Resumen de la Parasháh
La Toráh asigna con exactitud las distintas tareas relacionadas con el Mishkán (Tabernáculo) que habrán de llevar a cabo los hijos de Gershón, Kehát y Merarí, los Bené Leví (Hijos de Leví). Se lleva a cabo un censo que revela que hay más de 8.000 hombres aptos para ese servicio.
Todos los que se hallan ritualmente impuros deben ser enviados fuera del campamento.
Si una persona confiesa que retuvo ilegalmente la propiedad de su prójimo, tras haber jurado lo contrario en la corte, debe pagar una quinta parte adicional del precio base del objeto, y debe llevar una ofrenda de culpa para expiar su transgresión. En el caso de que el demandante haya fallecido sin dejar herederos, el pago deberá efectuarse a un kohén (sacerdote).
En ciertas circunstancias, el marido que sospecha que su mujer le ha sido infiel, la lleva ante un kohén. Éste prepara una bebida de agua mezclada con un cierto polvo y una tintura especial que se utilizaba para escribir el Nombre de HaShém en un pergamino. Si la "sotá" es en verdad inocente, el brebaje no le hace ningún daño, y hasta es bendecida con hijos. Pero si es culpable, sufre una muerte sobrenatural.
El nazír es la persona que, en forma voluntaria, hace votos de dedicarse por completo a HaShém durante un lapso específico de tiempo. Tiene la obligación de abstenerse de todos los productos de la vid, de dejarse crecer el pelo, y de evitar todo contacto con cadáveres. Al final de dicho lapso, se rasura la cabeza y lleva ofrendas especiales al Sagrado Templo, antes de retomar una vida normal. Si no completa debidamente su cuenta, tiene que empezar a contar de nuevo, después de afeitarse y llevar la ofrenda al Sagrado Templo.
Los kohaním tienen la obligación de bendecir al pueblo. Se completa el Mishkán y se dedica el primer día de Nisán del segundo año después de la salida de Egipto. Los Príncipes de cada tribu hacen un regalo comunitario para ayudar a transportar el Mishkán, además de ofrecer donaciones individuales de oro, plata y ofrendas animales y vegetales.}
Comentario a la Parasháh
"Que HaShém te bendiga y te proteja" – Bemidbár 6:24
Había una vez un rey que tenía un amigo muy querido que vivía en Siria. El rey quiso honrar a su amigo y lo convocó a su palacio, situado en Roma. El rey lo agasajó con gran majestuosidad y le entregó cien piezas de oro puro para que llevara de regreso a su país.
En el camino de regreso, el amigo del rey fue atacado por una banda de asaltantes que le robaron no solamente las cien piezas de oro, sino todos los otros bienes que poseía.
Los reyes de carne y hueso podrán hacer regalos de gran extravagancia, pero no tienen forma de garantizar que sus bendiciones permanezcan siempre en manos de quien las recibió.
Pero cuando es HaShém quien nos bendice, Él sí tiene el poder, no solamente de bendecirnos, sino también de conservar y proteger la bendición, para que ésta permanezca siempre junto a nosotros. A prueba de ladrones.
Ese es el significado más simple del versículo "Que HaShém te bendiga y proteja", esa es bendición para que no se pierda. ¡Ni la más sofisticada caja fuerte podrá ofrecernos la misma garantía!
"El hombre o la mujer que hiciere un voto de nazír de abstinencia por amor a HaShém..." – Bemidbár 6:2
Los tres mundos.
Existen tres mundos que se pueden impurificar:
El pensamiento, el acto y el habla.
La parasháh de esta semana trata del nazír. El nazír, quien busca purificarse y acercarse a HaShém, se abstiene de tres cosas: Cortarse el pelo, beber vino y quedar tamé (impuro ritualmente a través del contacto con un cadáver).
Estas tres separaciones vienen a corregir faltas en los tres mundos: El pensamiento, el acto y el habla
El pensamiento: El pelo crece de la cabeza, que es donde se asienta el pensamiento. Por eso, el cortarse el pelo simboliza corregir las imperfecciones de la esfera del pensamiento.
La acción: La tumá corresponde a la esfera de la acción. La principal fuente de tumá resulta del contacto con un cadáver, pues antes de la muerte, el cuerpo es el resumen de la vida y de la acción.
El habla: El vino representa la función del habla. De allí proviene la frase que dice: 'Donde entra el vino, sale el secreto'. Los secretos se comunican por medio de palabras. Por medio del habla. La corrección de la esfera del habla se efectúa por medio de la abstinencia del vino. En correspondencia a estos tres mundos están los tres qorbanót (ofrendas): Oláh (ofrenda de holocausto), Jatát (ofrenda por el pecado) y Shlamím (ofrendas de paz). El Oláh corrige las faltas del pensamiento; el Jatát corrige las faltas de la acción, y el Shlamím corrige las faltas del habla.
El habla combina pensamiento y acción, cuerpo y alma.
El habla es la síntesis de lo material y lo inmaterial.
Pues sin pensamiento no puede haber habla, y sin el movimiento y la posición determinada de los labios no puede haber emisión de palabras.
Fijémonos un instante en el Shlamím:
La palabra Shlamím proviene de la misma raíz que la palabra shalóm, que significa "condición de ser completo, perfecto". La unificación de todas las partes en un todo.
Así como el habla es la unificación del pensamiento y la acción, el Shlamím unificaba tres elementos de la ofrenda:
1- El mizbéaj (altar)
2- El Kohén que ofrenda el sacrificio, y
3- La persona que trae la ofrenda.
¿De qué modo el Shlamím unificaba estos tres elementos?
Parte de la ofrenda de Shlamím se colocaba en el mizbéaj. Otra parte la comía el Kohén, y la tercera parte la comía el ofrendante. Por consiguiente, el Shlamím unificaba todas las partes del servicio del Bet HaMiqdásh (Sagrado Templo), así como el habla une el pensamiento y la acción.
Es muy interesante que, de los tres Avót (Patriarcas), solamente Ya’aqóv trajo Shlamím. ¿Por qué?
Ya’aqóv es la síntesis de Avrahám e Itzjáq. Y así como el Shlamím corresponde al habla, que es la síntesis del pensamiento y la acción, Ya’aqóv era la síntesis de sus dos predecesores. Y lo más interesante de todo, es que el Midrásh cuenta que Ya’aqóv jamás pronunció una palabra en vano. Él es símbolo y resumen del atributo del habla, y necesariamente, debía traer shalóm entre Israel y su Padre Celestial.
Del mismo modo, vemos que el Shlamím no se trajo antes de la entrega de la Toráh, pues únicamente a través de los Diez Mandamientos (o, literalmente, las Diez "emisiones de habla") se nos capacitó para presentar la ofrenda de Shlamím.
ALGO MÁS.
Parashát Nasó es la parasháh más extensa de todo el año. Contiene 176 versículos, que es precisamente la misma cantidad de versículos que contiene la parasháh más larga de (Profetas y Escritos). Y 176 es también la cantidad de páginas que contiene el Tratado más largo del Talmud de Babilonia, el Tratado Bavá Batrá.
Parashát Nasó es tema de un vasto número de Midrashím, y en el Zóhar aparece explicada en gran detalle. Más que cualquier otra parasháh.
¿A qué se debe toda esta grandeza?
Parashát Nasó casi siempre cae después del Shabát que viene con posterioridad a la fiesta de Shavu’ót, que es el momento de la entrega de la Toráh. Por eso, en la semana que sigue a la entrega de la Toráh, nuestros Sabios corporizaron todo ese enorme entusiasmo y amor a la Toráh agrandando y ampliando la parasháh que llega tras su entrega.
Haftaráh
Shoftím (Jueces) 3:2-25
Shimshón (Sansón) es el nazír más famoso de todo el Tanáj. La parasháh de esta semana, que describe las leyes del nazír está complementada por la historia del nacimiento de Shimshón.
"El ángel de HaShém le dijo: '¿Por qué preguntas por mi nombre? Es oculto'" – Shoftím 13:18
Cuanto más buscamos la esencia del ángel de la santidad, preguntando cómo se llama, más nos elude y más se oculta.
Sin embargo, cuando Ya’aqóv le preguntó al ángel de Esáv, que era el resumen del yétzer hará (la mala inclinación), cómo se llamaba, él también le respondió: "¿Por qué preguntas por mi nombre?"
La diferencia entre estas dos instancias es que el ángel de la santidad sí tiene un nombre, sólo que éste está oculto, mientras que el yétzer hará no tiene ningún nombre, pues el yétzer hará posee substancia únicamente cuando no preguntamos quién es en verdad.
Pero si alguien examinara, por así decirlo, y el "documento de identidad" del yétzer hará, se daría cuenta de que no posee substancia alguna y, por lo tanto, no tiene nombre.
Lehitra’ót! 🙋🏻♂️