PARASHÁT VAYÉSHEV
(Porción "Y -Él- Habitó")
Bereshít 37:1 - 40:23
Haftaráh: Zejaryáh (Zacarías) 2:14 - 4:7
Resumen de la Parasháh
Ya’aqóv Avínu (Jacob nuestro Patriarca) se estableció en la tierra de Kená’an (Canaán). Su hijo favorito, Yoséf (José), le da información negativa sobre sus hermanos. Ya’aqóv confecciona una túnica multicolor para su hijo Yoséf.
Yoséf irrita a sus hermanos al contarles sus sueños proféticos, Yoséf sueña que todas las gavillas de trigo se inclinan frente a su gavilla, y que el Sol y la Luna le hacen reverencias, estos sueños significan que su familia le reconocerá como Rey.
Los hermanos juzgan a Yoséf y le condenan a muerte. Cuando Yoséf llega a Shejém, los hermanos, siguiendo el consejo de Re’uvén (Rubén), deciden echarle a un pozo en vez de matarle.
Yehudáh (Judá) convence a los hermanos a sacarlo del pozo y a venderlo a una caravana de ishma’elím (ismaelitas) que estaba pasando por el lugar en ese momento. Cuando Re’uvén vuelve y encuentra el pozo vacío, se rasga las vestiduras. Los hermanos remojan la túnica de Yoséf en la sangre de un cabrito y se la enseñan a su padre Ya’aqóv, quien cree que su hijo ha sido devorado por animales salvajes. Ya’aqóv queda totalmente desconsolado.
Mientras tanto, los ishma’elím venden a Yoséf como esclavo a Potifar, El jefe de carniceros del Par’óh (Faraón).
El hijo de Yehudáh, Er, muere como castigo a causa de impedir a su mujer Tamár de quedar embarazada, porque no quería que Tamár perdiera su belleza dando a luz.
Entonces, según la ley de Levirato, el segundo hijo de Yehudáh, Onán, se casa con Tamár, y también él muere en circunstancias parecidas a las de su hermano. Cuando la esposa de Yehudáh muere, Tamár decide tener hijos a través de él, porque de esta unión empezaría la dinastía davídica, culminando en el Mesías.
Mientras tanto, Yoséf asciende de posición en la casa de su amo. La mujer de Potifar se siente atraída por la belleza física de Yoséf, y al no ser correspondida acusa falsamente a Yoséf de intento de violación, y le echan al calabozo.
En la prisión, Yoséf predice con éxito los sueños de dos de los sirvientes del Faraón. Al copero le predice que va a volver a Palacio, y al panadero le predice que le van a colgar. A pesar de las promesas del copero, de que va a mencionar el nombre de Yoséf ante Faraón, al llegar a palacio se olvida de él, y Yoséf sigue sufriendo en prisión.
Comentarios a la Parasháh
“Yoséf, a la edad de diecisiete... pero él, un joven todavía” (37:2)
¿Os habéis dado cuenta de que cuanta más edad tenemos, más rápido pasan las cosas? Parecería que los cumpleaños llegan cada ocho meses. Cada año que pasa, Pésaj se nota más cerca de Sukót. Parece como si nuestra percepción del tiempo fuera proporcional a nuestros años.
Cuando uno es joven, un día dura una eternidad, y una semana está más allá de todo cálculo. Es muy difícil decirles a los niños que tengan paciencia, porque para ellos el tiempo posee una realidad totalmente diferente.
El Sabio Rashí comenta acerca del versículo citado que ser “un joven” significa que Yoséf “se arreglaba el pelo”.
¿Acaso es posible que Yoséf hiciera algo tan vano? Tal vez Rashí esté apuntando a un concepto más profundo.
El rey tiene la obligación de cortarse el pelo todos los días, para mantener la dignidad de su rango. Yoséf sabía, a través de la profecía, que un día sería rey, y en la impaciencia de la juventud, no podía aguardar a que la profecía se materializara, por lo que, mientras tanto, “se arreglaba el pelo”, tratando, por así decirlo, de acercar el momento del reinado, haciendo lo que suele hacer el rey.
Y cuando se transforma en rey de Mitzráim (Egipto), no es él el quien se corta el pelo, sino que se lo cortan otros.
Por más que tratemos de forzar las cosas en nuestra impaciencia, cada cosa tiene su tiempo y su lugar, y su estación bajo el Cielo.
“...y Yoséf traía malos informes de ellos (sus hermanos) a su padre” (37:2)
¿Cómo es posible que Yoséf hubiera hablado lashón hará (lit. “mala lengua”) de sus hermanos?
Cuando un padre mira a sus hijos y comenta que uno de ellos es un niño ejemplar, eso necesariamente hace que los demás hijos se amolden a ese modelo. Y cuando no estén a la altura del modelo, se los considerará deficientes.
“¡Por qué no te comportas como tu hermano!” No es que Yoséf hablara mal de sus hermanos, sino que su propia excelencia era como una acusación silenciosa contra ellos. Porque por más rectos que fueran sus hermanos, en términos comparativos no se encontraban al nivel de Yoséf.
Y las comparaciones siempre hacen que los otros parezcan ineptos.
Al lado del Monte Éverest en el Himalaya, el Nevado Aconcagua en los Andes queda chico. Pero entonces, si Yoséf no los acusó realmente, ¿por qué fue castigado?
Cuanto más tzadíq (justa) es la persona, mayor es su obligación de ocultarlo, incluso ante su padre.
Lehitra'ót!