TIERRA QUEMADA


 

F. Javier Blasco, coronel (r)

7 de noviembre de 2026

 

 

La estrategia o táctica -según el alcance y la amplitud de las situaciones- empleada en muchas de las causas bélicas conocida o denominada como ‘tierra quemada’, es algo bastante común, aunque a veces no lo parezca y muy antigua además; tanto, como ellas mismas.

El objetivo perseguido por el que la lleva a cabo o ejecuta es muy simple amén que maligno a la vez; consiste, en evitar que el atacante que invade o recupera el territorio que ahora ocupamos, cuando llegue a él no pueda emplear cualquier recurso sobre dicho terreno; recursos, que le sean necesarios para alimentar su propia batalla. Así, sin ningún miramiento, se procede al quemando o destrucción de la propia vegetación o las cosechas todavía en los campos o ya almacenadas; la desaparición o muerte de los animales que favorezcan la alimentación de las personas, la destrucción o inutilización grave de infraestructuras tales como los depósitos de munición o combustibles, albergues o cuidades enteras en su mayor parte, así como las líneas y medios de ferrocarril o transporte urbano, carreteras, puentes, puertos o aeropuertos y hasta  el anegado, si fuera posible, de la totalidad o gran parte del territorio con aguas saladas o dulces, según los casos.

Aquel que llega a una gran extensión en tales condiciones, forzosamente deberá parar su impulso de avance para recuperar el necesario y preciso aliento y se verá obligado a traer de su retaguardia la mayoría o la totalidad de los recursos mínimos que precise para poder seguir adelante. Estos retrasos y disminución de capacidades mínimas en lo que se conoce como la explotación de recursos locales, sin duda, ofrecerán un tiempo más o menos preciso para que, el que procedió a dicha operación de tierra quemada pueda organizarse con el suficiente tiempo y espacio en un número determinado de kilómetros más adelante y preparar su defensa sobre un terreno más favorable o con mejores condiciones.

Estas operaciones, aparentemente fructíferas, adolecen de un fallo o pega muy grave que consiste en que, si por la razón que fuera, las operaciones dieran posteriormente un giro favorable para el que se retira y puedan cambiar de sentido, cuando de nuevo llegue a recuperar el terreno desbastado previamente por sí mismo, no podrá usarlo durante un gran periodo de tiempo y se vuelvan contra él las tornas, por lo que se verá obligado a sufrir en sus carnes las mismas graves consecuencias pretendidas en su día para el contrario.

Por lo tanto, es una maniobra que no debe ser empleada salvo en los casos desesperados, cuando se tenga el convencimiento de que la guerra y no la batalla, está perdida y lo que realmente se pretende es que el invasor o nuevo inquilino del territorio deba invertir mucho tiempo y dinero para poder hacer aquello más o menos fructífero. También puede ocurrir que el que dirige la guerra de evasión o desbandada, por razones muy espurias, no tenga en consideración el sufrimiento que pueda ocasionar a su pueblo, si con esta espuria maniobra consigue hacerse con la victoria final o tan solo pretende mantenerse en el poder el mayor tiempo que le sea posible, pese a quien le pese.

Toda esta larga introducción deberá servir de explicación de lo que ocurre en España. De forma constante, progresiva más o menos oculta inicialmente y muy descarada en los últimos años, ha servido para que todas, sin excepción, de las organizaciones estatales necesarias incluidas un importante parte de la jurídicas y legislativas, las infraestructuras terrestres, ferroviarias y en cierto modo las marítimas, el desarrollo agropecuario y el estado de seguridad o funcionamiento de los aeropuertos. Hecho que ha sido el responsable de que hayan ido perdiendo todo o gran parte de su valor. Todas ellas, han sido monitorizadas hasta el extremo máximo o totalmente absorbidas políticamente al llenarlas de muchos cargos de partido en contraposición con los más que necesarios técnicos que tradicionalmente venían y deben siempre ocuparlos.

Quedan muy pocos elementos estatales e incluso particulares, como empresas de gran capacidad económica y prestigio internacional, medios de comunicación y elementos de inversión que no estén contagiados o echados a perder por las manazas del gobierno a base de imponerles directivos sin formación, ansiosos de poder, grandes y desorbitados sueldos, impensables prebendas, en constante búsqueda de importantes mordidas, blindajes salariales a pesar de graves circunstancias, extralimitados incrementos de su patrimonio urbanístico de en dinero en blanco o en B que les espera placenteramente en tierras o paraísos fiscales más o menos lejanos a que puedan ser recogidos por ellos, sus familiares directos o los conocidos como ‘amigos del alma o testaferros’ que les acompañaron o protegieron en sus andaduras y desmanes a lo largo y ancho de nuestra querida España.

Tras tres años sin presupuestos con la imposición de cientos de Decretos para poder mover el dinero de un lado para otro sin dejar huella ni ser fiscalizado -un dinero que no es ninguna bagatela, sino miles de millones llovidos de la UE como si del cielo vinieran o a base de exprimir los bolsillos de los ciudadanos- han logrado hacer imposible la vida del ciudadano a la hora de hacer la compra para echarse algo de comer o cuando, para independizarse de sus allegados con más de treinta años, pretende encontrar un techo en un mercado cada vez más tensionado e imposible para determinados sectores que, a diferencia de sus progenitores y otros ancestros, difícilmente o nunca lo lograrán. A toda esta miseria por capas sociales y edades, hay que añadir otro gran regalo que consiste en el ‘nivelazo’ del bagaje cultural de nuestros jóvenes estudiante, que hoy en día se encuentra a la cola de toda Europa.

Si, con toda crudeza y en voz alta y serena me atrevo a decir que tras esta lacra política que nos ha gobernado de forma ácrata o dictatorial  durante ocho años, el gobierno junto a sus socios y aquellos partidos separatistas o filo terroristas que le sustentan, han llevado a España a una situación de tierra quemada, en medio además, de varias interminables y cruentas guerras que repercuten en Europa, una crisis económica y energética mundial mientras, su única forma de sobrevivir en el poder es seguir alimentando a las huestes con dadivas o prebendas que se cobran por no hacer nada, salvo votarles a ellos, que  no se corresponden con la realidad y que cada vez son más cercanas al salario mínimo interprofesional, que por cierto lo cobran millones de españoles, aquellos que si trabajan largas y duras jornadas a sabiendas de que no les vale de nada porque muy pocas de sus necesidades mínimas lograrán alcanzar.

Todo apunta que el nuevo posible inquilino al mando del territorio patrio, mantendrá una política diferente; pero, mucho me temo que no contará ni con el tiempo ni con los recursos necesarios y suficientes para darle la vuelta a tortilla y cuando los responsables de este crimen o traición nacional puedan recuperar las riendas del gobierno, por aquello de la memoria de pez nacional, verán y sufrirán todavía las secuelas de su nefasta política, porque España realmente tardará bastantes lustros en recuperar sus capacidades, tradiciones y prestigio.

Es lo que tiene de malo emplear la estrategia de la tierra quemada, porque la nación en juego queda cuasi arrasada y suele tardar mucho tiempo en recuperar su esplendor; máxime, si no cuenta con una importante ayuda externa, cosa que por nuestras últimas relaciones internacionales y la situación ya dibujada en la que vive el mundo no parece que haya muchos dispuestos ni preparados a llamar a la puerta de nuestra casa. Hemos engañado y despreciado a todos los cercanos allegados y lejanos durante mucho tiempo y eso tiene y trae muy graves consecuencias.