SHI’ÚR 1


INTRODUCCIÓN

EL VALOR DEL TIEMPO

El tiempo de un esclavo no le pertenece a él mismo. Cuando el pueblo judío se encontraba esclavizado en Egipto, sus amos podían decidir de qué manera debían utilizar su tiempo. Los egipcios los obligaban a trabajar durante todas las horas del día y de la noche. Su tiempo nunca les pertenecía. Como esclavos, no tenían elección respecto a la manera en la cual utilizar las horas y los minutos que conformaban sus vidas.

Entonces llegó el éxodo en Pésaj y de repente, fueron libres. Ahora el tiempo les pertenecía. Y recibieron un nuevo mandamiento de contar los días hasta Shavu’ót, cuando recibirían la Toráh. ¿Cuál era el significado de esta cuenta? Al contar cada día por separado, la persona comprende qué valioso es cada día. Un día que transcurre sin ser utilizado para lograr cosas significativas, es un día que se ha desaprovechado, un día que nunca regresará. Y cada día es igualmente significativo, cargado con el mismo potencial. Cuando la persona cuenta los días del Ómer y ve que los números van subiendo más y más alto, debe comprender algo escalofriante: El tiempo está pasando, las horas de su vida van transcurriendo, y ella debe recolectar sus logros y asegurarse de estar aprovechando cada día al máximo.

La mitzváh de contar el Ómer debe recordarnos que los días de nuestra vida van pasando, y que debemos aprovechar cada día y llenarlo de significado antes de que éste se acabe.

Dice Tehilím (Salmos) 90:12 lo siguiente:

«Enséñanos a contar de tal modo nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría.»


LA OFRENDA DEL ÓMER

El período del Ómer deriva su nombre de una ofrenda especial que se llevaba al Bet HaMiqdásh (Sagrado Templo) de Jerusalem. Antes de que se pudieran comer los granos nuevos de trigo, avena, cebada, centeno y espelta, debía ofrecerse en el Sagrado Templo el segundo día de Pésaj el equivalente al valor de la porción de un día de harina de cebada (por persona).

Esta ofrenda de harina de cebada es conocida como la ofrenda del Ómer. (En la actualidad, como no tenemos el Sagrado Templo, está permitido comer los granos nuevos después de concluir el segundo día de Pésaj).

LA FUENTE DE LA TORÁH

Vayiqrá (Levítico) 23:9-11 – La ofrenda del Ómer al comienzo de la nueva cosecha.

«Dios habló a Moshéh diciendo: Habla a los Hijos de Israel y diles: Cuando lleguen a la Tierra que prometí darles y recojan la cosecha, traerán un Ómer de los primeros frutos al Kohén. Él alzará el Ómer delante de Dios para que sea aceptado; el Kohén lo hará el día siguiente al Shabát (el primer día de Pésaj)».

EL MENSAJE DE LA OFRENDA DEL ÓMER

Los servicios de los sacrificios en el Templo están cargados de sentido y significado. ¿Qué lecciones podemos aprender a partir de la ofrenda del Ómer?

Jizkuní, Vayiqrá 23:10 – demostrarle a Dios agradecimiento por la cosecha.

No sería correcto comer de la nueva cosecha sin llevar una porción de la misma como un regalo de agradecimiento a Dios.

¿A qué comportamiento correcto se refiere el Jizkuní? Un principio fundamental de la Toráh es que todo lo que tenemos, nuestros ingresos y nuestra prosperidad, vienen de Dios. Al comienzo de la cosecha anual, cuando literalmente comenzamos a recoger los frutos de nuestro trabajo, la Toráh nos obliga a llevar una ofrenda de agradecimiento a Dios, para reconocer que todo el grano que se produjo en nuestro campo es en verdad un regalo de Dios.

Vayiqrá Rabáh 28:1 – El Ómer manifiesta agradecimiento a Dios por proveernos los cultivos.

Rabí Yanái dijo: «Lo normal en el mundo es que cuando alguien compra carne en el mercado deba dedicar mucho esfuerzo y trabajo hasta que la cocina. Sin embargo, mientras las personas están durmiendo Dios hace soplar el viento y trae las nubes, que provocan que crezcan las plantas y que las frutas se nutran, y nosotros sólo le pagamos a Él el valor de un Ómer. Éste es el significado del versículo: Traerán un Ómer de los primeros frutos (de la cosecha) al Kohén».

Sifté Jaím, Volumen 3, página 40 – El propósito del Ómer es reconocer que todo viene de Dios.

Para que la persona no vaya a pensar (Jas veshalóm – que Dios no lo permita) que «mi fuerza y el poder de mi mano», es decir, para que no piense: «Yo soy quien aró la tierra y sembró y ahora estoy cosechando el fruto de mi trabajo. ¡Yo soy el que produjo el grano!». Por ello la Toráh le enseña que no lo hizo con su propia fuerza, sino que fue Dios quien le otorgó manutención y que todo viene de Él. ¿De qué manera se transmite esta lección? A través del hecho de darle a Dios la primera y la más valiosa porción del grano. De esta manera admitimos que todo viene de Dios. Cuando conectamos la primera porción [con Dios], esa primera porción se refleja en todas las otras porciones y todo queda santificado.

Puesto que Dios es la Fuente de todo lo que tenemos, necesariamente debemos utilizar todas nuestras posesiones a Su servicio. De hecho, cada detalle del servicio del Ómer simboliza este punto, que solamente a través del reconocimiento de Dios como el centro de nuestra existencia nuestras vidas pueden volverse significativas y plenas.

Rav Samson Rafael Hirsch, Vayiqrá 23:10 – nuestra prosperidad y alegría en la vida halla dirección y significado dentro del contexto de Dios y la Toráh.

Cuando hayan obtenido no sólo libertad, sino también independencia nacional como consecuencia de poseer su propia tierra, y corten el producto de la tierra, tomarán aquello que la tierra ha producido como posesión personal, entonces lleven el primer Ómer que cortaron, es decir, la cantidad correspondiente a la comida de un día, al Kohén, el representante en el Santuario de Dios. Esta siega corresponde a la verdadera cosecha de la tierra: Trigo, cebada, avena, centeno y espelta. Este Ómer que se lleva es de cebada, que es el grano que madura más temprano.

Al Ómer se le agrega la ley de alzarlo y sacudirlo, lo cual consiste en movimientos horizontales en las cuatro direcciones, seguido por movimientos hacia arriba y hacia abajo. Mediante el procedimiento de sacudir, la nutrición material (la harina), el bienestar personal (el aceite) y la satisfacción mental con la vida (el incienso), todos los cuales están representados en el Ómer, son despojados de todo pensamiento egoísta. [Representado por nuestra entrega de la ofrenda del Ómer al Kohén quien la sacude, ver Vayiqrá 23:10-11].

Entonces este símbolo de nuestra existencia en esta tierra, con toda su prosperidad y alegría de vivir, se coloca en el Sagrado Templo para reconocer que sólo a través de la influencia de las leyes de la Toráh podemos desarrollar nuestra entrega a la comunidad y a Dios.

RESUMEN DEL SHI’ÚR 1

*La Toráh nos ordena ofrecer una ofrenda de cebada el segundo día de Pésaj. Esta ofrenda, llamada el Ómer, tiene el objetivo de inculcar dentro de nosotros la conciencia de que Dios es la fuente de nuestra prosperidad y de todo lo que tenemos.

El procedimiento de la ofrenda del Ómer simboliza el hecho de que solamente podemos lograr sentido y plenitud en nuestras vidas dedicando todos nuestros emprendimientos en este mundo al servicio de Dios.

Lehitra’ót! 🙋🏻