justo es preciosa, mientras que la del impío le causa dolor (Sal. 116.15; Ez. 18.32). En la perspectiva humana, el justo encara la muerte como una ganancia, mientras que los malvados se horrorizan al pensar que tendrán que enfrentarla (Flp. 1.21; 1 R. 1.51; Est. 7.7).
Las Escrituras revelan que la muerte del justo es bienaventurada; mientras que la del impío es el fin de su esperanza (Ap. 14.13; Pr. 11.7).
Estado intermedio es el término dado por los teólogos al período entre la muerte y la resurrección del cuerpo. Han habido varias interpretaciones de este estado vivenciado después de la muerte que no corresponden a la revelación de las Escrituras.
La idea del Purgatorio:
El purgatorio, es una idea herética enseñada por la Iglesia Católica Romana, en la cual después de la muerte el espíritu y el alma de los fallecidos no purificados del todo, descienden al Seol-Hades, para pasar por un proceso de purificación a fin de poder entrar en la presencia de Dios.
La idea de la Reencarnación:
Esta idea es una creencia defendida por casi todas las religiones derivadas del hinduismo. Actualmente, por los seguidores de Allan Kardec y otros grupos. Para Kardec, la reencarnación es el regreso del alma a otro cuerpo, que incluso puede ser de sexo diferente. Con la muerte, el alma de los muertos puede comunicarse con los vivos y regresar a la tierra en otro cuerpo para alcanzar la perfección.
La idea del “Sueño del Alma”:
La idea del “sueño del alma”, conocida como “Psicopaniquia” o “ADORMECIMIENTO DEL ALMA”, es defendida por algunos grupos religiosos y Adventistas del Séptimo Día, cuando afirman que los cristianos, al morir, entran en un estado de inexistencia y que sólo llegarán a la conciencia cuando Cristo regrese y los resucite a la vida eterna. Ellos basan esta idea en una de las descripciones que las Escrituras dan de la muerte (Ecl. 9.5,6; Jn. 11.11). Cuando la Escritura se refiere a la muerte como sueño, se refiere únicamente al cuerpo y no al alma, indicando que para los cristianos la muerte es solo temporal.
La doctrina del “Aniquilacionismo”:
Defiende la idea de que Dios aniquilará las almas de los pecadores y que no sufrirán el castigo eterno. Pero las Escrituras nos dicen que en la primera muerte sólo habrá la separación del alma y del cuerpo (según Stg. 2.26) y no la aniquilación del alma. Según la Biblia, habrá castigo eterno para los que se rebelaron contra Dios; fuego inextinguible (según Mt. 3.12; Mc. 9.43) y fuego que no se apaga (según Mc. 9.44,46).
Las Escrituras no solo refutan estas ideas erróneas, sino que enseñan que la muerte ocurre solo con el cuerpo, que el espíritu y el alma de los muertos son enviados a un lugar llamado en hebreo Sheol y en griego Hades, y que están plenamente conscientes, aguardando el día de su respectiva resurrección.
En las Escrituras, el ser humano tiene una triple constitución: es cuerpo, alma y espíritu (1 Ts. 5.23; Hb. 4.12).
Cuerpo: en hebreo “basar”; en griego “soma”.
Espírito: en hebreo “ruach”; en griego “pneuma”.
Alma: en hebreo “nephesh”; en griego “psyche”.
El cuerpo es la parte material, visible y mortal. El alma junto con el espíritu es la sustancia inmaterial, invisible e inmortal. El cuerpo es denominado el hombre exterior, y el alma y el espíritu el hombre interior (2 Co. 4.16). Cuando la Biblia habla de la muerte, solo se refiere al cuerpo y no al alma. Porque el alma junto con el espíritu son inmortales e inseparables antes y después de la muerte del cuerpo (Gn. 3.19; Ecl. 12.7; Mt. 10.28; 22.32).
Después de la muerte, el cuerpo entra en descomposición, y el espíritu y el alma quedan a disposición de Dios, yendo a un determinado lugar a esperar el juicio, hasta el día determinado en que ocurrirá la resurrección del cuerpo (Lc. 16.19-31).
“y el polvo vuelva a la tierra, como era, y el espíritu vuelva a Dios que lo dio” (Ec. 12.7).
Las almas de los que murieron en Cristo estarán en el paraíso esperando el arrebatamiento de la iglesia, cuando resurgirán en un cuerpo glorioso e incorruptible (Flp. 3.21; 1 Co. 15.12). Mientras que las almas de los que rechazaron a Cristo estarán en un lugar diferente aguardando el gran juicio.
Existe una dificultad de interpretación para el texto de Ec. 12.7. Hay al menos dos corrientes teológicas:
El espíritu (soplo de vida) es devuelto a Dios y solo el alma es juzgada.
Espíritu y alma son inseparables y ambos van a Dios a esperar el juicio.
Según la Biblia, espíritu y alma son inseparables (Heb. 4.12; 1 Ts. 5.23).
Pearlman (1997) dice:
“El alma sobrevive a la muerte porque está energizada por el espíritu… están fundidos en una sola sustancia.”
“Seno de Abraham”, “Paraíso”, “Lugar de Consuelo” (justos)
“Llamas” o “Tormentos” (impíos)
Un abismo infranqueable entre ambos (Ap. 9.1-12)
Antes de Cristo, los justos iban al Sheol. Después de su obra redentora, hay un cambio en el estado de los muertos.
(Efesios 4.8-10 citado)
El estado intermedio es de plena conciencia:
• Se conocen
• Se comunican
• Se identifican
• Recuerdan
• Tienen sensibilidad
• Hacen peticiones
Pero no pueden comunicarse con los vivos.
Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento mencionan la resurrección de los muertos.
Creencia progresiva (Abraham, Job, Daniel, etc.)
Jesús y los apóstoles enseñan claramente la resurrección.
• Nacional
• Espiritual
• Física
Futura.
Todos resucitarán.
El cuerpo será transformado.
Justos (vida eterna)
Injustos (condenación)
Ocurre en el arrebatamiento.
Participan los justos.
No les afecta la segunda muerte.
Reinan con Cristo.
Incluye tres grupos:
Cristo y los que resucitaron con Él
La Iglesia
Mártires de la Tribulación
• Cuerpo actual → transformado
• Cuerpo real
• Reconocible
• Incorruptible
• Glorioso
• Poderoso
(1 Co. 15.35-58; Lc. 24.39; Jn. 20.16)
• Cuerpo espiritual
“Se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual. Hay cuerpo animal, y hay cuerpo espiritual.” (1 Co. 15.44)
• Cuerpo perfecto
“Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial” (1 Co. 15.49).
• Cuerpo inmortal
“Porque no pueden ya más morir, pues son iguales a los ángeles, y son hijos de Dios, al ser hijos de la resurrección.” (Lc. 20.36).
• Cuerpo asexuado o sin sexo
“Porque cuando resuciten de los muertos, ni se casarán ni se darán en casamiento, sino serán como los ángeles que están en los cielos.” (Mc. 12.25).
La segunda resurrección sucederá mil años después de la primera. Tendrá lugar después del reinado de Cristo y en el momento de la renovación de la tierra por fuego (Ap. 20.6). Participarán en ella todos los impíos muertos desde el tiempo de Adán hasta el día del Juicio Final, así como los justos que vivieron y murieron durante el Milenio. Por eso, se justifica la presencia del Libro de la Vida en el Juicio Final (Ap. 20). La resurrección de los cuerpos de los impíos se dará de la misma manera que la de los justos. Del polvo se levantarán para vergüenza y desprecio eterno. No tendrán gloria ni hermosura, jamás morirán y sufrirán el castigo eterno, por los siglos de los siglos. (Ap. 20.14,15).
El estudio sistemático de las Escrituras Sagradas apunta a la existencia de varios juicios divinos. Estos juicios se identifican, cuando se analizan en particular en los siguientes ítems: los participantes, el lugar, el tiempo y el resultado de cada uno. Estos juicios involucran a todos los seres inteligentes creados por Dios, dotados de libre albedrío y responsables de sus delitos cometidos, es decir, Satanás y los ángeles que con él se rebelaron contra Dios y todos los hombres, cada uno para recibir la recompensa por sus actos realizados conscientemente.
La revelación de las Escrituras: Las Escrituras no dejan duda en sus páginas de que Dios ha determinado varios juicios. Él es presentado como el Juez de toda la tierra y quien juzgará a todas las obras, incluso las ocultas. (Gn. 18.25; Ecl. 12.14; Hch. 17.31).
Podemos ver la revelación del juicio:
Las declaraciones de Jesús: Los juicios divinos fueron ratificados por Jesús; y también por Él, tratados en sus enseñanzas, advirtiendo que se debe tener cuidado incluso con las palabras pronunciadas, ya que serían motivo de juicio (Mt. 12.36).
Los Escritos Apostólicos: Mateo (Mt. 16.27; 25.31), Marcos (Mc. 6.11), Lucas (Lc. 10.14), Juan (Jn. 5.27), Pablo (Ro. 2.15,16; 2 Co. 5.10), Santiago (Stg. 2.13).
Pedro (P. 3.7) Judas (Jud. 15) y el escritor a los Hebreos (Hb. 9.27; 10.27).
La Época: La época es uno de los diferenciales y demuestra que habrá más de un juicio. Cada juicio tendrá su momento de realización. Algunas están previstas para el futuro y otras ya sucedieron, o están sucediendo.
El Juez: Dios es el juez de todas sus criaturas, delegó a su Hijo, Jesús, el poder de juzgar.
La Base: La justicia será el fundamento de su trono. Sin hacer acepción de personas y según las obras de cada uno, Jesús hará todo juicio.
El Instrumento: El Juez justo tendrá como instrumento para el juicio la fiel Palabra de Dios. Todo será evaluado en cada ocasión desde la perspectiva divina, poderosa e infalible Palabra.
La exposición de los juicios será hecha en este estudio de forma abreviada y teniendo en cuenta los elementos que las diferencian. Vale recordar que, en el curso de este estudio, ya fueron hechos comentarios sobre los juicios.
Este juicio es del pecado original. A través de Adán, el pecado entró en el mundo, trayendo muerte y condenación para sí y para toda su descendencia (Ro. 5.12). En la cruz, el Señor Jesús tomó el lugar de los pecadores, respondiendo en su cuerpo la sentencia de Dios sobre el pecado (Is. 53.5-8; 1 P. 2.24; Col. 2.13-15). Ahora ya no hay condenación para aquellos que reciben a Jesús como su Salvador (Ro. 8.1; Jn. 5.24).
Jesús es el participante en este juicio. Tomó el lugar del pecador al morir en la cruz. Ningún creyente será juzgado por sus pecados, porque ya han sido juzgados por la persona de Cristo.
El juicio del pecado original tuvo lugar en la ciudad de Jerusalén, en lo alto del Gólgota. Allí fue dado por Jesús el clamor que consumó la obra de la redención de la humanidad (Mt. 27.50; Jn. 19.30; Ap. 5.9).
En cuanto a su realización, el juicio ocupa el tiempo pasado. No habrá por parte de Dios juicio por el pecado original, este ya se ha cumplido en la persona de Jesús (Is. 53.5-8; 2 Co. 5.21).
El resultado de este juicio es la absolución de la condenación eterna, del pecado, para todos aquellos que aceptan en sus vidas el sacrificio efectuado por Jesús (Ro. 8.1; Jn. 1.12; 3.16,17; 5.24).
El juicio del hijo es lo que se refiere a los pecados actuales del creyente. Él fue libre de la condenación del pecado por el sacrificio de Cristo, pero permanece en posesión de su naturaleza pecaminosa, pudiendo cometer pecado, incluso en su nueva vida en Cristo (1 Jn. 1. 8-10; 2 Co. 5.17). La recomendación que tenemos como hijos es que no pequemos; y que, si alguno peca, debe reconocer su error, confesarlo y abandonarlo, para que obtenga el perdón de Jesús, el Abogado, ante Dios. (1 Jn. 2.1,2; 1.9; Pr. 28.13).
Como ya se vio en este estudio, el Tribunal de Cristo es el juicio en el que el cristiano participará como siervo. En este juicio se hará una evaluación de lo que cada uno fue e hizo aquí en la tierra a través del cuerpo, sea bueno o sea malo (2 Co. 5.17). No será un juicio de pecados cometidos, sino de obras practicadas a efecto de recompensas (Ap. 22.12).
Israel es la nación escogida de Dios. Por no haber cumplido los propósitos divinos para los que fue escogida, tendrá que pasar por un juicio divino para ser restaurada. Este juicio que culminará en vuestra restauración es la Gran Tribulación, que fue predicha por Dios a través de sus santos profetas y del propio Jesús. (Jer. 30. 4-9; Ez. 20. 34-44; Dn. 12.1; Mt. 24.21).
El objetivo de la Gran Tribulación es la nación de Israel. Sin embargo, llegará a todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas de la tierra (Dn. 7.23; 12.1; Ap. 3.10; 7.9,14,15; 13.7,8). Sólo la Iglesia de Cristo, ya arrebatada, estará libre de la ira divina (1 Ts. 5.9; 1.10).
El juicio de la nación de Israel tendrá lugar después del Rapto de la Iglesia. Durante este tiempo, ella estará con Cristo participando del Tribunal y de las Bodas. Las declaraciones de Jesús y las enseñanzas del apóstol Pablo dejan claro que la iglesia no será afectada por los juicios que afectarán a los humanos. (Lc. 17.26-30; 21.25-36 Ap. 3.10; 1 Ts. 1.10; 5.9).
La salvación de todo Israel será el resultado de este juicio (Ro. 11.26). La declaración “todo Israel”, en el lenguaje de Pablo, se refiere a los judíos fieles, remanentes de los últimos tiempos. Los rebeldes serán purgados según la palabra profética de Ezequiel (Ez. 20.34-44).
La Palabra Profética de Jesús predice un juicio para las naciones de la tierra. Este juicio mencionado en el Evangelio de Mateo a veces ha sido interpretado como el Juicio Final en el libro de Apocalipsis. Sin embargo, un estudio en profundidad revela que existen diferencias entre ellos (Mt. 25.31-46; Ap. 20.11-15).
En este juicio participarán todas las naciones de la tierra, y no individuos en particular (Mt. 25.32). Probablemente estarán presentes los líderes de estas naciones, debido a la imposibilidad de la reunión de todos ante el Trono de Gloria. Estando entonces representada en tres clases: Ovejas; cabras y hermanos (Mt. 25.32, 33, 40). Según la interpretación dada por los estudiosos de la Escatología Bíblica, las ovejas representan una clase de naciones y las cabras otra clase. Los hermanos representan a los judíos, hermanos de Jesús, según la carne. En el juicio del Juicio Final, hay una sola clase de juzgados, los muertos; y el trono usado, será un gran Trono Blanco y no el Trono de Gloria, descrito en Mateo (Ap. 20.11-13; Mt. 25.31).
Este juicio se dará en la tierra, en el Valle de Josafat, que en hebreo significa “donde el Señor juzga”, donde será la batalla de Armagedón. (Jl. 3.1,2,15-17; Ap. 16.14,16). En el Juicio Final, la tierra y el cielo huyen de la presencia de Aquel que está asentado en el Trono Blanco. (Ap. 20.11).
La época prevista para este juicio, según las Escrituras, es en la segunda fase del regreso de Cristo, cuando venga en su gloria, después de la Gran Tribulación y antes de la implantación de su Reino Milenial. (Mt. 24.29-31; 25.31,32,34; Ap. 20.19.1116; 20.4).
El resultado del juicio dependerá de la manera cómo los hermanos de Jesús serán tratados. Las naciones identificadas como ovejas entrarán a poseer el reino, y las demás, representadas por las cabras, serán apartadas al infierno. (Mt. 25.34-46).
En algún momento de la historia angelical, Satanás se rebeló contra Dios, y en su rebelión arrastró consigo a la tercera parte de los ángeles (Ap. 12.4). Dios lo destituyó de su posición y lo expulsó del cielo con sus aliados (Is. 14.12-15; Ez. 28.12-18; Lc. 10.18). Parte de estos ángeles fueron encarcelados en el Pozo del Abismo, de donde algunos saldrán para atormentar a los hombres durante la Gran Tribulación, los demás para el juicio divino que les está reservado (2 P. 2.4; Jd. 6; Ap. 9.1-12). Es claro que no todos los ángeles caídos están presos esperando su juicio, Jesús y sus discípulos los enfrentaron y se le dio a la Iglesia de Jesús aquí en la tierra la autoridad para enfrentarlos y expulsarlos de la vida de todos los que se encuentran oprimidos y poseídos. (Mt. 8.28-32; Lc. 10.17-20; Mc. 16.17).
“Y a los ángeles que no guardaron su dignidad, sino que abandonaron su propia morada, los ha guardado bajo oscuridad, en prisiones eternas, para el juicio del gran día” (Jd 6).
Algunos intérpretes de la Palabra Profética aseguran que Satanás no participará de este juicio. Su juicio será después del milenio, cuando en su última batalla con Dios, será arrojado para siempre al lago de fuego y azufre (Ap. 20.10). Según las Escrituras, la Iglesia participará en este juicio junto a Cristo y bajo su autoridad (Ro. 16.20; 1 Co. 6.3; Jd. v.6; 2 P. 2.4).
No hay en las Sagradas Escrituras registro del lugar donde estos seres angélicos serán juzgados. Algunos intérpretes afirman que será en las regiones celestiales, donde estos se encuentran bajo el mando de Satanás. (Ef. 6.12; Dt. 29.29; 1 Co. 4.6).
En cuanto al tiempo, tampoco hay una revelación expresa. Puede ocurrir, según algunos estudiosos, en la misma ocasión que el Gran Trono Blanco.
Para los ángeles caídos, el juicio resultará en condenación eterna. Según Jesús, serán destinados al infierno preparado para ellos desde la fundación del mundo. (Mt. 25.41).
Este es el último juicio divino descrito en las Escrituras, siendo el más conocido de los ya mencionados. Es el Juicio Final del gran Trono Blanco, de cuya presencia huyeron el cielo y la tierra ante el que estaba sentado en él. (Ap. 20.11).
Los muertos de todas las generaciones pasadas que no participaron en la 1ª Resurrección y también los justos que vivieron y murieron durante el Milenio. Por eso, se justifica la presencia del Libro de la Vida en el Juicio (Ap. 20. 11, 13, 15). En este juicio sólo hay una clase de personas, los muertos, mientras que en el juicio de las Naciones presentado por Mateo encontramos tres: ovejas, cabras y hermanos. (Mt. 25.32,33,40).
Este juicio tendrá lugar en las regiones celestiales. La visión de Juan, del Juicio Final, revela que la tierra y el cielo huyen de la presencia de Jesús en el momento de la instalación del juicio de los muertos. (Ap. 20.11).
El juicio de las naciones será antes del establecimiento del reino de Cristo en la tierra (Mt. 25.34). El Juicio Final ocurrirá después del Milenio, probablemente en el momento en que la tierra pase por el proceso de purificación, según algunos estudiosos de las profecías bíblicas. (1 P. 3.7,12,13).
En el Juicio Final, se abrirán libros que determinarán el veredicto del juicio (Ap. 20.12,15). Los libros mencionados en el juicio y que serán usados como fundamento para el resultado final de los muertos, son según los intérpretes escatológicos:
Libro del cuerpo (Sal. 139.15,16; 1 Co. 6.20).
Libro de las palabras (Mal. 3.16; Mt. 12.35,36).
Libro de la vida (Ap. 21.27; Lc. 10.20; Heb. 12.23).
Libro de las lágrimas (Sal. 56.8).
Libro de la revelación (Ap. 5.1-4).
La descripción del Juicio Final termina afirmando que todo el que no fue hallado inscrito en el Libro de la Vida fue arrojado al Lago de Fuego, para sufrir eternamente junto a Satanás y a sus ángeles. (Ap. 20.10,15; Mt. 25.41).
El término milenio tiene su origen en las dos palabras latinas “Mille”, que significa “mil” y “annus”, que significa “años” (Millennium). La palabra milenio no se encuentra en las Sagradas Escrituras. Sin embargo, la expresión “mil años” se encuentra diez veces en el texto sagrado, siendo dos veces en el Antiguo Testamento (Sal 90.4 y Ec. 6.6) y otras ocho veces en el Nuevo Testamento (2 P. 3.8; Ap. 20.2-7). De las ocho menciones registradas en el Nuevo Testamento, seis se encuentran en el libro de Apocalipsis y se refieren al reinado de Cristo en la tierra. Este período, designado como el milenio, ha sido objeto de diferentes interpretaciones por parte de los estudiosos de la escatología bíblica. Es necesario un estudio equilibrado para no incurrir en error de interpretación.
¿Qué es Milenio?
El Milenio es un período de mil años previsto por los profetas como el reinado Mesiánico; es decir, el reino de los cielos establecido en la tierra, inaugurando una nueva era espiritual. La séptima dispensación, un tiempo de prueba especialmente para los nacidos en la época dorada, cuando Satanás esté atado (João de Oliveira - O Milênio, 1983).
Las Bendiciones Proféticas De Jacob: Jacob, antes de su muerte, al pronunciar sus bendiciones proféticas a sus hijos, declaró a Judá: No será quitado el cetro de Judá, Ni el legislador de entre sus pies; (Gn. 49.10). Aunque no se encuentra en la presente referencia, la palabra milenio es una indicación directa al Mesías, que vendría de la tribu de Judá y reinaría sobre todos los pueblos (Ap. 5.5,9,10; 19.15).
La Alianza Davídica: Dios hizo un pacto con David, que su descendencia reinaría para siempre (II Sm. 7.13,14; Sal. 89.4). Este pacto establece una relación entre David y el reino Mesiánico.
Los Mensajes Proféticos: Varias son las alusiones que se encuentran en las Escrituras sobre el Milenio, en la Palabra Profética. Ella habla de un reino que será establecido en la tierra. Reino eterno de paz, justicia y prosperidad como ningún otro. Y que brotaría del tronco de Isaí, de la casa de David. Reino esperado ansiosamente por los hijos de Israel. De los descendientes de David, Jesús fue el único que asumió la identidad del Mesías:
El ángel Gabriel, en su aparición a María, afirmó que Jesús, su hijo, ocuparía el trono de David su padre y sobre él reinaría eternamente (Lc. 1.30-33).
Nació en Belén, en tierra de Judá, del linaje de David, como estaba predicho (Mq. 5.2; Mt. 2.6; Jn. 7.42).
Por muchos; identificado, proclamado y adorado como rey (Mt. 2.11; 20.20,21; Mc. 11.9,10; Lc. 23.42).
Declaró en respuesta a Pilato, que había nacido para ser rey, afirmando que su reino no procedería del mundo (Jn. 18.36,37; 1 Tim. 6.15; Ap. 20.4,6).
Existen varias líneas de interpretación relacionadas con el Milenio. A continuación presentamos las principales:
Amilenarista (o Amilenista): Esta línea de interpretación no tiene al milenio como un reino futuro y literal, sino espiritual y corresponde al tiempo existente entre la ascensión de Cristo y su regreso. Sus defensores afirman que el reino de Cristo, los mil años de duración, la prisión de Satanás y lo que se refiere a ese período, es espiritual y simbólico. Para algunos amilenialistas, el milenio es la era actual, ya que el reino de Dios está inaugurado en el mundo, desde la primera venida de Cristo hasta el fin del mundo. El orden de los acontecimientos en esta visión será de la siguiente forma: “La Era de la Iglesia terminará en un tiempo de convulsión, Cristo regresará, habrá una resurrección y juicio general, y luego la eternidad”. (A Biblia Anotada, 2008).
Posmilenarista (o posmilenista): A diferencia de los Amilenialistas, esta línea de interpretación tiene el milenio como un reino literal y representa la conquista del mundo por parte de la Iglesia a través del Evangelio, trayendo a la tierra la soñada paz mundial. Según este entendimiento, la segunda venida de Cristo ocurrirá después del milenio, para derrotar a Satanás, juzgar a los vivos y a los muertos, y reinar para siempre. El orden de los acontecimientos será: “La parte final de la Era de la Iglesia (es decir, sus últimos mil años) es el Milenio, que será una época de paz y abundancia promovida por los esfuerzos de la iglesia. Después de eso, Cristo vendrá. Luego seguirá una resurrección generalizada, y después de eso, un juicio general y la eternidad”. (A Biblia Anotada, 2008).
Pre-milenarista (o pre-milenista): Los intérpretes de esta línea entienden que el milenio es futuro, literal y precederá a la venida de Cristo, es decir, la segunda venida de Cristo será antes del Milenio. Él regresará y establecerá el reino prometido a Israel, cumpliendo así el pacto con la casa de David y los demás pactos de Dios y las profecías del tiempo del fin. Desde este punto de vista, el orden de los acontecimientos es el siguiente: “La Era de la Iglesia termina en el tiempo de la Tribulación, Cristo regresa a la tierra, establece y dirige su reino por 1,000 años, ocurren la resurrección y el juicio de los no salvos, y luego viene la eternidad.” (A Biblia Anotada, 2008).
La escuela Pre-milenarista se divide en dos grupos: Históricos y Dispensacionalistas.
La segunda venida de Cristo y o arrebatamiento
Acontecerá simultáneamente
Acontecerá en dos fases:
a) en la primera, Jesús se encontrará con la iglesia en el aire y la llevará a participar en las bodas del Cordero;
b) La segunda ocurrirá después de siete años de tribulación en la tierra sin la presencia de los salvos, cuando Jesús regresará con la Iglesia Gloriosa para reinar en este mundo por mil años
La Resurrección
Acontecerá en dos etapas:
a) La primera resurrección: será la de los salvos al inicio del milenio.
b) La segunda resurrección: la resurrección de los incrédulos al final del milenio.
Acontecerá en tres etapas:
a) resurrección para la iglesia, en el momento del arrebatamiento;
b) resurrección para los que llegarán a creer durante la tribulación de siete años (esto ocurrirá en la segunda venida de Cristo, al final de la tribulación);
c) resurrección de los incrédulos al final del milenio.
El milenio es un reino literal, y se establecerá en la tierra después de la destrucción del imperio de los diez reyes, representados por los dedos de la estatua del sueño de Nabucodonosor. (Dn. 2.44; Is. 65.21; Ap. 5.9-10).
La ciudad de Jerusalén será la sede del reino milenario (Sal. 48.1-3). De allí saldrán las directrices del gobierno del gran Rey y se convertirá en el centro de adoración de todos los pueblos. (Is. 2.2,3).
El reinado de Cristo será universal. Todos los reinos del mundo pasarán a ser de Cristo y Él reinará por todo siempre. (Ap. 11.15; Mt. 25.31,2; Zac. 14.9; Sal. 72.1-29).
En el reinado de Cristo, habrá una administración “TEOCRÁTICA”, es decir, el propio Dios gobernando al mundo en la persona de Jesucristo. En este reino participará David, como príncipe o corregente, cumpliendo así el pacto Davídico y otros según las declaraciones de Cristo. Todos bajo la jerarquía que se establecerá en el reino. (Os. 3.5; Ez. 37.24,25; 34.23,24; Is. 55.3,4; Jer. 30.9; 33.15-21).
Los salvos de todas las épocas (I Ts. 4.16,17; Ap. 20.4,6);
Los Mártires de la Gran Tribulación (Ap. 20.4);
Los Sobrevivientes de la Gran Tribulación: Durante la Gran Tribulación, la población de la tierra será diezmada. Los judíos y gentiles sobrevivientes a los juicios divinos participarán con sus cuerpos naturales en el reinado de Cristo. Los gentiles participantes son los que serán perdonados en el juicio de las naciones, por la forma en que trataron a los judíos, considerados hermanos de Jesús, durante el período de la gran aflicción del pueblo judío. (Mt. 25.37-40; Is. 26.2; 60.21).
Los Nacidos Durante el Milenio: La vida en la tierra durante el milenio para aquellos que estarán en un cuerpo natural tendrá su curso normal. Crecerán, se multiplicarán y llenarán la tierra. La Palabra Profética afirma que, los hombres serán multiplicados como un rebaño y que las plazas de Jerusalén se llenarán de niños y niñas durante el reinado del Mesías (Ez. 36.37,38; Zc. 8.4,5).
El reino mesiánico será pacífico. La paz tan soñada por los hombres dominará la tierra. Las estadísticas de guerra entre las naciones no existirán, pues aprenderán a no hacer guerra y transformarán sus armas de guerra en instrumentos de trabajo (Is. 9.6; 2.4; Miq. 4.3,4; Lc. 2.13,14).
La injusticia predominante en la tierra no tendrá lugar en el gobierno de Cristo (Os. 4.1, 2; Am. 5.12-14; Stg. 5.1-6). Él Gobernará las naciones a la luz de la justicia divina (Is. 32.1; Sal. 67.4; 72.4). Cualquier acto que se oponga a los principios del reino será anulado por el Rey de reyes.
Un período de prosperidad es indicado por la Palabra profética para el Milenio. Las condiciones espirituales, materiales, climáticas, sociales y otras, favorecerán este estado de abundancia deseada. (Is. 32.15; 35.1; 41.18; 65.21,23; Jer. 31.5; Ez. 47.12; 34.26; Am. 9.13; Jl. 2.23; Zc. 14.8).
Los habitantes de la tierra volverán a tener una larga vida como antes del diluvio. El que muera a los cien años será considerado joven (Gn. 5.1-32; 9.29; Is. 65.20). La muerte existirá, porque ella es el último enemigo en ser aniquilado (1 Co. 15.26), pero con una acción limitada.
Durante el reinado milenario de Cristo el conocimiento del Señor será universal (Is. 11.9). Este conocimiento resultará en el derramamiento del Espíritu Santo sobre toda carne, en la manifestación de la gloria de Dios y de la obediencia de los pueblos a los preceptos divinos. (Jl. 2.28,29; Is. 2.3; 24.23).
Sucederán varios cambios en la época del reinado de Cristo, en la naturaleza. La creación que ahora gime por la acción del hombre, será libertada: La maldición resultante de la desobediencia de la primera pareja será quitada (Gn. 3.14,17,18; Is. 55.12,13); La topografía sufrirá cambios visibles (Zc. 14.4; Is. 11.15; 41.18; Ez. 47.1-12); A los animales se les quitará su ferocidad.
Ya no se atacarán entre sí y no atacarán a los hombres (Is. 11.6-8; 65.25); Los frecuentes cambios climáticos dejarán de existir, permitiendo así la estabilidad de las estaciones anuales y consecuentemente la restauración de la fertilidad del suelo y de abundantes cosechas.
La prisión de Satanás antes de la implantación del milenio hará con que los participantes en el reinado de Cristo no sufran las malas influencias que prevalecen en el mundo actual. Esto no significa que la gente no cometerá pecado durante el período milenario. Ellos continúan con la naturaleza pecaminosa heredada de Adán, pero la ausencia de la influencia de Satanás y sus agentes disminuirá el índice de pecaminosidad entre los hombres; y los que pecan tendrán que rendir la merecida punición por el delito cometido (Ap. 20.1,2; 1 Jn. 5.19; Ap. 2.27; 12.5).
Después de que se completen los mil años, Satanás será liberado. La razón de su liberación por la revelación del Apocalipsis es para engañar a las naciones (Ap. 20.7,8). Una vez más, Dios prueba el uso del libre albedrío del hombre. Aquellos que rechacen a Cristo y se alíen a Satanás en esta rebelión serán destruidos por el fuego del Señor y rendirán cuentas de su decisión en el Juicio Final (Dt. 30.15; Jos. 24.15; 1 R. 18.21; Ap. 20.8,9).
Satanás, de entre las naciones, conseguirá una multitud innumerable para hacer la guerra contra Cristo y su reino. Gog y Magog, mencionados en esta batalla final, probablemente no sean los mismos del libro de Ezequiel capítulo 38, y representan aquí, según Donald Stamps, las naciones del mundo rebeladas contra Dios y su Palabra. (Ap. 20.8).
El fin de Satanás, el enemigo de Dios y de los hombres, está registrado en Apocalipsis. En su última batalla contra Dios fue derrotado una vez más y destinado al Lago de Fuego, el infierno, que fue preparado desde la fundación del mundo para él y sus ángeles y todos los que se olvidan de Dios (Ap. 20.10; Mt. 25.41; Sal. 9.17).
Cristo, el Hijo de Dios, se manifestó para vencer a Satanás, al pecado y a la muerte. Siendo la muerte la última en ser vencida, lo que ocurrirá al final de su reino terrestre, cuando también será arrojada al Lago de Fuego. (1 Co. 15.26; Ap. 20.14).
Después de la sujeción de todas las cosas, el propio Hijo se sujetará a Dios Padre y le entregará el Reino. (1 Co. 15.26-28).
Por la revelación del Apocalipsis se entiende que después del Juicio Final la historia de la humanidad llega a su fin, surgiendo poco después el día de la eternidad, donde todo será nuevo. Pero, ¿cómo será la eternidad? ¿Quién participará de ella? ¿Qué revelan las Sagradas Escrituras?
El hombre fue creado a imagen y semejanza divina (Gn. 1.26). Al crearlo, el Eterno, puso en su corazón la eternidad (Ec. 3.11). Su ser inmaterial es consciente de una nueva existencia después de la muerte y la anhela. El autor Donald Stamps escribió:
En el corazón humano, Dios ha grabado el anhelo innato por las cosas eternas. El ser humano busca valores eternos ya aquí en esta vida, en su inmanente percepción de vivir para siempre. Por lo tanto, la vida material, las cosas seculares y los placeres de este mundo nunca satisfarán plenamente al ser humano.
La era de la eternidad está prevista en la Palabra Profética, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento.
Las Revelaciones En El Antiguo Testamento
“Porque he aquí que yo crearé nuevos cielos y nueva tierra; y de lo primero no habrá memoria, ni más vendrá al pensamiento” (Is. 65.17).
“Porque como los cielos nuevos y la nueva tierra que yo hago permanecerán delante de mí, dice Jehová, así permanecerá vuestra descendencia y vuestro nombre.” (Is. 66.22).
Las Revelaciones En El Nuevo Testamento
pero los cielos y la tierra que existen ahora, están reservados por la misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio y de la perdición de los hombres impíos. Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas. Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¿cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir, esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán! 13 Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia. (2 P. 3.7, 10-13).
“Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más.” (Ap. 21.1).
A Juan, el apóstol amado, en sus visiones en la isla de Patmos, se le dio una amuestra la eternidad. Todo lo que se sabe aquí en la tierra acerca de la era eterna es limitado y en parte (1 Co. 13.12). El ser humano no conoce la grandeza de la eternidad y sus misterios. Sólo Dios, en los siglos venideros, nos hará conocer en su totalidad (Ef. 2.7).
En la eternidad, todo será nuevo. Nada de lo que ahora existe será parte del día eterno (Ap. 21.5). Según los escritos de Pedro, los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas (2 P. 3.10). El proceso descrito anteriormente no es la extinción, sino la purificación de todas las marcas dejadas por el pecado en la creación.
“Vi un cielo nuevo [griego “kainós”, significando renovado; nuevas cosas] y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron [“parerchomai”, que en griego significa “pasar por”, indicando transición]; y el mar ya no existía más. (Ap. 21.1)
En su libro “Palestras em Teologia Sistemática” (Conferencias en Teología Sistemática), Henry Clarence Thiessen escribió:
El Nuevo Cielo y la Nueva Tierra. Varios son los pasajes de las Escrituras que llaman nuestra atención hacia ellos (Ap. 21.1,2; Is. 65.17; 66.22; 2 P. 3.10-13). Son llamados de “nuevos”, pero no quieren decir que son “nuevos” en el sentido absoluto de la palabra; porque “la tierra permanece para siempre” (Ec. 1.4; cf 104.5; 119.90). Ni el cielo ni la tierra serán aniquilados.
Aún sobre este tema, el teólogo Seiss comenta:
En los pasajes que hablan de que la tierra y los cielos pasarán (vea Mt. 5.18, 24, 34,35; Mc. 13.30, 31; Lc. 16.17,21,33; II P. 3.10; Ap. 21.1), la palabra original nunca es una que indica el fin de la existencia, sino “parerchomai”, que es un verbo con un significado muy amplio y general, como ir o venir a una persona, a un lugar, a un punto; pasar, como una persona por de una ducha, o un barco por el mar, pasar de un lugar o condición a otra, llegar a, pasar a través de, entrar, presentarse como cuando se quiere hablar o servir. En cuanto al tiempo, significa ir al pasado, como acontecimientos o eventos y otro estado de cosas que ya sucedieron antes, dando lugar a otros eventos y otro estado de cosas. Que indica grandes transformaciones, cuando es usado para referirse a la tierra y los cielos, es bien claro; pero que alguna vez signifique aniquilación, o el paso de las cosas a un estado de inexistencia, no hay ningún caso ni en las Escrituras ni en el griego clásico que pueda probarlo. La idea principal es la de la transición, no la aniquilación.
En el día de la eternidad, se establecerán los destinos de las criaturas inteligentes. El resultado de tales destinos es consecuencia del uso del libre albedrío que a cada uno le ha sido concedido.
Satanás y sus ángeles: le corresponderá a Satanás y a sus ángeles el infierno como destino. Allí serán atormentados para siempre (Ap 20.10). Jesús declaró que Dios preparó el infierno para el diablo y sus ángeles (Mt. 25.41)
Impíos: Los impíos serán arrojados al infierno, y también todas las naciones que se olvidan de Dios (Sal 9.17). Este será la suerte de todos aquellos que rechacen la salvación de Dios, en la persona de su Hijo Jesús (Jn. 3.16,18; 5.24).
Justos: El destino eterno de los justos es la ciudad celestial, la Nueva Jerusalén, la morada preparada por Jesús. Lugar de gozo, descanso, santidad y comunión con Dios (Jn. 14.3).
Surge en el escenario de la eternidad, una ciudad nueva y santa, llamada la Nueva Jerusalén, Juan la describe de la forma como la vio:
Dios es el origen de la ciudad. Él es el artífice, el constructor, y fue preparado para convertirse en la morada de los salvos, en Cristo, en la eternidad. (Ap. 21.2; Heb. 11.10,16).
Grande: La ciudad es grande y cuadrada (Ap. 21.10,16). Sus dimensiones son iguales. Doce mil estadios es la medida de su largo, ancho y alto, unos 2200 a 2500 km. La grandeza de la ciudad es suficiente para albergar a todos los que, en todas las épocas, fueron redimidos por el Señor, pero creemos que la mente humana no puede alcanzar tal grandeza.
Santa: El pecado no tendrá lugar en la Nueva Jerusalén. En ella no entrará nada que la contamine. Ella es santa como su arquitecto y constructor es santo. (Ap. 21.27; 1 P. 1.15).
Celestial: Ella descenderá del cielo como tabernáculo de Dios con los hombres. Y Dios habitará con ellos y serán su pueblo, y él será su Dios (Ap. 21.3,10). Según algunos estudiosos de la escatología, la Nueva Jerusalén ya estará presente durante el Milenio, siendo la morada de Cristo y de sus redimidos, mientras ellos estarán gobernando la tierra.
Habitantes: La ciudad es grande, capaz de albergar a todas las generaciones de los hijos de los hombres. Sin embargo, no todos tendrán el privilegio de vivir allí. Los residentes de la Nueva Jerusalén poseen un distintivo especial. Jesús, en la visión del Apocalipsis, le reveló a Juan los que serán aceptados y excluidos como residentes. Veamos:
Vencedores (Ap. 21.7)
Hijos de Dios (Ap. 21.7)
Santos (Ap. 21.27)
Inscritos en el Libro da Vida (Ap. 21.27)
Justos (Ap 22.11)
Lavados en la sangre del Cordero (Ap 22.14)
Tímidos cobardes (Ap. 21.8)
Incrédulos (Ap. 21.8)
Abominables (Ap. 21.8, 27)
Homicidas (Ap. 21.8; 22.15)
Fornicarios (Ap. 21.8)
Hechiceros (Ap. 21.8; 22.15)
Idólatras (Ap. 21.8; 22.15)
Mentirosos (Ap 21.8, 27; 2.15)
Impuros (Ap 21.27)
Injustos (Ap 22.11)
Sucios (Ap 22.11)
perros (Ap 22.15)
fornicarios (Ap 22.15)
La historia humana fue marcada por reinos transitorios que tuvieron inicio y fin. Pero la eternidad se caracterizará por un Reino Eterno. Después de todo sujeto a Cristo, entregará el reino a su Padre. Esta es la revelación paulina a los corintios: Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia. Porque preciso es que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies. Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte. Porque todas las cosas las sujetó debajo de sus pies. Y cuando dice que todas las cosas han sido sujetadas a él, claramente se exceptúa aquel que sujetó a él todas las cosas. Pero luego que todas las cosas le estén sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos. (1 Co. 15.24-28).
La eternidad será la manifestación total de la gloria de Dios (la “chequiná” en hebreo, que en el equivalente griego “skené” tiene un sonido similar); gloria esta como nunca vista por ningún mortal. Dios ha dado muestras de Su Gloria, pero en el día eterno la tendremos en toda su plenitud.
a) La gloria de su presencia
b) La gloria de su majestad
c) La gloria de su poder
d) La gloria de su sabiduría
No existe en el vocabulario humano, expresiones que puedan describir la gloria futura. Lo que está reservado para aquellos que participarán de la vida eterna con Dios está más allá del entendimiento humano. Pablo declaró que Dios es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, (Ef. 3.20). Así como Dios es indescriptible, la gloria que envuelve la eternidad lo será.
Los cielos y la tierra que ahora existen pasarán, dando paso para lo nuevo de Dios. La transitoriedad de las cosas tan comunes en esta vida no existirá. Todo será eterno, hermoso y perfecto.
Las bellezas actuales de la naturaleza no se pueden comparar con las del futuro. Si el presente ya es motivo de admiración, mucho más el futuro. Nada de lo que se ve puede servir de parámetro con relación a la eternidad.
El libro de Apocalipsis, ante todo, es la revelación de Jesucristo. En sus páginas, Cristo está revelado no como lo conocían los hombres en el pasado, sino como uno que era desde la eternidad. Estas son algunas de las revelaciones que se encuentran en Apocalipsis referentes a Cristo:
Él está vivo (Ap. 1.17,18).
El cielo es su morada (Ap. 5.6-8; 19.11).
Se encuentra revestido de gloria (Ap. 1.13-16).
Es digno de toda adoración, por ser vencedor (Ap. 5.5,9,13).
Está en el control de todas las cosas (Ap. 1.11,13; 11.15; 20.1,11,12).
Jesús se identifica y se presenta en los escritos apocalípticos con varios nombres y títulos. Estos nombres y títulos que se le atribuyen, hablan de su persona divina y humana, de su carácter moral, de su misión redentora, de su dignidad y de su victoria final.
Jesucristo (Ap. 1.1)
Fiel Testigo (Ap. 1.5)
Jesús (Ap. 1.9)
Señor (Ap. 1.10)
El Santo (Ap. 3.7)
El Amén (Ap. 3.14)
La Raíz de David (Ap. 5.5)
Cordero (Ap. 11.15)
Cristo (Ap. 1.1)
Rey de reyes (Ap. 17.14)
Alfa y Omega (Ap. 21.6)
Principio y Fin (Ap. 21.6)
Fiel y Verdadero (Ap. 19.11)
El Primogénito de los muertos (Ap. 1.5)
El Príncipe de los reyes de la tierra (Ap. 1.5)
Hijo del Hombre (Ap. 1.13)
El Primero y el último (Ap. 1.17)
Hijo de Dios (Ap. 2.18)
El verdadero (Ap. 3.7)
El Testigo verdadero (Ap. 3.14)
El Principio de la Creación de Dios (Ap. 3.14)
León de la Tribu de Judá (Ap. 5.5)
Señor de los señores (Ap. 17.14)
Palabra de Dios (Ap. 19.13)
Primero y último (Ap. 22.13)
Resplandeciente Estrella de la Mañana (Ap. 22.16)
Entre los nombres, símbolos y títulos atribuidos a Jesús en el Apocalipsis, el de Cordero es el más mencionado. De los 22 capítulos existentes en el libro, sólo en 10 de ellos este símbolo no es encontrado; a veces se menciona más de una vez en un mismo capítulo.
Capítulo 5
Un Cordero como inmolado (Ap. 5.6).
Se postraron delante del Cordero (Ap. 5.8).
El Cordero que fue inmolado es digno (Ap. 5.12).
Y al Cordero, sea la alabanza (Ap. 5.13).
Capítulo 6
El Cordero abrió uno de los sellos (Ap. 6.1).
Cuando el Cordero abrió el quinto sello (Ap. 6.9).
Vi cuando el Cordero abrió el sexto sello (Ap. 6.12).
Sobre el trono, y de la ira del Cordero (Ap. 6.16).
Capítulo 7
En presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas (Ap. 7.9).
Que está sentado en el trono, y al Cordero (Ap. 7.10).
Emblanquecidos en la sangre del Cordero (Ap. 7.14).
Porque el Cordero que está en medio del trono (Ap. 7.17).
Capítulo 8
Cuando abrió el séptimo sello (Ap. 8.1).
Capítulo 12
Ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero (Ap. 12.11).
Capítulo 13
Escritos en el libro de la vida del Cordero (Ap. 13.8).
Capítulo 14
He aquí el Cordero estaba en pie sobre el monte (Ap. 14.1).
Los que siguen al Cordero (Ap. 14.4).
Primicias para Dios y para el Cordero (Ap. 14.4).
Delante de los santos ángeles y del Cordero (Ap. 14.10).
Capítulo 15
El cántico del Cordero (Ap. 15.3).
Capítulo 17
Pelearán contra el Cordero (Ap. 17.14).
Y el Cordero los vencerá (Ap. 17.14).
Capítulo 19
Han llegado las bodas del Cordero (Ap. 19.7).
La cena de las bodas del Cordero (Ap. 19.9).
Capítulo 21
Te mostraré la desposada, la esposa del Cordero (Ap. 21.9).
Los doce nombres de los doce apóstoles del Cordero (Ap. 21.14).
Dios Todopoderoso y el Cordero (Ap. 21.22).
Y el Cordero es su lumbrera (Ap. 21.23).
Inscritos en el libro de la vida del Cordero (Ap. 21.27).
Capítulo 22
Del trono de Dios y del Cordero (Ap. 22.1).
El trono de Dios y del Cordero estará (Ap. 22.3).
Bienaventurados los que lavan sus ropas en la sangre del Cordero (Ap. 22.14).
Contrariamente a las herejías que niegan la divinidad de nuestro Señor Jesús, el Apocalipsis da testimonio de forma incuestionable de su divinidad. Él es divino, digno de toda adoración y alabanza, por los siglos de los siglos. (Ap. 5.9,12).
Atributos naturales
Infinitud (Ap. 20.11)
Unidad (Ap. 3.7; 1.8; 4.8)
Eternidad (Ap. 3.14; 13.8; 22.13)
Atributos activos
Omnipotencia (Ap. 1.8,18)
Omnipresencia (Ap. 2.1; 5.6)
Omnisciencia (Ap. 2.2,9,13,19,23)
Sabiduría (Ap. 5.12)
Soberanía (Ap. 11.15; 17.14)
Atributos morales
Santidad (Ap. 3.7)
Justicia (Ap. 19.11)
Fidelidad (Ap. 1.5; 19.11)
Amor (Ap. 1.5; 3.19)
Bondad (Ap. 3.10,18,19; 22.12)
Jesús es el personaje principal del libro de Apocalipsis. En él encontramos sus soberanas acciones. Él es el Principio y el Fin de todas las cosas (Ap. 21,6). Aquí está lo más destacado de algunos de sus poderosos hechos:
Comanda la Iglesia (Ap. 2 e 3).
Derrama su ira sobre la tierra (Ap. 6 a 18).
Asume el comando de los reinos del mundo (Ap. 11.15).
Derrota a Satanás y a todos y sus aliados (Ap. 20.7-10; 19.19-21).
Juzga a los impíos pecadores (Ap. 20.11-15).
Introduce a todas las criaturas en la eternidad (Ap. 21 e 22).
Hay en el libro de Apocalipsis, un destaque en ciertos números. Estos números tienen significados simbólicos que, al ser analizados, ayudan a comprender el significado del mensaje del texto.
Tríplice Bienaventuranza (Ap. 1.3)
La tercera parte de la tierra quemada (Ap. 8.7)
La tercera parte de los árboles (Ap. 8.7)
La tercera parte del mar (Ap. 8.8)
La tercera parte de los seres vivientes en el mar (Ap. 8.9)
La tercera parte de las naves (Ap. 8.9)
La tercera parte de los ríos (Ap. 8.10)
La tercera parte de las aguas (Ap. 8.11)
La tercera parte del sol, luna y estrellas (Ap. 8.12)
No hubiese luz en la tercera parte del día (Ap. 8.12)
Tres ayes (Ap. 8.13; 9.12)
La tercera parte de los hombres (Ap. 9.15)
Tres plagas (Ap. 9.18)
La tercera parte de las estrellas (Ap. 12.4)
Siete Espíritus (Ap. 1.4)
Siete Iglesias (Ap. 1.11)
Siete candeleros (Ap. 1.12)
Siete Estrellas (Ap. 1.16)
Siete Ángeles (Ap. 1.20; 8.2)
Siete Espíritus de Dios (Ap. 3.1)
Siete Lámparas de fuego (Ap. 4.5)
Siete Sellos (Ap. 5.1)
Siete Puntas (Ap. 5.6)
Siete Ojos (Ap. 5.6)
Siete Trompetas (Ap. 8.2)
Siete truenos (Ap. 10.3)
Siete Cabezas (Ap. 12.3)
Siete Diademas (Ap. 12.3)
Siete Copas (Ap. 17.1)
Siete Plagas (Ap. 15.1)
Siete Cuernos (Ap. 17)
Siete Salvas (copas) (Ap. 15.7)
Siete ángeles (Ap. 21.9)
Siete Montes (Ap. 17.9)
Siete Reyes (Ap. 17.10)
Doce Puertas (Ap. 21.12)
Doce Ángeles (Ap. 21.12)
Doce Tribus de Israel (Ap. 21.12)
Doce Fundamentos (Ap. 21.14)
Doce Apóstoles (Ap. 21.14)
Doce Mil Estadios (Ap. 21.16)
Doce Perlas (Ap. 21.21)
En Apocalipsis se registran algunos nombres y títulos atribuidos al Diablo. Las pocas menciones de su persona indican su limitación, su sujeción y derrota ante el Cordero que lo derrotó en todas las instancias.
Dragón Rojo (Ap. 12.9)
Serpiente Antigua (Ap. 12.9)
Diablo (Ap. 12.9)
Satanás (Ap. 12.9)
Acusador (Ap. 12.10)
Aleluya es una palabra hebrea “Hallelûyâh” o “Halleluya”, que significa: “Alabanza al Señor”. Es la suma de “Hallelû” que significa alaben, adoren, más “Yah” (Jah) que significa YAHWEH (Javé), el nombre de Dios en forma abreviada. Encontrada varias veces en el Antiguo Testamento en el libro de los Salmos. En los libros del Nuevo Testamento, ella solo aparece cuatro veces en el capítulo diecinueve del libro de Apocalipsis. (Ap. 19.1,3,4,6).
El único pasaje de las Sagradas Escrituras acerca de la resurrección de los muertos, que asegura que habrá un intervalo de mil años entre ellas, está registrado en el libro de Apocalipsis. Juan vio en su visión a los decapitados por el testimonio de Jesús y la Palabra de Dios; siendo resucitados y participando en el reino de Cristo. Mientras que los demás muertos permanecieron en su condición hasta que los mil años se acabaron. (Ap. 20.5,6).
Bruce Wilkinson y Kenneth Boa (2000) hacen una relación entre los libros de Génesis y Apocalipsis. Según los autores, Apocalipsis, como último libro del canon de las Escrituras, une los temas de la Biblia.
En cuadro a continuación, los autores presentan un cuadro comparativo entre estos libros que muestra un contraste entre los primeros y los últimos capítulos de la Biblia.
“En el principio creó Dios los cielos y la tierra” (1.1) / “Vi un cielo nuevo y una tierra nueva” (21.1)
“Y a las tinieblas llamó Noche” (1.5) / “No habrá noche” (21.25)
“Hizo Dios las dos grandes lumbreras (sol y luna)” (1.16) / “A la ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna” (21.23)
“El día que de él comieres, ciertamente morirás” (2.17) / “Y ya no habrá muerte” (21.4)
Satanás aparece como engañador (3.1) / Satanás desaparece para siempre (20.10)
Jardín con corrupción (3.6,7) / Ciudad sin corrupción (21.27)
Interrumpido el andar con Dios (3.8-10) / Restaurado el andar con Dios (21.3)
Triunfo inicial de la serpiente (3.13) / Triunfo final del Cordero (20.10; 22.3)
Dolores multiplicados (3.16) / No habrá dolor (21.4)
Maldición (3.17) / No habrá más maldición (22.3)
Dominio interrumpido (3.19) / Dominio restaurado (22.5)
Paraíso cerrado (3.23) / Paraíso abierto (21.25)
Prohibido acceso al árbol de vida (3.24) / Acceso restablecido (22.14)
Expulsados de la presencia de Dios (3.24) / “Verán su rostro” (22.4)
Apocalipsis 13.18 está escrito que el número de la bestia es 666. El significado de este número ha sido muy cuestionado por los estudiosos de la Biblia y son muchas las interpretaciones que surgen representando a los tres “6”, entre ellas la que se refiere al número de una profana trinidad. Muchos atribuyen su significado al emperador Nerón, quien simbolizaba la iniquidad del Imperio Romano, ya que las letras griegas del nombre Nerón representan números que suman 666. Cualquiera sea el significado o interpretación que se le atribuya a este número, “siempre simboliza el dominio mundial y la completa proporción (teor) de esa trinidad profana que tiene como objetivo destruir la obra de Cristo y derrotarlo”. (Biblia de Estudio y Aplicación Personal, CPAD, 1995).
Según la “Biblia de Aplicación Personal” (1995), “Los 144.000 representan a los creyentes que han sufrido persecuciones en la tierra y ahora están listos para disfrutar los beneficios y las bendiciones de la vida eterna con Dios”. Otra interpretación dice que los 144 mil son verdaderos y solamente judíos fieles que provienen de todas las tribus de Israel. Lo importante aquí no es discutir cuál de las dos interpretaciones es la correcta, sino prestar atención al hecho de que los 144 mil no representan un número exacto de fieles a Dios, sino que representan una simbología.
La interpretación del mensaje divino del Apocalipsis para nosotros es algo grandioso. Se nos insta a escuchar “lo que el Espíritu dice”, según los capítulos 2 y 3 de Apocalipsis. Por tanto, estemos atentos al contenido de las visiones que se presentan en este libro, porque son nada menos que la “Revelación de Jesucristo” (Ap. 1.1). El hecho es que nuestro Señor Jesucristo viene. Y nuestra victoria es segura. ¡Maranata!