ASGHAR FARHADI

28 de enero de 2017

Con once películas en solo quince años, se puede afirmar que Asghar Farhadi es ya uno de los directores más importantes del mundo y el mayor realizador iraní desde el genial Abbas Kiarostami, recientemente fallecido. Su película Separación, que arrasó con cuanto premio se otorgó en 2011, entre ellos el Oscar y el Globo de Oro vambos a la mejor película extranjera, fue una revelación para Occidente sobre cómo ese Irán estigmatizado cada día se parece más a nosotros, además de maravillar con guion digno del mejor Ingmar Bergman, dirección impecable y cuatro actuaciones prominentes entre las que sobresale la de la hija del director, Sarina Farhadi de profunda intensidad, que le valió el Oso de Plata a Mejor Actriz en el Festival Internacional de Cine de Berlín.

Farhadi empieza ya a caer, sin embargo, en ese tedio del que no estuvieron exentos directores geniales como Bergman o Scorsese: la repetición temática y estilística; lo hizo Scorsese con Goodfellas, Casino, The Departed y The Wolf of Wall Street; Bergman con Gritos y Susurros y Sonata de Otoño; y empieza a hacerlo Farhadi con Separación y sus más recientes films, también muy galardonados, El Pasado y El Cliente. Los temas y personajes recurrentes no tendrían nada de objetable si dos películas o personajes no se parecieran tanto. Por separado, Tommy (Goodfellas) y Nicky (Casino) ambos interpretados por Joe Pesci son villanos incomparables, pero en la obra de Scorsese constituyen una innecesaria repetición, como lo son Hodjat y Emad, los personajes interpretados por Shahab Hosseini en Separación y El Cliente, respectivamente; o los personajes femeninos de Razieh (Sareh Bayat) y Rana (Taraneh Alidoosti) en las mismas películas.

Espero ver, pues, en años venideros, a un Farhadi reinventado que haya dejado de lado la conmoción que la instauración del divorcio ha comportado para la sociedad iraní, o que haya cambiado su perspectiva de la violencia entre familias iraníes por cuestiones domésticas. Creo que es un director que a sus escasos 45 años aún tiene mucho que decirle a Occidente sobre la cultura iraní, heredera de la rica y milenaria civilización persa.